ÉGLOGA V
Gabriel Michel Padilla
Dos pastores, Mopso y Menalcas se encuentran e intercambian sus cantos sobre Dafnis
Mopso
Muerto Dafnis, ¡Qué llanto el de las Ninfas!,
-a fin cruel… – Fontanas y avellanos,
testigos sois de su angustioso duelo,
cuando abrazada a los despojos fúnebres,
del hijo revolvíase la madre
duros llamando al cielo y a los dioses.
Nadie eso días, Dafnis, a los bueyes
llevó del pasto a las corrientes frías;
ni en la fuente tocaron los ganados
ni en el tierno gramal. Tu muerte oh Dafnis,
lamentaron los púnicos leones
con bramidos que oyeron monte y selva.
Dafnis fue quien al carro unció el primero
tigres de Armenia; Dafnis quien las danzas
introdujo de Baco en que se enrosca
la hiedra tierna en los flexibles tirsos (varas flexibles)
Lo que en el arbolado son las vides
y en la vid el racimo, y en el toro
es la grey, y la mies en los barbechos
en tu grey eres tú: tú eres la gloria.
Más desde que los hados te llevaron,
Pales y el mismo Apolo en las campiñas
ya no quieren morar; y muchas veces
en surcos que sembramos con cebada
de escogida simiente, lo que brota
es el joyo infeliz de la ballueca.
Donde crecieron violas y narcisos
de purpurina franja, sólo nacen
cardos y cambroneras punzadoras.
Sembrad el suelo de hojas de verdura,
las fuentes entoldad: Dafnis lo pide.
Y un monumento alzad, y sobre el túmulo
Grabad esta inscripción: DESDE LAS SELVA
DAFNIS AL CIELO SUBLIMÉ MI NOMBRE:
BELLA MI GREY, MAYOR BELDAD YO MISMO.
Menalcas
Oh divino poeta, igual tu canto
al sueño del viandante en los hierbales,
o al gusto de apagar cuando el sol quema
la sed al filo de un raudal bullente.
Voz y tañido emulan ya al maestro:
Deslumbrador, la entrada del Olimpo,
con subes y astros a sus pies admira
embelesado Dafnis. Se desborda.
Candidus insuetum miratur limen Olympi
Sub pedibusque videt nubes et sidera Dafnis.
Mopso
Oh, ¿qué te puedo dar por ese canto?
pues ni el silbo de brisa volandera,
ni el fragor de las olas en la orilla,
tanto me alegran ni el sonar del río
que por riscoso valle al mar se lanza.
Menalcas
Yo regalarte quiero esta zampoña.
En ella, CORIDÓN AL BELLO ALEXIS
canté con gusto yo y también en ella:
EL REBAÑO DE QUIÉN, DE MELIBEO?
Mopso
Tú llévate Menalcas el cayado
que tantas veces he negado a Antígenes,
y eso que eran tan digno de cariño.
Mira que lindos los parejos nudos
con su precioso regatón de bronce.
Nota: Dafnis, en una acepción, es hijo de Hermes y una ninfa siciliana. El primer pastor-poeta del mundo. Inventó la canción bucólica. Fue cegado por una ninfa celosa porque no le fue fiel. En esta égloga, Virgilio lo usa como figura de alguien que acaba de morir asesinado. Se entiende que a Julio César. Para la poesía poco importa: Dafnis es el poeta mismo. El que muere y, por su canto, se vuelve estrella y sigue protegiendo su valle. De ahí el inmortal hexámetro: Daphnis ego in silvis, hinc usque ad sidera notus. “Yo soy Dafnis, conocido en los bosques de aquí hasta las estrellas”.




