El agua en la diversidad

Marcha contra el agua sucia en Jalisco. Foto: Francisco Guasco, EFE.

Hace 16 años en Temacapulín, Jalisco, se celebró el III Encuentro Internacional contra las Presas y sus Aliados: una experiencia en la toma de conciencia sobre el agua a nivel mundial donde la sede fue México. En aquellos días, el lema fue: “Los ojos del mundo están puestos en Temaca”. Si usted googlea, como dicen los ciudadanos modernos, descubrirá los alcances de ese encuentro que apenas hace un año se repitió en Belém de Pará, Brasil, y en el cual hubo participación de Jalisco y otros estados de la República Mexicana para urgir a la unidad mundial en temas de agua y crisis climática: “Pueblos del mundo, uníos”.

Y a propósito de dimensiones internacionales, este fin de semana pasado hemos presenciado la Feria Internacional del Huevo en la cabecera municipal de Tepatitlán. Sin duda, todos sabemos que en los Altos de Jalisco se producen 965 huevos por segundo. Y para abundar en el tema, grandes empresas avícolas patrocinan esta gran fiesta gastronómica, económica, política, académica, cultural, deportiva, artística y muy creativa, por cierto. Se integran a esta experiencia el Centro Universitario de los Altos (U de G), las autoridades municipales y miles de familias.

En esta ocasión, del 9 al 11 de octubre, se incorporaron los efectos meteorológicos del huracán Simón. La mayor parte del tiempo estuvo fresco y lluvioso. Sin embargo, el corazón y la mente de los organizadores y participantes hicieron uso de los paraguas y las soluciones extraordinarias para que una fiesta ya tradicional fuera exitosa.

Claro está que, en temas medioambientales, habría que revisar la producción de huevo de manera intensiva en una región con poca agua, donde se debe extraer de pozos cada vez más profundos, de entre los 200 y 400 metros, dependiendo de si es en Altos Norte o Altos Sur.

Pero mientras el domingo 11 hay fiesta con “muchos huevos” en Tepatitlán de Morelos, en Guadalajara cerca de diez mil personas se organizan para exigir “agua saludable”. Y hay que hacer un reconocimiento para quienes salieron a la calle y llegaron a la Minerva para emprender una manifestación pacífica. Claro que no por ser pacífica debe ser en silencio. La ciudad está cansada del silencio de la autoridad, que no da los resultados esperados después de tantas demandas al SIAPA y tantas quejas ante la Comisión Estatal de Derechos Humanos de Jalisco.

Ya días atrás, mientras la selección mexicana en un partido de fútbol amistoso perdía contra la selección de Chile 2-0 en el Memorial Coliseum de Los Ángeles, California, el gobernador de Jalisco, Jesús Pablo Lemus Navarro, perdió la credibilidad ante estudiantes del ITESO, que lo terminaron abucheando y corriendo del campus universitario.

Lo cierto es que el actual gobernador de Jalisco gana en bruto $78,942.50 y los jóvenes le gritaron: “¡Fuera Lemus!”, la misma frase acuñada que se repitió al gobernador anterior en Jalisco: “¡Fuera Alfaro!”, el 10 de octubre de 2021 en Temacapulín. Y en Temacapulín no fueron los alteños: fueron los visitantes tapatíos que acudieron a los acuerdos sobre el destino de la presa El Zapotillo, para que en lugar de conducir agua 140 kilómetros hacia León, Guanajuato, el agua fuera destinada para las personas de Guadalajara, cerrando la insustentable presa derivadora El Purgatorio.

Personalmente estoy unido a la posición de los manifestantes, pero en lugar de gritar “¡Fuera Lemus!”, yo grito: Jesús Pablo Lemus Navarro y todo tu equipo, “no se merecen el sueldo que reciben”. Mientras no se solucione la crisis del agua, no deberíamos de pagarles nada; y menos por la forma tan baja en que trataron a los manifestantes el domingo. Si el 10 de noviembre de 2010 Temacapulín declaró la Revolución del Agua en la marcha de la Minerva a Plaza de Armas, con la presencia de la imagen de la Virgen de los Remedios y tres mil personas, el gobierno del Estado debería agradecer a las diez mil personas que se manifestaron en la víspera de la Romería de la Virgen de Zapopan, con una conciencia cada vez más clara de nuestro derecho humano al agua.

La represión no es solución, ni la mala información que está vertiendo Carlos Loret de Mola y otros desorientados por intereses ajenos a la justicia y a la verdad. Las 6 ventanas vertedoras de la presa El Zapotillo no fueron solo decisión del gobierno federal anterior: fueron los acuerdos entre los pueblos de Temacapulín, Acasico y Palmarejo para impulsar la gestión integral del agua con un gobierno que escuchó y encontró alternativas. Falta dar seguimiento al Plan de Justicia. Lemus, desquita el sueldo.

La Revolución del Agua sigue. Libertad para los detenidos y exigimos agua saludable para todos. Y no olviden: los ojos del mundo están puestos en Guadalajara, Jalisco, que también tiene huevos de los Altos de Jalisco.

Gabriel Espinoza Íñiguez nació en Cosolapa, Oaxaca, el 30 de agosto de 1968. Es hijo de padres campesinos y comerciantes, Cesario Espinoza y Librada Íñiguez, ambos originarios de Temacapulín, Jalisco. Estudió Filosofía y Teología en el Seminario Conciliar del Señor San José, en Guadalajara. Ejerció como sacerdote de 1995 a 2015. A partir de 2015 solicitó dispensa a la Santa Sede y realizó un intenso trabajo social en rechazo a la presa El Zapotillo y a la privatización del agua. Diseñó la campaña permanente Volvamos a la Raíz y cursó la maestría en Desarrollo Rural en la Universidad Autónoma Metropolitana, unidad Xochimilco. Actualmente trabaja en proyectos de soberanía alimentaria y medio ambiente, y colabora en iniciativas con la Universidad de Guadalajara, en el Centro Universitario de los Altos (CUAltos).
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