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El constituyente: una oportunidad para recuperar la política

El constituyente: una oportunidad para recuperar la política

Hostal

Criterios

 

Allaen Matthew Cisneros Rodríguez*

 

Decía Juan Carlos Monedero que la economía existe porque en nuestra sociedad hay escasez, de la misma forma que la política existe porque hay conflicto. Una sociedad sin conflicto, no necesitaría de la intervención de la política ni de la creación de estructuras complejas.

En Jalisco, todos los días vivimos en constante conflicto, desde la mínima convivencia con el vecino que tira la basura en la acera, el compañero de clases que te hace bullying o el grave problema de acoso callejero. Existen incluso conflictos sociales que ponen en cuestionamiento la existencia del Estado mismo como lo es el problema de personas desaparecidas.

Pues bien, existe la política, vivimos en sociedades con estructuras sociales jerárquicas para mantener un presunto orden, y el poder político se renueva cada 3 o 6 años a través de elecciones democráticas mediante un sistema de partidos. Partidos cada día más desprestigiados, 7 de cada 10 personas no confían en ellos. Paradójicamente, el poder económico parece quitarle legitimidad al poder político, el 45.2% de la riqueza mundial está en manos del 0.7% de la población, y el hecho no escandaliza, incluso, la revista FORBES lo presume.

En algún momento los Estados perdieron la brújula para solucionar los conflictos sociales más importantes. Los gobiernos locales y nacionales suelen estar secuestrados por presiones ilegítimas, pueden ser poderes fácticos como el crimen organizado, poderes no soberanos como el FMI, o grupos de interés como las industrias. ¿Y si el estado perdió la capacidad de otorgar seguridad bajo el uso legítimo de la fuerza pública? ¿Y si el Estado dejó de recaudar impuestos de manera justa? ¿Acaso significa algo formar parte de este pacto social?

Entendiendo que los pactos sociales son las reglas del juego con las que todos nos vamos a entender, y que la madre de todas nuestras normas es la Constitución Política, ningún estado o entidad soberana puede dejar de lado al menos 3 retos fundamentales en sus Constituciones.

El primero es contemplar instituciones dotadas de fuerza suficiente para garantizar la Seguridad del ciudadano. En América Latina, el narcotráfico se ha descontrolado, mientras en Europa y el oriente medio el terrorismo del Estado Islámico impide la paz y la tranquilidad de los ciudadanos.

El segundo es el de contemplar un sistema fiscal justo, que el Estado recupere la rectoría de la economía, y distribuya los impuestos de todos de una manera justa e inteligente.

El tercero, es el de contemplar una amplia gama de derechos humanos que represente el sentir de sus sociedades, recordando que los derechos ya ganados por las y los ciudadanos no están puestos a discusión en las nuevas asambleas constituyentes. En resumen, contemplar estos 3 puntos implica algo fundamental. Justificar la existencia del Estado y recuperar la política como método de transformación y representación social. No como herramienta para la distribución de puestos de los políticos de siempre, de los partidos de siempre.

En Brasil, en 1988 se convocó una asamblea constituyente en donde definieron su sistema político. Ahí saldaron una deuda histórica al velar por la demarcación de sus tierras indígenas. Ahí Brasil recuperó la política.

En Suiza, en el año 2000, los 23 cantones (lo que en México serían las entidades como Jalisco) crearon su propia constitución y asumieron la responsabilidad de dotar de Seguridad Social a la totalidad de su población. Ahí Suiza recuperó la política, la rectoría del Estado.

En los últimos días se ha hablado mucho sobre la posibilidad de que en nuestra entidad, los Jaliscienses diseñemos desde cero una nueva Constitución y me parece que no pudo llegar en mejor momento.

Del debate local han germinado 2 posturas, la de quienes argumentan que lo necesario solamente es hacer valer las leyes actuales, y que convocar a un Constituyente es un proyecto que trata de desviar la atención de los problemas importantes, y la de quienes opinamos que esta es una oportunidad propicia para, justamente arreglar esos problemas.

Muchos de los conflictos que tenemos son resultado de un pacto social disfuncional. Los pactos sociales son escenarios imaginarios para un entendimiento colectivo. Construcciones sociales de acuerdo a realidades culturales. Si tuviéramos una máquina del tiempo y raptáramos a Roberspierre antes de su ejecución (1794) a nuestra época y le platicáramos de derechos de cuarta generación, como los derechos digitales, diría que estamos locos. Si a Venustiano Carranza le habláramos del debate entre legalizar la interrupción del embarazo y el derecho a la vida del feto, nos tildaría de ridículos.

Los pactos sociales deben actualizarse, por ello esta es una oportunidad idónea para construir un texto constitucional que represente el sentir de los Jaliscienses. Es una oportunidad para involucrar a la sociedad y cambiar nuestros códigos culturales adaptándonos a los retos actuales. Y justo eso, si El Constituyente de Jalisco logra involucrar al círculo académico, al ramo empresarial, a los colectivos y organizaciones sociales, a los medios de comunicación, y lo más importante, a la sociedad jalisciense, estaremos marcando un precedente nacional.

Jalisco siempre ha sido tierra de hombres y mujeres valientes en sus aportaciones constitucionales. En la Constitución de 1824 Luis Quintanar, a pesar de haber sido en su momento el enviado de Iturbide a la entidad, tuvo la valía de convocar a la Asamblea Constituyente de Jalisco bajo la concepción federalista, en donde por cierto, Prisciliano Sánchez, a la postre gobernador, tuvo una destacada participación.

Para el Constituyente Federal de 1917 (Luis Manuel Rojas, oriundo de Ahualulco de Mercado, fue presidente de la cámara), Jalisco fue el primer estado en promulgar su constitución local, destacando la inédita aportación para que los municipios administraran libremente su hacienda.

100 años despues, Jalisco puede – y debe – destacar, en búsqueda de algo que tanto le hace falta a la democracia. Recuperar la política para las y los ciudadanos.

 

 

*Politólogo, responsable de Comunicación Social de la Secretaría de Gobierno

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