El cruel intento por reconocer a un familiar en Gaza

TOPSHOT - Ahmad Salaima, a 14-year-old Palestinian released under an extended truce deal, embraces his father as his mother (L) looks on at his home in Israeli-annexed east Jerusalem on November 28, 2023. With Israeli police enforcing a ban on celebrations related to the return of Palestinian prisoners in east Jerusalem, reporters and visiting relatives have to play cat and mouse with authorities in order to get access to the families involved. (Photo by John MACDOUGALL / AFP)

Viernes 24 de octubre.-Cada día, entre 250 y 300 familias llegan al Hospital Nasser de Jan Yunis, en el sur de Gaza, con la esperanza de reconocer a sus seres queridos entre las fotografías de los cadáveres que Israel devuelve a la Franja a cambio de los cuerpos de rehenes entregados por Hamás.

“La cantidad de personas que acude nos obligó a abrir dos salones para mostrar las fotografías de los cuerpos”, explica Samih Yasin Hamad, miembro del comité del Ministerio de Sanidad gazatí encargado de la gestión de los cadáveres devueltos por Israel.

En una de estas salas, el ambiente es sobrecogedor. En silencio, decenas de hombres y mujeres observan atentamente las imágenes que un funcionario proyecta en una pantalla. Algunos permanecen sentados en sillas de plástico; otros, de pie al fondo, contemplan la televisión con las manos en la cabeza o cruzadas sobre el pecho. Un hombre, con gesto ausente, pasa las cuentas de su masbaha —similar a un rosario— mientras murmura una oración.

Según Zaher Al Waheidi, director de la unidad de Sanidad a cargo del recuento de fallecidos en Gaza, el hospital ha recibido 195 cuerpos, de los cuales 63 han sido identificados por sus familias. El funcionario señala que el Hospital Nasser, donde la Cruz Roja entrega los cuerpos provenientes de Israel, no cuenta con herramientas para realizar autopsias, lo que dificulta el proceso de identificación.

Pese a la tregua vigente, los hospitales de Gaza continúan denunciando la falta de recursos y suministros médicos, resultado del control israelí sobre la entrada de ayuda humanitaria al enclave.

En la sala de reconocimiento, el funcionario detiene la proyección en una imagen donde se distinguen unas piernas con un calcetín negro, aún intacto entre los restos de ropa destruida. Amplía la fotografía, mientras decenas de familiares observan con atención, buscando algún detalle que les devuelva —aunque sea con dolor— una respuesta.

En muchas de las imágenes, sin embargo, ya es casi imposible reconocer a un ser humano.