El humor de Simona (cuento) / V
Mel Toro
Quinta parte:
_ Ya está muy anciana – les informa Chepe -. Este año cumple sus ochenta años. Nació el año de 1897 y va a cumplir los ochenta.
_ Si los llega – entrevera Pepe Quintero -. Entiendo que ya está guardando cama y la cuidan sus familiares.
_ No seas mal pensado – le revira su novia Toñita -. Mi abuelo Simón duró casi los cien años y no daba muestras de enfermedad. A ella pueden sobrarle todavía muchos años.
_ Eso puede ser – suelta el Chepe -. Pero pensemos en ella más bien ateniéndonos a la figura de educadora, con la que nos robó a todos siempre la atención y se volvió un modelo de conducta para cada uno. Díganme si no es cierto.
_ De que lo es, lo es – retoba Chuy Vera, el profe -. Tan es así que yo aplico sus modelos, casi como si me los estuviera dictando ella a la oreja, y los muchachos se cuadran a los mandatos que se imponen en la escuela.
_ Sí – le dice Quintero -. Ya sé que te comportas con sus mismos esquemas. Hasta te dicen ‘el simoncito’, a tus espaldas, desde luego.
_ A ver – retoma Chuy el hilo -. No vamos a ponernos a enjuiciar a nuestra bella directora de siempre. Yo insistí en referirme a ella, porque siempre me ha parecido una fuente viva de ironía, aunque impositiva. Ella no se fijaba si uno traía huaraches o venía descalzo; si la familia tenía para darle a uno ropa buena o no. Ella exigía que vistiéramos y calzáramos como ‘debe de ser’. Y ay de aquel que, a sus ojos, se saliera de las normas.
Chepe, que no le pierde detalle a la alocución de su primo, calibra los puntos que desea señalar en torno a la personalidad de la vieja directora de la escuela de todos ellos y expone con toda parsimonia su punto de vista. Se refiere a la tónica impositiva y dura que no era exclusiva de ella, sino que era la repetición y confirmación de la dureza con que eran tratados todos los chiquillos en su familia. Todos los papás se comportaban con dureza e imponían sus directrices sin chistar. De manera que ir a la escuela a encontrarse de nuevo con la misma verticalidad paterna, pero bajo la batuta de la dirección escolar, no era ninguna novedad ni sorpresa.
El Chepe es reflexivo y la forma como va desglosando el carácter de la directora, ya postrada en cama, les resulta puntual y atinada. Al grado de que, si alguno movió el tema como para hacer burla de ella se le cohibe la intención. El grueso de la chorcha se dispone, a la inversa, mover los hilos que tengan que estirar para generarle un homenaje municipal. Están seguros todos de que la respuesta general de la población la aprobará y el homenaje se dejará venir.
El discurso del Chepe le baja la intención de la sorna que quisieron escarbar sobre Simona tanto Chuy Pérez como Pepe Quintero. Desmontados ambos de su macho, de común acuerdo, ambos buscan revivir algunos momentos chuscos de la conducta de la directora, que están seguro que ninguno de ellos ha olvidado. Así, sin confrontar la postura generada por el Chepe, pero con el ánimo de rebajarle el tono a la mala estampa que estaban creando sobre ello, el Pepe y el Chuy se sueltan el pelo y reconstruyen viejas escenas, en las que ella es la protagonista, sin que salga raspada.
[Continuará…]




