El juego del hombre, perverso para las futbolistas mexicanas

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Más que un juego

Criterios

Una vez que pasó la euforia por el día internacional de la mujer, conviene no olvidar que la lucha debe darse día a día, pues es realidad compleja para las jovencitas que practican fútbol en nuestro país.

Justo en la semana de la conmemoración por el arranque de la lucha de los derechos de las mujeres, la secretaria general de la FIFA, Fatma Samoura, visitó nuestro país, resaltando el trabajo de la liga femenil a dos años de su creación, pese a que hay voces de los dueños del fútbol que apelan a la desaparición de la misma porque cuesta mucho y no deja casi nada.

Es la constante del fútbol mexicano: el negocio por encima de lo deportivo. En el proyecto global de la FIFA, mismo que contempla 60 millones de jugadoras para 2026, México está incluido, pero las injusticias a las jugadoras, las diferencias en las condiciones del ejercicio profesional de su actividad con respecto a los varones siguen prevaleciendo y deben atacarse de fondo.

Los clubes Tigres y Rayados, ambos de Monterrey, son los que más alta influencia han tenido en la afición y sector empresarial de su región para que el fútbol femenil, lejos de ser un gasto, pueda convertirse en un fenómeno social; algo que, por ejemplo, aunque las Chivas desde su estructura de club buscan, no han logrado entre su afición.

Mientras el clásico regio del fútbol femenil ha logrado entradas de más de 51 mil personas, superando partidos de liga Premier inglesa femenil como el Arsenal vs. Chelsea con 45 mil, el clásico tapatío del mes pasado apenas ingresó a poco más de 2 mil personas.

Justo este fin de semana las mexicanas Kenti Robles y Pamela Tajonar disputaron con sus equipos, Atlético de Madrid y Barcelona, respectivamente, el partido con la asistencia récord para un juego de fútbol femenil en el mundo, pues el Atleti abrió las puertas de su estadio, el Wanda Metropolitano, al que ingresaron 60,239 aficionados al partido semifinal de la Copa de la reina.

La fórmula, según Robles, es que hay un salario mínimo garantizado para cada jugadora en la liga de España, a partir de ahí, de acuerdo a las aptitudes de la jugadora, este se incrementa y hay un respeto por la profesión de las chicas, pues muchas de ellas o estudian o están abriendo su porvenir en empresas para cuando ya no puedan jugar.

Panorama distinto a lo expuesto por la académica de la UNAM, Claudia Pedraza, especialista en género y deporte, quien reveló que el tope de salarios mínimos para la futbolista en México oscila en los 2 mil 500 pesos. Además de existir casos como el de las jugadoras Stephany Mayor y Bianca Sierra, quienes debieron ocultar su relación sentimental debido a que no se consideraba buena imagen para dos seleccionadas nacionales.

A esto se suma la ausencia en los clubes del fútbol mexicano de especialistas de género para atender casos de acoso, diversidad sexual y hasta derechos laborales de las chicas que juegan a la pelota en México.