Puntos y Contrapuntos

Criterios

La memoria suele ser poco confiable y, en ocasiones, traicionera. Por eso son importantes los datos duros, los hechos concretos, las estadísticas guardadas en un archivo bien documentado y ordenado.

Las comparaciones, más que odiosas, son necesarias. Por eso es bueno documentar los hechos que marcan nuestra realidad y revisarlos con base en una contextualización adecuada.

El próximo martes 5 de febrero del 2019 estaremos conmemorando 102 años de la promulgación de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, vigente desde el 5 de febrero del 1917.

Con el rostro ajado por el tiempo y en algunos capítulos irreconocible, ha experimentado 707 reformas, algunas de ellas salvajes, que han desfigurado su originalmente armonioso cuerpo, que abrigó 136 artículos y 16 transitorios que hablaban con certeza de la más apasionada historia de México y de las luchas, pacíficas y armadas, de miles de mexicanos que soñaban con un país mejor y más justo. Sueño que, después de un siglo, todavía está muy lejos de cumplirse.

Referente obligado, que determina el rumbo del país, nuestra Constitución ha sido objeto del capricho de quienes han pretendido desfigurar sus enunciados históricos y el espíritu que le dio origen, para justificar cambios profundos que han propiciado la entrega del país a intereses contrarios al bien superior del pueblo.

El pasado martes 29 de enero del 2019, en su conferencia matutina de prensa, el presidente de la República Andrés Manuel López Obrador aseguró que el expresidente priista (1988-1994) Carlos Salinas de Gortari era el “padre de la desigualdad moderna”.

Explicó López Obrador: “¿Saben en qué sexenio creció más la desigualdad?, en el sexenio de Salinas, Salinas es el padre de la desigualdad moderna. Estamos aquí hablando conceptualmente, no es un asunto político, entonces más pobreza, más corrupción, más violencia”.

El presidente López Obrador ya se había referido al tema del modelo neoliberal en su toma de posesión, el pasado sábado 1 de diciembre del 2018: “La crisis de México se originó, no solo por el fracaso del modelo económico neoliberal aplicado en los últimos 36 años, sino también por el predominio en este periodo de la más inmunda corrupción pública y privada”.

Fue enfático: “Lo digo con realismo y sin prejuicios ideológicos: la política económica neoliberal ha sido un desastre, una calamidad para la vida pública del país”.

 

EL ARTÍFICE

Pero hay otras voces que armonizan en ese tema.

“La presidencia de Carlos Salinas (1988-1994) entrañó para México una transformación radical en varios terrenos. En el económico y comercial, las reformas estructurales y constitucionales, la privatización general de las empresas públicas, la supresión de la reforma agraria heredada de la Revolución y la creación del TLCAN abundaron en una modernización de corte liberal, mudanzas que junto con otras reformas de calado en el sistema político coadyuvaron, paradójicamente, al final de la larga supremacía de su partido, el Revolucionario Institucional (PRI)”, advierte un informe publicado por el Barcelona Centre for International Affairs (CIDOB), actualizado hasta el 2 de julio del 2018.

“El reguero de conmociones sufridas en el último año, con el alzamiento zapatista en Chiapas, dos magnicidios de dirigentes priistas y la descomunal crisis financiera que le estalló ya a su sucesor, Ernesto Zedillo, y que arruinó los cacareados logros macroeconómicos del sexenio y empobreció a la población, malparó la reputación de Salinas, que optó por expatriarse”, agrega el referido texto de CIDOB, un laboratorio de ideas independiente y plural con sede en Barcelona, dedicado al estudio, la investigación y el análisis de temas internacionales. Creado en 1973 como Centro de Documentación Internacional de Barcelona, CIDOB es desde 1979 una fundación privada.

 

FRENESÍ REFORMISTA

Desde el 5 de febrero de 1917 hasta el pasado 28 de agosto del 2018, en 102 años de vigencia, según datos oficiales que se pueden consultar en la plataforma digital oficial de la Cámara de Diputados de la Federación, la Constitución Política ha experimentado 707 reformas.

Y es justamente en los últimos 36 años cuando se impulsaron la mayor cantidad de reformas constitucionales para cambiar el modelo y el rumbo del país. Han sido, desde 1982 a agosto pasado, 494 reformas, el 69.87 por ciento del total realizadas desde 1917 hasta 2018.

El gobierno de Miguel de la Madrid Hurtado (1982-1988) promovió 66 reformas constitucionales; el de Carlos Salinas de Gortari (1988-1994) hizo 55; el de Ernesto Zedillo Ponce de León (1994-2000) realizó 77 reformas; el de Vicente Fox Quesada sumó 31; Felipe de Jesús Calderón Hinojosa concretó 110 y Enrique Peña Nieto agregó otras 155 reformas constitucionales.

En este periodo hubo cambios muy profundos en el país con el desmantelamiento y la privatización de los bienes del Estado.

“Bajo la Administración de Salinas se ejecutaron las grandes transformaciones estructurales que el presidente consideraba ineludibles para conformar el México moderno del próximo siglo. De entrada, se aceleró la campaña de privatizaciones comenzada en 1982, viéndose afectadas ahora todas las grandes empresas del Estado”, agrega el referido informe del Barcelona Centre for International Affairs.

Agrega el documento: “Así, fueron entregados al capital privado la telefonía (Telmex, una compañía plagada de denuncias por negligencia en el servicio que en diciembre de 1990 fue adjudicada en pública subasta a un consorcio encabezado por el magnate Carlos Slim Helú), las comunicaciones viales y las aerolíneas, el sector químico, el siderúrgico (Altos Hornos de México), los seguros, las cadenas hoteleras, los medios de radiodifusión (Imevisión, que dio lugar a la TV Azteca) y, finalmente, la banca”.

Recapitula: “La histórica reforma del sistema bancario, emprendida en mayo de 1990 y rematada en diciembre de 1993, supuso la reversión total de la nacionalización realizada en 1982 por (José) López Portillo, que había reducido las 764 entidades entonces existentes a menos de una veintena, encabezando las sobrevivientes el Banco Nacional de México (Banamex) y el Banco del Comercio (Bancomer). Asimismo, el Banco central de México, Banxico, fue dotado, reforma constitucional mediante, de un régimen jurídico que, con arreglo al modelo liberal, garantizaba su autonomía funcional y administrativa”.

“El segundo florón del ‘liberalismo social’ pregonado por Salinas fue la modificación, en diciembre de 1991, del régimen minifundista del ejido, perpetuado como la principal conquista social de la Revolución pero que, según el Gobierno, dificultaba la mecanización y la capitalización del agro mexicano por la reducida extensión de las parcelas comunitarias”, explica el estudio de CIDOB.

Concluye: “La enmienda del artículo 27 de la Constitución suprimió el marco jurídico de la reforma agraria realizada en el periodo cardenista, poniendo fin al reparto de terrenos, convirtiendo a los tres millones de ejidatarios en propietarios formales y autorizando a las sociedades con capital privado la adquisición, reventa o arriendo de los ejidales con determinados límites de superficie. En círculos izquierdistas no hubo ambages en hablar de verdadera contrarreforma agraria”.

 

DESIGUALDAD Y PIB

La plataforma digital SinEmbargo.com hizo un análisis sobre los indicadores económicos importantes en el periodo de 1990 a 2018, que cubre los gobiernos definidos como neoliberales por Andrés Manuel López Obrador.

Refiere que el Coeficiente de Gini es una herramienta que sirve para medir la desigualdad y contempla niveles situados entre cero y uno: el cero es perfecta igualdad y uno, desigualdad total.

En el caso del gobierno priista de Salinas de Gortari, la desigualdad en su primer año, 1989, se situó en 0.465 puntos y para 1990 ya había llegado a 0.562 en el segundo año de su mandato.

El gobierno priista de Zedillo Ponce de León (1994-2000) tuvo un máximo de 0.552 en su último año de gobierno.

Con el panista Fox Quesada (2000-2006), en 2002 se tuvo un nivel de desigualdad más bajo que el de 1989, primer año de gobierno de Salinas: fue de 0.454 puntos, en tanto que con otro albiazul, Calderón Hinojosa (2006-2012) el coeficiente cerró 2012 con 0.498 puntos.

En el sexenio de Enrique Peña Nieto volvió subir a el coeficiente de desigualdad: en 2014 a 0.503 y en 2016 el índice de desigualdad fue de 0.498 puntos.

El 30 de mayo del 2017 la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) informó que los niveles de desigualdad en Latinoamérica se habían estancado desde el 2012.

La secretaria ejecutiva de la CEPAL, Alicia Bárcena Ibarra, explicó que México es uno de los países en los que la riqueza está muy mal distribuida, pues de todos los activos financieros del país, el 80 por ciento son propiedad de sólo el 10 por ciento de la población, en tanto que el uno por ciento de la población acapara más de un tercio de esa riqueza, según refirió la plataforma digital Sinembargo.com el 30 de mayo del 2017.

Ese 2017 el Coeficiente de Gini registró un grado de desigualdad en México de 0.79 (cuando 0 representa ausencia de desigualdad y 1 desigualdad máxima).

Hay otro indicar que ilustra el rumbo económico del país. Datos de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) muestran que ninguno de los cuatro gobiernos posteriores al de Salinas de Gortari logró alcanzar el crecimiento de 5.18 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) que se registró en 1990, advierte un análisis publicado por SinEmbargo.com el pasado miércoles 30 de enero del 2019.

Miguel de la Madrid Hurtado (1982-1988), luego de tener cifras negativas del PIB en 1986, con -3.08 por ciento, le entregó el poder a Salinas de Gortari con un crecimiento de 1.28 por ciento en 1988, que en 1989 llegó a 4.11 por ciento. Salinas de Gortari cerró 1994 con 4.9 por ciento del PIB.

Zedillo Ponce de León registró en 1995 un decrecimiento de -6.3 por ciento del PIB. Su sexenio lo cerró con 4.7 por ciento en el 2000.

Ya con Fox, los primeros dos años se tuvieron números negativos: -0.1 y -0.04 por ciento en 2001 y 2002, respectivamente. Para 2006 le dejaría el PIB a Calderón Hinojosa en 4.5 por ciento. Con Calderón se registró un decrecimiento de -5 por ciento del PIB en 2009 y cerró 2012 con un crecimiento de 3.4 por ciento.

Para 2013 el gobierno de Peña Nieto lograría un crecimiento de 1.6 por ciento, para cerrar 2018 con un 2.10 por ciento de crecimiento del PIB.

La historia de las reformas constitucionales de los recientes 36 años y sus consecuencias, no han sido buenas para la mayoría de los mexicanos. El modelo sólo concentró la riqueza en unos pocos e hizo pobres a la mayoría.

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