El mexicano es un chingón

El mexicano es un chingón

Juan M. Negrete

Como ocurre cada fin de semana, este redactor busca no sólo el tema que conviene reseñar y que ha de poseer actualidad irrefutable, sino también un giro lingüístico, algún refrán o algún dicho que capture la atención del lector. La búsqueda de esta semana no fue la excepción. Se ha de aceptar que la temática tiene que girar por fuerza en torno a los acontecimientos que nos brindó tanto la inauguración de la competencia mundial del balompié, sino también sus juegos programados y resultados.

Esto quiere decir que el partido que jugó nuestra selección contra la de Sudáfrica no debe verse como un hecho aislado, sino que habrá que ir acomodando su resultado con los marcadores, que la prensa nos vaya proporcionando en los días que vienen. Por lo menos hasta dentro de un mes, que es una buena retahila de días. Va a ser pues una competencia más larga, que a la que estábamos acostumbrados quienes le dábamos seguimiento a estos eventos de cada cuatro años.

A la hora de entrarle a cernir expresiones y figuras que retraten sintéticamente lo que vemos y oímos, tuvimos que revisar algunas, las más sonoras. También tuvimos que eliminar otras, atractivas sí, pero crueles y hasta groseras. Como ejemplo bastaría señalar la sarta de improperios que le recetó el público al tío Richie, Salinas Pliego, cuando ingresó al estadio Azteca. Le gritaron de todo, hasta de qué se iba a morir. La creatividad de nuestro público no conoce limitantes de nota. Eso de calificarle, en su cara desde luego, de títere, de mascota, de perrita de Trump, no tiene desperdicio. Mas con ser tan ilustrativa, la descartamos como título de nuestra colaboración de hoy, por razones obvias. Esperamos que no se necesiten más comentarios.

A la lisa electiva entraron dos gritos, también artificiales, pero que entraron a nuestro universo auditivo. Un par de ellas fue el de ¡fuera la CNTE! y el de ¡fuera Morena! A lo que ha trascendido, el grito contra Morena iba a propugnar por la salida del poder, o de la presencia dominante de la atención de los mexicanos. Se le planeó para hacerse escuchar como porra durante el desarrollo del primer partido de fútbol, es decir, en el partido inaugural, sobre todo.

Se supone que la transmisión del arranque de la competencia tendría, como lo tuvo, una difusión muy alta a nivel planeta. Sería visto y oído por tirios y troyanos, para usar una vieja forma extendida universalizante. Lo escucharíamos pues aquí y en China. Según cálculos propositivos de sus promotores, su profusión generaría la imagen de que una gran mayoría de mexicanos no estamos satisfechos con la presencia actual del partido en el poder. Estaríamos entonces pidiendo a gritos tal eliminación.

Venía a ser una pretensión desmesurada y contradictoria. Morena llegó al poder vía las urnas, con respaldo del 60% de votos. Al paso del gobierno de doña Claudia esta aceptación numérica ha aumentado. La simpatía para su presencia en los foros del gobierno no disminuye. Es lo contradictorio. La desmesura se da en que es una propuesta descabellada. Buscar incidir en que nazca, en la opinión mundial, una imagen negativa y destructora del equipo que gobierna actualmente el país; y que se propenda, por tales vías, la instauración de presiones externas para conseguir dicho desmantelamiento, resulta hasta ominoso.

Ocurrió que, aunque muchísimos de los espectadores, que ingresaron a las tribunas del estadio Azteca para presenciar el partido inaugural, recibieron un pañuelito blanco. Lo agitarían a mano alzada al tiempo de que gritarían tal consigna a voz en cuello. Pues ni gritaron tal abucheo ni agitaron la prendita. Ni se oyó entonces tal consigna, ni se vio tal agitación. O sea: resultó una iniciativa frustrada.

Como no se escuchó en el momento oportuno, como se había calculado para que surtiera el efecto deseado, haberlo escuchado después en gargantas de grupillos dispersos no ha despertado el efecto que se le había buscado. Ha venido a ser como matar víbora en viernes. Eso soltaban los viejos a la mesa, cuando fracasaba la intentona de algo. No habrá que olvidar que los viernes de cuaresma no se comía carne. De manera que era un desperdicio buscar víboras para consumir su carne en tales días. Esfuerzos inútiles pues, dignos de mejor causa.

Lo de irle a gritar a los maestros de la CNTE en plantón, o bien cuando fueran marchando, vino a ser tan pasajero e inútil como la iniciativa del grito antes referido. Para empezar, los profes manifestantes no van a hacer caso a consignas en su contra. Eso se ha visto hasta el cansancio, en este año y en muchos otros anteriores. La bandera de lucha de estos profes se planta una y otra vez cada año, sin que decaiga su ánimo, así no consigan gran cosa con sus plantones intermitentes. Lo hemos visto una y otra vez y nada cambia.

Fueron pues éstas y algunas otras consideraciones menores las que nos inclinaron a escoger el cierre de la cantata inventada esta vez a la selección de balompié, a nuestros paisanos jugadores de la patada, a los que casi siempre hemos calificado de ‘ratoncitos verdes’, pues nunca nos han dado el gusto de brincar aunque sea el quinto partido de estas competencias. En ella se les dice que otra vez andamos abrazados de la ilusión de que les vaya bien a ellos con los resultados. Si les va bien, nos darán a todos un gusto del que en el pasado se nos ha privado en exceso con sus deficientes participaciones.

Por eso hoy, por adelantado, se les dice y remacha en la cancioncita, dedicada a su participación presente, que son chingones y que nos regalarán el gusto que en tantas ocasiones anteriores nos la han negado a todos. Revela trasfondo de una ilusión colectiva. No es algo tan importante en nuestras vidas, pero por ganas no va quedando. Ojalá ahora sí obtengan mejores resultados en esta larga competencia futbolística.

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