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El Refugio: entre la ayuda y la emergencia sanitaria

El Refugio: entre la ayuda y la emergencia sanitaria

En la cadena del tejido social existen eslabones que se encuentran en condiciones de alta vulnerabilidad para enfrentar la pandemia del coronavirus. Uno de ellos es el formado por las personas migrantes, sea que se encuentren en tránsito o bien, que ya estén establecidos en una comunidad diferente a su terruño.

En el caso de los migrantes en tránsito, hoy por hoy, los albergues dispuestos a lo largo de nuestro país están imposibilitados para brindarles la ayuda necesaria en tiempo y forma. Las indicaciones para mantener un “distanciamiento social” y el llamado a la cuarentena han obligado a los albergues, casas de migrantes y comedores a cambiar sus formas de operación. El principal cambio es que han tenido que cerrar provisionalmente sus puertas y ofrecer solamente algunos de los servicios que cotidianamente brindan a los migrantes.

Desde el 20 de marzo pasado, cuando el gobernador de Jalisco, Enrique Alfaro Ramírez, llamó a la población a no salir de sus casas durante cinco días con el propósito de contener la propagación del coronavirus, las puertas del albergue El Refugio, en lo alto del cerro del Cuatro al sur del Área Metropolitana de Guadalajara, fueron cerradas y así se han mantenido hasta el día de hoy.

Al momento de cerrar sus puertas, El Refugio contaba con una población de cincuenta migrantes, la mayoría procedentes de Honduras y El Salvador. La determinación que se tomó fue que ya no recibirían a más migrantes en tanto estuviesen en cuarentena, y quienes decidieran abandonar el lugar lo harían sin posibilidades de regresar a él.

Al paso de los días lo fueron abandonando las personas que optaron por seguir su camino al norte o al sur, pero también aquellos migrantes que contaban con empleo en Guadalajara. A los que tenían trabajo, el padre Alberto, encargado del albergue y párroco del templo, les habilitó cuatro pequeñas viviendas construidas hace un año en unos terrenos de la parroquia, apenas unas cuadras debajo de El Refugio.

A las nuevas viviendas se fueron diez hombres centroamericanos que trabajaban en el mercado de Abastos, en una fábrica de tarimas de madera, y en una fábrica de plásticos. Las condiciones fueron bastante favorables: solo debían asear el lugar, mientras el pago de los servicios los asumiría el albergue, además de recibir los tres alimentos del día a las afueras del comedor para migrantes. Desgraciadamente por la contingencia sanitaria, cinco de ellos han perdido su empleo.

Sin embargo, el arribo cotidiano de migrantes continúa. Cada día tocan a la puerta del albergue entre diez y quince centroamericanos. Para ellos, se han dispuestos varias cobijas y una regadera en el patio de la parroquia. La comida se les entrega en la puerta del comedor sin que puedan ingresar. Están permaneciendo de una a dos noches antes de seguir su camino. Todos quedan registrados a su llegada.

Lo que es un problema, comenta Alberto, es la falta de sanitarios y lavabos. Para atender esas necesidades, prosigue el párroco, así como para cubrir los gastos de los cubrebocas, gel antibacterial, caretas y termómetros no han recibido ayuda de ninguno de los tres niveles de gobierno. En ese sentido, concluye, han sido los vecinos quienes se han mostrado más solidarios con los migrantes al cooperar con el albergue y no reclamar por la estancia de los centroamericanos.

De las cincuenta personas que iniciaron la cuarentena en El Refugio, hoy solo quedan veinticinco: tres mujeres, tres niños y 19 hombres. Todos centroamericanos. Todos en espera de que su proceso en el Instituto Nacional de Migración para obtener el asilo en nuestro país concluya satisfactoriamente.

Finalmente, el servicio del comedor sigue funcionando para alimentar a cien ancianos y niños diariamente, pero sin poder ingresar, por ello se les pide que lleven un recipiente para recibir el alimento en la puerta. En cuanto a los servicios religiosos, Alberto oficia cada mañana la misa del día a puerta cerrada, solo con la ayuda de su madre y tres religiosas que colaboran en El Refugio.

A no dudar, las difíciles condiciones en las que realizan sus labores quienes atienden los albergues para migrantes en nuestro país, y que deberían recibir mayores apoyos del gobierno, forman parte de esas historias que necesitamos seguir construyendo para fortalecer la unidad de los mexicanos.

 

@contodoytriques

 

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Acerca del autor

Eduardo González Velázquez

Profesor de Relaciones Internacionales en el Tecnológico de Monterrey, Campus Guadalajara.

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Publicado por Enrique Alfaro Ramírez en Sábado, 30 de mayo de 2020

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