El síndrome de Gengis Kan

El síndrome de Gengis Kan

Alfonszo Rubio Delgado

En la actualidad, atendiendo al llamado de la naturaleza, los individuos tienden a reproducirse. Esto ha ocurrido siempre. No es nada novedoso. Aunque existan, en términos generales, tendencias a la baja en algunos países, eso por causas varias incluída la “vacuna esterilizante”.

El título de este escrito obedece a la forma poco ortodoxa en que el personaje aludido propagó su simiente. Ocupado en extender su imperio, a su vez lo hizo con sus genes. De tal forma que, hoy en día, sus descendientes se cuentan por miles, esto de forma literal. De por sí, los miembros de la nación China han tenido que limitarse en cuanto al número de miembros. Pues en relación a la actividad reproductiva han sido muy destacados. Al grado de enviar a todo el orbe delegaciones de individuos cuya presencia, la consideran excedente.

Ya parece estar agotado el espacio y el “tiempo” en ese enclave maoísta del planeta. Cosa, que aún sigue vigente. Muchos empresarios chinos, pagan a personas que alquilan sus vientres para extender su descendencia. Países, como Estados  Unidos, le han puesto límites a esos desplantes adámicos. En la actualidad, de esa forma, hay empresarios chinos que son padres de doscientas personas o más. Se contabilizan en varios países.

En la historia manifiesta de nuestro mundo se han sufrido ciertos fenómenos inquietantes. Por un lado, los miembros de algunas religiones como la judía se habían mantenido cerradas y con pocos miembros. Ahora promueven la familia numerosa. La desventaja numérica, en relación con otras religiones, les amenaza y pone en desventaja.

En un desplante de locura, miembros de esa secta han pretendido repoblar la tierra al estilo del gran emperador chino, con perversiones fuera de todo juego legal y sin consentimiento de la contraparte. Por ahí se supo que, en el anterior proceso engañoso y pervertido de vacunación, anduvo muy activo un sujeto imponiéndose y pagando para que en las vacunas, aparte del famoso grafeno, llevasen genes del tipo. Me refiero al tal Jeffrey Epstein. Como si hacer el daño tan sonado no fuese suficiente, cual si el testimonio de los archivos no fuese máximo o sólo se tratase de un distractor.

El querer llevar su basura genética para contaminar a la humanidad y declararla su patrimonio, sería su máximo triunfo. Y claro, el presidente presidiario estadounidense, facilitándole la labor; deslindando a la nación gringa de la sucia y decadente OMS. Pues la exigencia del señalado, meloso y descarado mandatario, no fue más que pequeña comparada con la magnitud de aquel. Esto, tomando en cuenta, que el engaño de los medios masivos de comunicación fue orquestado por el judío. Lo mismo que el cuento  de la pandemia y la fumigación de los aviones que distribuyen productos químicos, metales pesados, parásitos, mosquitos y toda una serie de males que curiosamente caen del cielo. Allá donde Jehová quiere llevarse a sus seguidores.

Una vez descubierta su lamentable y desdichada actividad, estos tipos, junto con los que les sostienen su perversa y degradante misión, se han atrincherado en los cotos de poder protegidos por los poderes económicos, políticos y militares. Cree el tal Epstein que podrá seguir haciendo de las suyas y que está escondido; que la justicia no lo tocará. El conjunto completo de desquiciados criminales está inquieto. Saben que están a punto de pagar sus deudas.

Aunque también están dispuestos a eliminar a la humanidad antes de perder sus privilegios o pagar sus fechorías. Así como se sienten dueños del rebaño, saben que sus sucias existencias requeridas son en sus infiernos. Sus presencias no son tolerables ni dentro de los límites de sus propias dermis.  El tiempo será quien decida la suerte de estos demonios. No encuentran su lugar en estos lares, pues queda claro que no fueron diseñados para esa forma de existencia lixiviosa y putrefacta.

¡Saludos amig@s!

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