¡En sus puestos!, ¿Listos?

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¡En sus puestos!, ¿Listos?

Juan M. Negrete

Quedan escasas dos semanas para que tenga lugar el escrutinio de la voluntad popular en nuestro país. Esta será la encuesta definitiva y vinculante, además. Con el adjetivo de vinculante se alude a la obligatoriedad de sus resultados. La rutina conocida nos dice que los que ganan, suben a los puestos disputados y todos los demás se van a su casita.

En contiendas anteriores, a estas alturas ya estaban definidas las partidas. Sin embargo, en la logolalia desatada, sobre todo en lenguas de los comentócratas que tienen las metralletas dirigidas en contra de que continúe en el gobierno la 4T, se difunde la impresión a consumir de que los resultados todavía son impredecibles; que aún podría registrarse una voltereta espectacular; que nada está todavía escrito; y más especies de esta laya.

No es el caso de entrar a brazo partido con quienes sostienen tales discursos. Son locutores conocidos, cargados hacia la ambigüedad o la indefinición. Como que les resulta un discurso o una narrativa conveniente, aunque los momios más objetivos les contradigan su numeralia. En el caso de la disputa por el poder ejecutivo federal, la candidata morena, Claudia Sheinbaum, lleva una delantera que no ha sufrido merma. De los estados que también disputan la silla de gobernador, se habla de posible indefinición en Veracruz y en Morelos. Aunque los susodichos incluyen en sus análisis a la Ciudad de México. De todos los demás ni siquiera hay discurso contradictorio.

Hubo o hay una pretensión en el proyecto electoral de la coalición oficialista (Morena, Verde, PT) por conseguir mayorías calificadas tanto de diputados como de senadores. Le llaman en concreto el plan C. De tal renglón aún no se tienen, para su manejo público, mediciones de fiar. Viene a ser entonces el rubro que arroja la incertidumbre presente en casi todos los comicios. Los números que arrojen los resultados nos darán la pista de lo que se estuvo cocinando en las campañas y si fructificó. Ponerse ahora en una postura dogmática de profeta, sería mera especulación.

A nivel local, en Jalisco, la elección que más nos interesa a los jalisquillos es la de la gubernatura. Actualmente nos rige el partido MC. Pero a Enrique Alfaro no le favorecen mucho sus encuestas de aceptación. De tal forma que el apoyo abierto que reciba Lemus directamente del titular del ejecutivo estatal, en lugar de servirle, le vendría en detrimento. Es la razón por la que muchos analistas recalcan su atención en la aparente lejanía de Alfaro, que por otro lado es obligada, para el candidato emecista. Otra cosa es lo que se cocine en cenáculos y contubernios en la sombrita, que también juegan.

Lo que ha llamado la atención a muchos analistas locales es la abierta participación del rector de la UdeG, Ricardo Villanueva, con la candidata de Morena, Claudia Sheinbaum, ahora que vino la señora a su concentración en Zapopan, para darle su espaldarazo a Pedro Kumamoto. Por supuesto que también habría vítores para los demás candidatos que contienden por el partido guinda en el estado, por lo menos en la zona metropolitana. Pero el acto que se llevó los reflectores fue la aparición abierta del rector en esta travesía de la candidata por Morena a la silla presidencial.

¿Hay materia sólida para la especulación política en este acontecimiento? ¿Se trata de un asunto especial de los que poco o nunca ocurren, en el sentido de la contaminación de las esferas de lo público? Por esta pista es por la que han discurrido algunas plumas locales y conviene abrir las compuertas con claridad para no llamarnos a engaño.

Ciertamente, la universidad es una institución autónoma, aparte de educativa. Son cerrojos suficientes como para meterlos a la danza de lo electoral y abierto, aunque se califique a ambas de oficios públicos. Pero ha habido una larga tradición nuestra, en lo que se le llama de valores entendidos, que los titulares de estas plazas dan su brazo a torcer, o condescienden con los candidatos oficialistas, aunque haya sectores de la opinión pública que les critiquen su toma abierta de partido. Lo veíamos en el pasado con la UNAM y con otras universidades públicas. Tan es así que el tránsito de exrectores a puestos de gobierno, como las procuradurías, o las secretarías de salud y otras, ya nos resultaba hasta normal.

El ejemplo más obvio lo tuvimos siempre en casa. En la trifulca del sexenio anterior, Raúl Padilla, que era el dueño inmarcesible de la UdeG, anduvo del codo con Ricardo Anaya, que era el candidato del PAN. Abiertamente y sin arrugar la cara. Se decía de él que iba a ocupar la secretaría de cultura. Pero no ganó la derecha y se le cebó el cohete. Y con él, a todos sus paniaguados universitarios, que son una buena bola.

Bueno, pues la misma conducta, asidua siempre a colgarse de los futuribles de mayor posibilidad electorera, con los que se movía Padilla, conllevan los actos concretos del actual rector Villanueva. Primero pusieron en la lista de sus amoríos ficticios, en alianza con Morena, a su partidito local Hagamos, que es chuecura udegeísta para estar metida siempre en el pandero. Luego, ahora, una buena lista de candidatos a diputados y a alcaldes, todos de identificación feuísta, o udegeísta (¿o habrá que decir, universitaria?), jugando abiertamente los dados con Morena. ¿Por qué se iba a reprimir Villanueva de mostrar sus cartas, si está hecho a jugar siempre con cartas marcadas? Ya veremos cuáles sean los resultados finales de esta apuesta, que no tarda en jugarse. Salud.

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