Entusiastas de Platón

Entusiastas de Platón

Josefina Reyes Quintanar

Es curioso observar en redes sociales cómo algunos grupos de lectura recomiendan, dentro de los clásicos de la literatura, adentrarse en las obras de Platón. Se le estudia tanto como un sistema filosófico como un clásico de la literatura universal. Es un caso único entre todos los antiguos griegos, ya que se preservan la totalidad de sus escritos, y es considerado como el primero en utilizar la palabra “filosofía” como tal, practicando esa suerte de estudio que se engloba bajo un sistema filosófico.

Aristocles, su verdadero nombre, nació en la Atenas democrática del siglo V a.C. Siendo hijo de aristócratas, tenía la tranquilidad de dedicarse a la poesía y a la política. Realizó innumerables viajes, sobre todo a Siracusa, con el fin de poner en práctica sus ideas políticas, aconsejando al nuevo rey de la capital de la Sicilia griega, Dionisio II. Sin embargo, no hubo química entre ellos. De regreso a Atenas decidió fundar la famosa “Academia”. Ahí se dio a la tarea de enseñar filosofía, astronomía y matemáticas.

Un hecho crucial en la vida de Platón fue el momento en que conoció a Sócrates y durante 8 años fue su discípulo. Aunque no presenció su muerte, se encargó de reconstruir sus últimos momentos en su diálogo el Fedón, basándose en testigos. A partir de ahí, empieza a escribir sus primeros diálogos: Apología de Sócrates, el Protágoras, el Georgias, el Menón. Influido por Sócrates y su enseñanza, tuvo la necesidad de describir cada cosa para poder nombrarla con propiedad y así llegó a la conclusión de que hay realidades cognoscibles y permanentes, que no son de naturaleza sensible, sino que son inteligibles separadas totalmente del devenir; es el origen de su teoría de las ideas.

Son más de 30 los diálogos escritos por Platón y, aunque son variadas las formas en que se pueden ordenar, el criterio más sensato es por orden de madurez. En su época juvenil es incuestionable la influencia de Sócrates y están más enfocados en la ética; después están los diálogos donde ya se vislumbra su teoría de la Reminiscencia y sus estudios sobre filosofía del lenguaje. En su época más madura tenemos los diálogos más conocidos: Fedón, la República, el Fedro y el Banquete. Y es, sobre todo en su diálogo de la República, donde vemos más aficionados a la literatura. Platón realiza una radiografía del Estado filosófico, una utopía original, un constructo de justicia con un toque del mundo de las formas platónicas. Esa propuesta de una sociedad jerarquizada en tres niveles (trabajadores, guerreros y filósofos en orden ascendiente de importancia), sugiriendo la Monarquía del rey filósofo como lo más apropiado para gobernar a la sociedad de su momento.

Los diálogos de Platón ¿son literatura? al parecer no. No existe un elemento clave en ellos para considerarlos: la ficción. Se estaría negando la filosofía como realidad. Deben, dicen los expertos, ser considerados como filosofía. Trabajan con ideas reales, no cuenta con una fábula literaria. Aquí cabría la duda de los mitos platónicos, cuyo fin es la metáfora; pero no olvidemos que son utilizados en los Diálogos por Platón para explicar conceptos filosóficos complejos; no deben ser entendidos como ficciones; son relatos que comunican verdades sobre una realidad trascendente. Gracias a ellos comprendemos conceptos como el bien, el alma y la justicia. La filosofía es una interpretación racional de ideas sistemáticamente relacionadas entre sí, al margen de toda ficción. La recomendación para los curiosos, que quieren adentrarse en Platón, es iniciar con La Apología de Sócrates, que no es un diálogo como tal y es más sencilla su lectura, narrando el suceso histórico de la muerte de Sócrates. O un diálogo como El Critón, es corto con sólo dos interlocutores y no es complicado. Dejemos para el final diálogos como La República o el Parménides.

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