Juan M. Negrete

10 de septiembre de 2022.- Se encontraba un alacrán atorado a la orilla de una charca extensa a la que no podía cruzar. Llegó por ahí un sapo y el alacrán le pidió que lo cruzara. El batracio se negó a hacerlo, diciéndole que corría el riesgo de que le ensartara la fisga. El alacrán le juró y perjuró que no lo haría, en pago al favor de que le cruzara. Al fin accedió el sapo y le dejó que se le subiera al lomo. Ya encuatados ambos animalitos, el sapo saltó a la charca con el alacrán en su lomo y nadó para alcanzar la otra orilla. Casi para llegar a su destino, sintió que el alacrán le enterraba la fisga. De inmediato, sabiendo que iba a morir, le reclamó su ingrata acción: ¿No dijiste que no me picarías?

_ “¿Qué querías que hiciera, sapito? Es mi naturaleza” – pontificó el alacrán. Bajó de su víctima y se internó en los breños ya alcanzada la otra orilla.

Al espectáculo que acaban de escenificar los legisladores en el senado de la república le viene como anillo al dedo esta fábula. Se llevó a debate del pleno la iniciativa del ejecutivo, AMLO, sobre el asunto de integrar los mandos de la guardia nacional a la tutela o jefatura de la sedeña, para que siga operando en tales espacios. Es decir, se quiere hacer continuar lo que se ha ido haciendo en el sector de seguridad en este sexenio.

Venimos de las experiencias desastradas de por lo menos los dos sexenios anteriores, el de Calderón y el de Peña Nieto, en el que se sacó de sus cuarteles a nuestros militares y se les puso a patrullar las calles. Calderón fue el padre de esta puntada tan fuera de foco. Le declaró la guerra al crimen organizado. Decía que, en unas cuantas trifulcas, por cruentas que fueran, los señores milicos pondrían en su lugar a los grupos delictivos, que ya andaban desatados por aquellos días, y todo volvería a la normalidad. Al tener este logro en la mano, los señores uniformados volverían a sus instalaciones castrenses y punto final. Pero terminó su sexenio, siguió de largo el de Peña Nieto y las puertas de los cuarteles siguieron de par en par, abiertas a la calle, pues las masacres y las cuentas cruentas no cesaban ni un ápice.

Una de las promesas centrales de AMLO se centró en dicha problemática. Como exigencia popular, en cuantas ocasiones vino el punto al caso, juró y prometió pacificar al país retornando a los militares a sus cuarteles, como premisa central de estos entenderes. Como si fueran enchiladas. Ya van cuatro años de su mandato, las estadísticas de la violencia desatada no baja, y los cuarteles siguen con sus puertas abiertas.

El PRI propuso, en esta misma línea de acción, que esta incursión ya tan prolongada del cuerpo castrense en los espacios civiles continúe; que no pare en el próximo 2024, a la salida de AMLO del palacio nacional, sino que se prolongue hasta el 2028. Vemos también que el propio AMLO varió su línea de acción en este punto. Lo que ha venido armando, como respuesta de su propuesta a la pacificación nacional, vino a ser la creación de una guardia nacional. Se dijo primero que estaría sometida a mandos civiles. Ahora se dispone que queden sus mandos sujetos a la disciplina militar. Para conseguir esta variante, envió su iniciativa al senado, como lo marca la ley.

La iniciativa fue aprobada por una buena mayoría. Pero la discusión no resultó precisamente un baile de carquís, como decían en el tiempo de la revolución. Los señores del senado se dijeron hasta de qué se iban a morir. Los ciudadanos de a pie vimos y contemplamos tan bochornoso espectáculo como niños sorprendidos y maravillados de que en tales bocas se contenga tal espíritu de soltar improperios a la menor provocación. La que se llevó la palma de lo deslenguado fue la señora Lily Téllez, aunque no fue la única que activó el órgano cilindrero de las ofensas.

Es un triste espectáculo éste de constatar que nuestros hombres públicos encumbrados, nada menos que los que llevamos con nuestros votos a las tribunas legislativas, nos resulten tan procaces y groseros. No se les escuchan propuestas de calidad. No derivan de sus intervenciones propuestas ciudadanas untuosas que compongan y mejoren la convivencia que trotamos. Por el contrario, nos salen como garbanzos de a libra, pero de infamias, vituperios y máquinas de mal decir.

En el tinglado presente de estos personajes, resaltan tres modelos. Uno, el de Ricardo Monreal, quien a la hora de la votación final de la iniciativa, simplemente se abstuvo de emitir su voto.  Como el fondo de dicha votación consistía en apoyar o combatir la propuesta del ejecutivo, él, que llegó avalado por la votación mayoritaria que llevó a AMLO a la silla presidencial, claro se entiende que no está de acuerdo con la política de su padrino político y rompe con él, a pesar del beneficio que le vino por todo este tiempo el hecho de ir trotando a su lado.

Las otras dos posiciones de deslinde son la de Germán Martínez y la de Lily Téllez. Germán se le pandeó al equipo de Obrador, o de Morena como se quiera leer, ya hace algunas lunas y formó junto con otros un bloque de senadores independientes. ¡Hágame usted el favor! En cambio, la señora Téllez de plano rompió abiertamente con la línea de Obrador y se pasó al bloque panista. No contenta con ello, cada que puede se desafina y vocifera en contra del personaje que hizo posible su llegada a la senaduría, el propio AMLO. Así andan pues, exhibiéndose en toda su desnudez. Y de aquí en adelante seguiremos viendo sus deprimentes espectáculos. Al tiempo.

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