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Francisco Toledo y José Clemente Orozco

Francisco Toledo y José Clemente Orozco

El 17 de julio de 2003 se inauguró en el Instituto Cultural Cabañas (ICC) la exposición de autorretratos en grabado de Francisco Toledo, pertenecientes a la colección del impresor Fernando Sandoval. Justo ese día Toledo cumplía 63 años. Fue una afortunada coincidencia, porque ni María Fernanda Matos, entonces directora del ICC, ni yo, que me tocó coordinar la exposición, lo habíamos planeado así.

Toledo, además de autorizar la exposición, me concedió una entrevista que se publicó en un pequeño catálogo de la exposición.

Aquí se recuperan los fragmentos de la entrevista en los que Toledo habló sobre su admiración por la obra de José Clemente Orozco.

Francisco Toledo había recurrido al autorretrato con frecuencia. Los había hecho en pintura, dibujo, grabado y fotografía. En la gráfica, la mayoría trabajados con la técnica del azúcar, encontraba cierta relación con los autorretratos de Orozco.

“Yo me descubrí pintor en Oaxaca cuando tenía catorce años. Fue gracias a los libros que había en la pequeña biblioteca que tenía la Escuela de Bellas Artes donde por primera vez vi a Orozco, Rivera, Siqueiros y Tamayo. Lo de Orozco era lo que más me interesaba en ese momento, porque había textos de Justino Fernández donde explicaba todas esas ideas humanistas [de Orozco], el hombre en llamas, en fin, todo ese rollo que casi no dejaba ver la pintura; bueno, al menos a mí no me dejaba ver la pintura. Pero ya con el tiempo he olvidado toda la literatura alrededor de la obra de Orozco y ha quedado el pintor como un gran, gran artista. Claro, no lo puedo comparar con Tamayo porque es otro mundo.

“En este último viaje que hicimos a Los Angeles, cerca hay un pueblo que se llama Pomona; ahí hay una universidad donde Orozco pintó un mural con un Prometeo, y fuimos a verlo. En el pequeño museo que tiene esta escuela hay dibujos preparatorios para este mural que me emocionaron. Su obra gráfica igual, me interesa muchísimo. Nosotros tenemos algunas obras que compramos. En la colección del Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca debe haber como cuatro o cinco grabados, también algunas litografías, pero esos grabados me gustan mucho”.

–¿Para usted tiene algún significado especial exponer en el Cabañas, donde está una de las obras de Orozco más famosas?

–Claro, porque al leer a Cardoza y Aragón, Justino Fernández y todos los que hablaron y se entusiasmaron con la obra de Orozco, ese lugar era como un santuario donde para ellos había hecho la mejor de sus obras. Y, claro, estar ahí, bajo la mirada de los Orozcos, es un honor.

“Yo no conocí ahí [el Cabañas] sino hasta ya mayor. Hace quince años estuve en Guadalajara y fui a ver los murales. No sé si todavía existe, pero había toda una colección de dibujos de Orozco de primerísima; algunos me gustaron mucho más que los propios murales. Fuimos a la universidad y a Palacio de Gobierno. Lo de Palacio de Gobierno me impresionó más que lo otro; es impresionante el Hidalgo con ese fuego que se le viene a uno encima”.

–Usted también ha hecho autorretratos con fotografía…

–Sí, hice autorretratos en fotografía con la Polaroid, que después fueron intervenidas, rayadas con una punta de grabado que levantaba una pequeña superficie de la Polaroid; quedaba un surco, y en ese surco le ponía color en polvo. Era una técnica que es una mezcla de fotografía y grabado; claro, sin hacer la impresión, sino simplemente como hacer una punta seca, rayar directamente sobre la placa. Algún día vamos a exhibirlas; aunque ya se ha dispersado ese pequeño grupo de fotografías. Ya no las he hecho más. Creo que unas las expuse en Guadalajara, por cierto algunas como muy orozquianas.

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