Francisco Villa

Francisco Villa

Josefina Reyes Quintanar

El 2023 fue declarado el año de Francisco Villa por el Honorable Congreso de la Unión, los diputados hicieron esa designación para conmemorar los 100 años del asesinato del Centauro del Norte, ocurrido el 20 de julio de 1923 en Hidalgo del Parral, Chihuahua. Ocho asesinos emboscaron al general Villa mientras conducía su vehículo, sin saber a ciencia cierta quienes fueron los responsables; por una parte, varios ciudadanos acaudalados de Parral que tenían asuntos pendientes con él, por otra, el propio gobierno: el presidente de la República y su secretario de Gobernación y virtual sucesor, generales Álvaro Obregón y Plutarco Elías Calles, así como los gobernadores de Chihuahua y Durango. Quiso el gobierno actual quitarle la imagen de bandolero y asesino despiadado y reconocerlo como actor esencial en la historia de la Revolución mexicana.

Fue nombrado general en jefe de la famosa División del Norte, creada en 1913, para luchar junto al Ejército Constitucionalista. Por un tiempo provisional, fue gobernador de Chihuahua, donde fundó 50 escuelas en un mes, y en algunas de ellas él mismo asistía a clases a aprender a leer y escribir en sus ratos libres. Con este puesto, Villa tomó medidas que tuvieron gran impacto en el estado de Chihuahua beneficiando a los pobres y desempleados. Y no se diga de uno de los episodios que le dieron fama mundial: el 9 de marzo de 1916, Francisco Villa acompañado de 500 hombres perturbó la tranquilidad del pueblo de Columbus, localizada en el condado de Luna, en Nuevo México, libró una batalla de casi 6 horas que casi destruyó la localidad. Villa tenía la mera creencia de que existía un pacto entre el gobierno estadounidense y Venustiano Carranza, en el que México podría perder su soberanía y quedar reducido a un protectorado gringo. Aunque Estados Unidos envió a México 4,800 soldados, que llegaron a convertirse en 11,000 con el fin de capturar a Villa, vivo o muerto, todo terminó en un desastre militar y político para E.U. Esta ha sido la única ocasión en la que un ejército latinoamericano atacó territorio estadounidense.

De bandolero a ídolo nacional, José Doroteo Arango Arámbula fue un luchador clave desde los inicios de la Revolución mexicana, fue uno de los líderes principales junto a Emiliano Zapata representando una lucha a favor de los más desfavorecidos. Muchas son las historias que se cuentan sobre él, entre mitos y realidades, en ellas es retratado desde héroe hasta asesino o mujeriego lleno de excesos. Una de las biografías más completas es la que presenta Paco Ignacio Taibo II Pancho Villa, una biografía narrativa, en ella analiza cómo los vencedores de la Revolución (carrancistas y obregonistas) fueron quienes construyeron una “leyenda negra” sobre Villa, desmontando varias falsedades y confirmando la figura que fue Panchoo Villa.

El 5 de junio se cumplen 148 años de su nacimiento, vino al mundo en 1878 en el municipio de San Juan del Río, Durango; famoso es ya el rancho de La Coyotada donde un pequeño museo resguarda la finca que lo recibió, al “INOLVIDABLE GUERRILLERO GRAL. DE DIV. FRANCISCO VILLA” tal cual dice la placa sobre una puerta muy vieja de madera. Varias son las descripciones que hace Taibo II sobre él al inicio de su biografía: “un hombre que solía despertarse, casi siempre, en un lugar diferente del que originalmente había elegido para dormir…  Un hombre que se había casado, o mantenido estrechas relaciones cuasi maritales, 27 veces, y tuvo al menos 26 hijos… Un hombre que en la era de la ametralladora y la guerra de trincheras usó magistralmente la caballería y la combinó con los ataques nocturnos, los aviones, el ferrocarril… Un revolucionario con mentalidad de asaltabancos… El único mexicano que estuvo a punto de comprar un submarino, que fue jinete de un caballo mágico llamado Siete Leguas (que en realidad era una yegua) y cumplió el anhelo de la futura generación del narrador, fugarse de la prisión militar de Tlatelolco… Un hombre al que odiaban tanto, que para matarlo le dispararon 150 balazos al coche en que viajaba; al que tres años después de asesinarlo le robaron la cabeza”. Paco Ignacio Taibo II detalla en sus páginas la intensa vida de uno de lo más grandes revolucionarios mexicanos.