Grandezas de la Nueva Galicia /XXIII
Gabriel Michel Padilla
Capítulo 12 (85)
De cómo el padre Comisario general volvió a Cocula y de las cuestas de Malinalco.
Martes 3 de febrero de 1587
Treinta jinetes haciendo fiesta al padre Comisario, pájaros vivos.
Salió el padre Comisario de aquel pueblo acompañado de más de treinta indios de a caballo, los cuales camino llano, los cuales fueron delante dél haciendo la fiesta, unos una legua y otros legua y media y algunos dos leguas y pasado un cerrillo allí junto al pueblo, y luego el río sobre dicho por una puente de madera y andada una legua de camino llano, llegó a un pueblo pequeño llamado Tzoatlán, visita de Aguacatlán y de aquella lengua; no entró dentro porque estaba un poco apartado del camino pero estaba toda la gente aguardándole en un ramada que tenían hecha en el mismo camino, puestos todos en procesión con cruz, andas e imágenes, con música de trompetas y flautas; hincáronse todos de rodillas cuando llegó el padre Comisario y las mujeres y muchachos cantaban el Te Deum Laudamos en lengua mexicana (uso de toda aquella parte de Xalisco que mucho provoca a devoción). Finalmente pidieron la bendición cantada y habiéndoselas dado el padre Comisario, y agradecídoles lo que habían hecho, pasó adelante, y andado menos de un cuarto de legua de camino llano, llegó a otro pueblecito llamado Mezpán de los mismo indios y visita, donde se le hizo muy buen recibimiento con música de flautas y trompetas, saliendo también algunos indios a caballo y haciéndoles mal por hacerle fiesta, hubo muchas ramadas, y colgados de ellas, muchos pájaros vivos muy vistosos; dioles a los indios las gracias el padre Comisario y pasó adelante, y andados otros tres cuartos de legua de camino asimismo llano, por el mismo valle de Aguacatlán, ribera del río sobredicho, y pasado un arroyo llegó al pueblo de Itztlán, de la guardianía de Xala, donde a la ida había estado una noche a los catorce de enero. Estaba toda la gente junta, y fue recibido con mucho contento y devoción de todos; acudieron luego con presentes de melones plátanos y pan de Castilla, lo mismo que hicieron los de Mezpán y los de Xala, que también ofrecieron melones, tomates, guayabas y batatas y de unas raíces del que se hace el pan ordinario que se come en la Isla de Santo Domingo llamado cazabe; todos finalmente hicieron mucha caridad y regalo al padre Comisario, y estaban tan contentos de tenerle en su tierra, que no los podía despedir.
Miércoles 4 de febrero de 1587
Salió muy de madrugada de Itztlán, y dejando el camino que a la ida había llevado por Muchitic, tomó otro que le dijeron ser más corto, y pasado allí junto aquel pueblo un arroyo y más adelante otro, subió una cuesta de de tres leguas de camino no muy bueno, y cuando llegó a la cumbre era ya bien de día, aunque no había salido el sol;
Camino pestilencial y peligroso de andar con grandísimo tiento
después bajó otras tres leguas de cuesta muy agra y empinada y de camino muy pestilencial y peligroso, que por ser tan malo, no se usaba ya; va por una ladera y por la parte de arriba tiene una montaña muy alta y por la de abajo una hondura de barrancas que parece llegar a lo profundo y lleno de piedras, así fijas como movedizas y poco usado, y así es menester ir por ellas con grandísimo tiento y muy poco a poco para no rodar y hacerse pedazos, pero con el favor de Dios pasó el padre Comisario pasó estas dificultades sin peligrar ni caer. Llámanse aquellas cuestas y sierras en lengua mexicana Malinalco, corrupto el vocablo por los españoles, la llaman Marinaloca; bajado lo más áspero de aquella cuesta llegó el padre Comisario a un rancho que los indios habían hecho en el mismo camino, en el que le pensaban dar de comer (junto al cual nace una fuente de agua tibia) pero llegó tan de mañana que no había nadie en él así pasó adelante y acabadas de bajar las cuestas llegó a las diez del día a un arroyo de agua fría, donde tomó un poco de refresco y descansó un rato; cerca de aquel arroyo había algunos platanares y muchos paredones de casas donde según decían los indios hubo un pueblo llamado Malinalco del cual tomaron el apellido las cuestas y sierras sobredichas.
Llegada a San Marcos, ofrenda de rábanos
Partió el padre Comisario de aquel arroyo y pasado otro y subida una costezuela entró en camino llano y andada por él una legua, llegó a un pueblecito llamado San Marcos, siete leguas de Etzatlán, donde se le hizo muy buen recibimiento; salieron algunos indios a caballo, casi una legua del pueblo y llegado a él, el padre Comisario halló junta toda la demás gente a la puerta de la iglesia. Acudieron luego con sus ofrendas de melones y plátanos, pan y vino con un gran manojo de rábanos; allí comió el padre Comisario y descansó toda la siesta.
Llegada al pueblo y convento de Etzatlán
El mismo miércoles en la tarde salió de San Marcos, y pasados dos arroyuelos y unas ciénagas, que en invierno se pasan muy mal y andadas tres leguas no largas de camino llano por un valle muy ancho y largo en que se apacienta, y entonces estaba agostando, mucha suma de ganado menor de lo de Querétaro y México, llegó temprano al pueblo y convento de Etzatlán donde fue muy bien recibido y acudieron los indios con melones, pan de Castilla, gallos y gallinas de tierra, con mucha devoción. Visitó el padre Comisario porque a la ida no le había visitado, y detúvose allí hasta el viernes siguiente.




