Grandezas de la Nueva Galicia / XXV
Gabriel Michel Padilla
Martes 10 de febrero de 1587, martes de antruejo (carnaval)
Salió el padre Comisario de madrugada de aquel pueblo, y pasado un arroyo que corre por entre las mismas casas y algunas cuestas. Especial una para descender a un valle muy grande que llaman de Ayuquila, la cual tiene dos leguas de bajada, de camino malo y pedregoso y aún peligroso, y andadas en todo esto cinco leguas llegó muy lleno de sol y fatigadísimo a un pueblo muy pequeño de la misma guardianía de Autlán, de donde toman renombre la cuesta y valle sobredichos;
Llegada al pueblo de Ayuquila
recibiéronlo bien los pocos indios que ahí había, y habiendo descansado una hora prosiguió su viaje y pasado allí junto a un río que iba repartido en cuatro brazos, salió del dicho valle de Ayuquila, y subida y bajada otra mala cuesta aunque no tan larga pasó otro valle pequeño en el cual había muchos venados y bajada otra cuesta entró en otro valle grande y espacioso que llaman Autlán, en el cual se cría y apacienta mucho ganado mayor y menor; y
Llega el padre Comisario a la ciudad de Autlán un martes de carnaval
finalmente andadas dos leguas llegó casi al mediodía con un sol my recio y un calor excesivo al mismo pueblo de Autlán, donde así por el alcalde mayor y españoles que allí hay, como por indios, fue muy bien recibido y los unos y los otros lo acompañaron hasta dejarle en el convento, al cual acudieron los naturales de aquel pueblo y de los demás de aquella guardianía con sus ofrendas de aves y frutas y aún todos los días que ahí estuvo el padre Comisario venían los principales cada día a horas de comer a visitarle con alguna fruta, pescados y otros regalos, que toda es gente muy devota.
Fue aquel pueblo en los tiempos pasados de grandísima vecindad y población, según lo dicen los viejos y parece ahora por las ruinas de casas y por los muchos árboles frutales que hay en su contorno entre los cuales ordinariamente tienen los indios sus pueblos, especial en tierra caliente, como es aquella, pero con el cocoliste que fue una pestilencia y mortandad muy grande que hubo en aquella tierra, quedó todo destruido y con tan pocos vecinos que no llegan a doscientos. Los de aquel pueblo y de otros de aquella guardianía hablaban una lengua particular llamada Auteca, y en otros muchos lugares hay otra lengua diferente, pero los unos y los otros entienden casi todos y hablan la mexicana y en ella se confiesan y se les predica; todos caen en el obispado de Guadalajara y casi todos son de la jurisdicción de México. Dase en aquel valle mucha grana, danse membrillos, granadas, uvas, higos y plátanos y mucha y muy buena hortaliza; dase también fruta grande y gruesa a que los españoles llaman bonetes de abad, porque junto el pezón tienen cuatro picos, la corteza es blanda y tierna, y de ella y de la fruta entera cuando está pequeñita se hace buena conserva, tiene mucha carne de color amarillo, y entre la carne unos granillos que también como la carne (sic) y dicen son medicinales para la hijada, todo ello sabe un poco a brevas; el árbol es alto y grueso pero muy fofo, y ya está la fruta muy grande cuando echa la hoja. Hase tratado aquí de este árbol y de su fruta por ser muy particular y porque solamente se halla en aquella guardianía y en las de Zapotlán, Tuchpa, entre las demás de la Nueva España, excepto en la provincia de Yucatán donde es muy común en todas y llámase ahí Kumché.
Los indios de Autlán y de toda aquella guardianía andaban vestidos ellos y ellas como los de la provincia de Ávalos, según atrás se dijo cuando se trató del pueblo de Teocuitatlán. Viene a Autlán un buen golpe de agua y repártese por todo el pueblo; hay en aquella comarca algunas estancias de ganado mayor, y en ella y en el pueblo residen muchos españoles. Cógese por allí algún trigo y no lejos de aquel pueblo hay una mina de oro la cual no se beneficiaba entonces por andar de pleito los que la pretendían: hay también unas minas de cobre y valen mucho porque según dicen no hay otras en la Nueva España.
Fábrica de navíos para viajar a China en el puerto de la Navidad.
Llega aquella guardianía de Autlán a la mar del Sur, y una legua de un pueblo de la visita está un puerto, y junto al puerto se pescan perlas, y las que hayan grandes son finísimas; cuatro leguas de otro pueblo está el puerto de Navidad donde se hacen navíos para la China.
Las arrieras milagrosas de la Villa de Purificación.
Cinco leguas de Autlán, hacia el mismo mar del sur están una villa de españoles llamada la Purificación, y es del Obispado y jurisdicción de Guadalajara, tierra muy calurosa, en el cual hay algunas huertas y heredades del cacao y se crían alacranes muy ponzoñosos y chinchas voladoras y otras sabandijas sucias y penosas, para las cuales según lo contaron el padre Comisario personas fidedignas, proveyó Dios un remedio maravilloso, y es que temporadas acuden a aquella villa bandadas de unas hormillas que llaman arrieras, y entran en las casas sin hacer mal a otra cosa, suben a los techos, y de ellos y de los agujeros echan abajo, muertos, cuantos alacranes y chinches topan, y hecho esto en una casa se pasan a otra a hacer lo mismo, y de ahí a otra y a otra, y así limpian todas. El convento de Autlán es pequeño, hecho de adobes y cubierto de terrados de ladrillos; la iglesia también es de adobes, pero cubierta de paja, tiene una bonita huerta de mucha arboleda y hortaliza, la cual se riega con un golpe de agua que en ella entra, de la cual se reparte por el pueblo, como queda dicho; la vocación del convento es de Transfiguración, moraban en el dos religiosos, visitólos el padre Comisario, y detúvose ahí toda aquella semana de la Ceniza, y predicó a los españoles el miércoles y el domingo siguiente, con que todos quedaron muy consolados, y después prosiguió su visita.
