Grandezas de la Nueva Galicia / XXVIII

Grandezas de la Nueva Galicia / XXVIII

Gabriel Michel Padilla

Capítulo 16 (90)

De cómo el padre Comisario fue a Colima y a Tuchpa

Miércoles Diez y ocho de febrero de 1587

Después de comer, salió el padre Comisario de Zapotitlán, camino de Colima, y pasados dos grandes barrancos con grandísima polvareda, y andando un gran trecho, por una loma, entre otras dos barrancas profundísimas, bajo una larga y mala cuesta, y llegado a lo llano, y pasado un riachuelo, halló en su ribera una ramada hecha de ramas de árboles, bien aderezada de imágenes y muchas naranjas, colgadas en ella una campana con la cual y con trompetas solemnizaron su llegada muchos indios de una visita de Zapotitlán, que está algo desviada de aquel camino, en unos altos. Estaban junto a la ramada todo el pueblo, indios e indias, chicos, y grandes, pidieron la bendición, hincados de rodillas como en otros pueblos, y habiéndoselas dado el padre Comisario, a su instancia y ruego y por no desconsolarlos, se detuvo con ellos media hora; ofreciéronle una gran jícara de guayabas, otra de piñas y otra de plátanos y otra de bagres vivos, que acababan de sacar del río de Tuxcacuesco, que corre un tiro de piedra de allí, en el cual entra el riachuelo sobredicho, después de haberle sangrado por muchas partes los indios para regar muchos plantares que tienen en sus riberas; agradecióles el padre Comisario su devoción y caridad, y pasando adelante, camino del río de Tuxcacuesco abajo, por la ladera de una sierra, por un camino estrecho aun peligroso, porque la una parte estaba la sierra sobredicha y por la otra la hondura por donde corre el río, y pasado otro riachuelo que se riegan otros muchos y muy grandes plantares y andadas en todo esto tres leguas, llegó subida una cuesta antes que el sol pusiese a un pueblecito llamado Matzatlán de la guardianía de Zapotitlán; hízosele buen recibimiento, salieron algunos indios, a caballo buen trecho antes que llegase, y otros muchos de a pie, dando voces y alaridos como chichimecas y salió una danza de negros contrahechos y otra de indios con un juego que llaman del palo. Luego llegaron los principales y le ofrecieron pan de Castilla piñas y anonas, y le hicieron mucha caridad: descansó en aquel lugar aquella noche.

El juego del palo, el indio diestro en manejarlo

El juego del palo sobredicho se usa en todas las indias de la Nueva España, pero no hay muchos indios que lo sepan jugar, y de estos son pocos los que lo saben bien hacer; el indio que lo jugaba en aquel pueblo era diestrísimo y lo hacía maravillosamente, si él fuera a España, en poco tiempo se hiciera rico con su juego, porque es muy vistoso y requiere mucha maña, fuerza y destreza. El palo es rollizo y pesado, de más de dos varas de medir de largo y de un coto de redondo, tráele de ordinario labrado y pintado; pónese de espaldas al suelo y pone una almohadilla debajo de los lomos cogiendo el palo con lo mismo pies descalzos se le pone sobre las plantas, teniendo las piernas levantadas hacia el cielo, de allí lo arroja en alto y lo vuelve a recoger en ella muchas veces y muy al compás, al son de un teponaztle pequeño que está tañendo otro indio, el cual con los demás de la danza anda danzando y cantando rededor del que juega el palo haciendo también son casi todo con  sonajas de la tierra, que son unas jicarillas con muchos agujeros y dentro algunas pedrezuelas u organillos que suenan mucho: otras veces traía el palo alrededor, al mismo son, pero muy de prisa sobre la planta de un pie meneándolo con el otro y otras veces con solo un pie lo arrojaba en lo alto y le tornaba a recoger en la planta, todo al son u compás como dicho es. También se le ponía sobre los muslos y de allí lo arrojaba (sin ayudarse en estos ni en lo demás de las manos) y le recogía en las plantas proseguía su juego; de allí le bajaba, se le ponía entre las pantorrillas y en vez de los muslos, y con su vaivén que daba, le echaba en alto y lo recogía asimismo en las plantas, y así le hacía dar muy aprisa al mismo son muchas vueltas alrededor, como cuando va rodando un palo rollizo. Puso otra vez atravesado el palo sobre las rodillas e hizo que dos muchachos de los que bailaban y danzaban, se pusiesen sobre él ahorcajados en cada punta del palo el suyo, de allí los levantó y puso en las plantas de los pies y jugaba así con el palo y muchachos haciendo mudanzas con ellos al son del teponaztle, después tomó en los pies a los muchachos, a cada uno el suyo por las horcajaduras y levantando en alto danzó con ellos subiendo a uno y bajando otro, todo muy al son del compás. Sin estos hizo otros muchos juegos y vueltas así con el palo como con los muchachos, que fuera ya mucha prolijidad contarlos. Hízose aquí mención de este juego por ser rara cosa y digna de admiración. Aquella tarde echó el volcán de Zapotitlán gran cantidad de humo, por una boca que tiene en lo alto e hízose de ello una nube grande.

Jueves 19 de febrero de 1587       Travesía peligrosa

Salió el padre Comisario a de Matzatlán a la una de la mañana y bajadas y subidas muchas y muy malas cuestas, bajó finalmente al río de Tuxcacuesco el cual va por allí muy grande y tiene un mal vado lleno de piedras que le hacen muy peligroso. Pasóle bien el padre Comisario con la claridad de la luna, guiándolo algunos indios puestos a un lado y otro de la bestia en que iba para poder socorrer de presto si por ventura cayese. Pasado el río que está una legua de Matzatlán, caminó otras tres de camino muy malo y perrísimo de cuesta arriba y abajo con muchas piedras y malos picos atravesando quebradas y laderas de sierras muy trabajosas. Pasó un arroyo  que sale de una fuente junto al mismo camino y riega un gran plano con grandísima furia y ruido y que riega un platanar y pasada después una montaña y después otro arroyo dentro de las tres dichas leguas, llegó antes que amaneciese.