Grandezas de la Nueva Galicia / XXX
Gabriel Michel Padilla
La fuente misteriosa de un pueblo de la guardianía de Colima
En una visita de aquel convento está una fuente que cada luna nueva, mana tres días tanta agua, que con ella riegan los indios sus milpas y crece un río que corre por allí cerca y pasados aquellos tres días queda tan seca como si nunca hubiese tenido agua, cosa maravillosa. Está aquella fuente diez leguas del mar del Sur, y el agua que de ella mana es salobre.
Viernes 20 de febrero
Salió de Colima luego en acabando de comer el padre Comisario con un sol recísimo y un calor excesivo, y andadas seis leguas el rededor del volcán de Zapotitlán,
Veintitrés arroyos en la ruta volcánica, llegada a Tonitlan (Tonila)
de la guardianía de Tuxpan llamado Tonitlan, tierra fresca y apacible donde fue muy bien recibido de los pocos indios que allí había. Estaban todos juntos a la puerta de la iglesia y cantaron las indias el himno Memento salutis autor, en la lengua mexicana, y los indios ofrecieron al padre Comisario ramilletes hechos de clavellina y claveles de Castilla; después dieron colación y le hicieron mucha caridad. En todas aquellas seis leguas hay mucho ganado mayor, vacas y yeguas, que es tierra muy viciosa, de grandes pastos y de muchas aguas, que salen del volcán sobredicho; hay también una heredad muy grande de trigo de regadío y un molino en el que se muele lo que en ella cogen. Pásanse algunas cuestas y dos o tres barrancas no muy sabrosas; hay por allí casi en todas las seis leguas, muchos edificios caídos y casas arruinadas, señales manifiestas de haber sido todo aquello muy poblado.
Súbito temblor a la hora de las Avesmarías
Yendo aquella tarde el padre Comisario bajando una de aquellas cuestas, tembló la tierra a la hora de las Avesmarías, y sonó un ruido muy grande como de tiro pieza de artillería gruesa cuando se dispara. Procedió todo aquello del volcán de Zapotitlán, y después se supo que había hecho mucho daño en aquel convento dejando muy atormentadas las paredes de él.
Sábado 21 de febrero de 1587. Rumbo a Tuxpan
Salió muy de madrugada el padre Comisario de Tonitlan, pasados seis arroyos y cinco barrancas, las dos de ellas muy malas, llegó muy temprano a un arroyo que corre por la última (barranca) cuatro leguas del lugar de donde había salido; allí junto al mismo arroyo, entre unos plátanos, halló muchos indios de Tuxpan que le estaban aguardando con la comida. Detúvose allí a comer por consolarlos, aunque pudiera llegar a tiempo al convento, hiciéronle mucha caridad y regalo, pero los mosquitos hicieron su oficio molestándole con sus heridas importunas.
A las dos de la tarde salió de aquel rancho con un terrible sol, y subida aquella mala barranca que tiene algunos pedazos de mal camino y aún peligroso apenas había salido de ella y llegado a lo alto, cuando comenzó a bajar otra peor y más peligroso camino; llegó a lo bajo muy despacio porque su aspereza no daba lugar a otra cosa, luego subió una cuesta y bajó una senda tan angosta que topando en ella una arria de bestias cargadas, fue necesario volverse arriba para que la arria pasase, y aún fue no poco poderlo hacer sin daño. Bajada aquella cuesta fue caminando un buen trecho por camino llano, ribera de un río arriba, y dejando ir el río a la mano derecha por la barranca, en la cual entra la otra, subió la cuesta arriba por un camino pestilentísimo, en que pasa muchas veces un arroyo de agua fría que se va a juntar con el río sobredicho; subida aquella cuesta salió el padre Comisario de aquella penosa barranca, pero presto dio en otra muy profunda por la cual corre un riachuelo; bajóla y pasó el río y al subir de la barranca para salir de ella, pasó otros tres riachuelos que corren por otras tantas quebradas e iban todos a dar al río sobredicho. De todas estas barrancas, las siete son las más malas y llámanlas las barrancas de Colima, aunque otros les dicen los siete pecados mortales por ser tan malas de pasar.
Los trompeteros de Tuxpan, el alcalde y caciques indios lo reciben
En lo último de aquella barranca estaban los trompeteros de Tuxpan, y más adelante el alcalde mayor de aquella comarca y muchos españoles que allí residen; luego llegaron los indios principales del pueblo y le ofrecieron al padre Comisario, ramilletes de flores de tierra caliente, muy olorosas. Tras éstos acudieron otros muchos indios a caballo, que fueron de él haciéndole fiesta y corriendo sus caballos hasta llegar al pueblo y convento de Tuxpan tres leguas del arroyo y platanar donde había comido.
Festiva recepción en el pueblo de Tuxpan
Hízosele en Tuxpan muy solemne recibimiento; había muchas ramadas y en ellas puestos altares y en cada ramada había mucha gente, indios e indias, en las puertas de las casas tenían levantadas en alto muchas banderillas de lienzo blanco y de mantas de algodón muy labradas de muchas labores; junto al convento estaba el cuerpo de la gente del pueblo, con música de flautas y chirimías, y entre la gente había como doscientas indias doncellas de las de la doctrina puestas todas en procesión en dos órdenes o rengleras, la mitad a una parte y la otra mitad a la otra; todas con tocas largas muy blancas y sobre las cabezas puestas guirnaldas de flores; iban estas doncellas cantando Te Deum Laudamus en lengua mexicana con tanta devoción que a todos se la ponían; no cabían en el patio de la iglesia de gente ni dejaban pasar al padre Comisario según la prisa que daban a llegar a besarle el hábito.
