Grandezas de la Nueva Galicia / XXXIV

Grandezas de la Nueva Galicia / XXXIV

Gabriel Michel Padilla

 

Método para la elaboración de sal en Atoyac

El orden que tienen los indios en hacerla es el que sigue: de aquellos salitrales allegan muchos montones del polvo y salitre que está encima, y echándole, unos tinajones le van echando agua, meneándolo y revolviéndolo muchas veces, y cebándolo siempre con agua hasta la cantidad que ellos saben, y de esto sacan lejía, como se saca de la ceniza mezclándole agua; junto de estos tinajones, hacen en el suelo un hoyo redondo, a madera de calera no muy hondo y menos de una vara de medir alto del suelo y dejando hueco y concavidad en qué echar la leña y lumbre, ponen encima muchas ollas chicas y grandes, asidas y trabadas unas con otras puestas en orden y concierto, de manera que queda cerrado todo el redondo del hoyo; luego hinchan las ollas de aquella lejía, y vanles dando fuego por debajo por unas bocas grandes que dejan a los lados y con ese fuego se cuajando la lejía y convirtiéndose en sal  y  poco a poco van añadiendo lejía hasta tanto que todas las ollas queda llenas de sal cuajada; y echan esta lejía tan atentamente, que todas juntas vienen a quedar llenas de sal cuajada a un punto: luego quitan el fuego, y después las ollas, y quedan los panes de sal enteros, blancos y muy vistosos, y entre éstos sacan hombres de sal, medios hombres y cabezas y otras figuras, según lo que estaban figurando en cada una de las ollas, las cuales sirven de moldes.

Miércoles 4 de marzo de 1587

Salió el padre Comisario muy de día de Atoyac y andada una legua de camino llano, y tornada de atravesar la laguna sobredicha por la otra parte de la calzada, que también estaba seca, y habiendo visto en el mismo camino un horno de aquellos de sal y advirtiendo que se hacía de la manera sobredicha:

Llegada del padre Comisario a Techaluta

llegó al pueblo y convento de Techaluta, que está a un lado del dicho valle, al pie de una sierra donde se le hizo muy buen recibimiento.

El rico avariento escenificado y simulacros de guerra en su recepción.

Salieron cuatro indios de a caballo vestidos de librea, los tres con sendas espadas y uno con pistolete, e hiciéronle fiesta corriendo sus caballos y arremetiendo a otros indios de a pie que iban en traje de chichimecas, había muchos arcos y ramadas e infinidad de indios, y acompañado de todos y de una danza llegó a la puerta del patio, donde brevemente en lengua mexicana, representaron la historia del Rico Avariento, en un tablado que para ello tenían hecho, a cuyo pie tenían un mitote o baile a su modo.

Descripción de Techaluta, sus productos, su lengua, sus vecinos.

Es aquel pueblo, de mediana vecindad y del mismo temple que Atoyac y Amacueca, y así se dan en él las mismas frutas y hortalizas; la lengua materna de aquel pueblo y los demás de las visitas es pinome, y pocos de ellos entienden la mexicana y menos la hablan, y así se confiesan  muchos por intérprete; cae aquella guardianía en el mismo Obispado, provincia y jurisdicción que Atoyac. El convento es una casita alegre, aunque pequeña, de aposentos bajos, hechos de adobes, con una iglesia y cubierto todo de paja; tiene un bonita huerta en que se dan mucha frutas y hortalizas, y había a la sazón brevas maduras; danse también biznagas de Castilla, y riégase todo con agua de pie. La advocación del convento es de San Sebastián, moraban en él dos frailes, visitólos el padre Comisario y detúvose con ellos aquel día.

Jueves 5 de marzo de 1587

Ofrendas de jícaras de miel del monte.

Salió de Techaluta, una hora antes que amaneciese, y andada una legua, le salieron, cuando amanecía, al camino, unos pocos de indios e indias de un pueblo pequeño de aquella guardianía y en una ramadilla que ahí tenían hecha, le saludaron y le ofrecieron una gran jícara de panales (que traen de los montes) de miel muy dulce y sabrosa, agradecióles el padre Comisario la devoción y caridad y pasó adelante y andadas otras dos leguas de buen camino,

Recepción del alcalde de Zacoalco, bendición cantada, indios a caballo.

llegó al pueblo y convento de Zacoalco, donde asimismo fue muy bien recibido, salió el alcalde mayor de aquella provincia con algunos españoles casi una legua, y con ellos algunos indios , todos a caballo, a la entrada del pueblo había un gran golpe de gente, la cual pidió cantada la bendición, dióselas el padre Comisario y prosiguió su camino hasta llegar al convento, que está de allí un gran trecho, y estaba todo regado por causa del gran polvo; había muchos arcos y ramadas y en dos de ellas, dos zaharones, en cada uno sendas guitarras, bailando y haciendo meneos y visajes extraños.

El niño encuerado, enmascarado y pintado como de muerte.

En la última ramada, estaba en lo alto un niño de cinco a seis años desnudo, en cueros, pintado como se pinta la muerte, y con una máscara también de muerte, danzaba al son de una guitarra que a todos daba qué mirar y considerar.

 

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