Grandezas de Nueva Galicia / XXI
Gabriel Michel Padilla
Domingo primero de febrero de 1587
Le obsequian, truchas, vino, plátanos, chiles verdes y pan de Castilla
Acudieron muy de mañana los indios de aquel pueblo y de otros comarcanos a ver al padre Comisario, le ofrecieron muchos y muy buenos melones, plátanos, chile verde, huevos, pan de Castilla, gallinas y una bota de vino y muchas y muy buenas truchas que se toman en un río que corre por aquí cerca agradecerles el padre comisario y les dijo luego misa para partirse luego a Aguacatlán que está tres leguas más adelante desde donde les envió un fraile que también se la dijo al día siguiente, que era la fiesta de la purificación, y les bendijo las candelas. Luego en diciendo misa salió el padre Comisario general de aquel pueblo, ya altillo el sol con el mismo acompañamiento de danzas chichimecas, y gente de caballo con que aquella noche había entrado, los cuales le acompañaron un buen trecho y luego se volvieron a sus casas;
La yegua de la mano larga y uña hueca, su jinete exhibe destrezas raras
entre éstos salió un indio caballero en una yegua, la cual tenía la una mano una tercia más larga que la otra y con llevar arrastrando toda aquella tercia y una uña de casi un palmo toda hueca, la hacía de correr y por hacer fiesta al padre comisario y ni él ni ella cayeron. Aquellas tres leguas que hay desde Tetitlán a Aguacatlán son casi todas de buen camino y llano el cual va alrededor del volcán de Xala de quien atrás queda dicho, por un valle demasiadamente caluroso; pásase un arroyo de agua tibia y que huele a piedra azufre el cual nace de la raíz y pie del volcán, desde lo alto del volcán sobredicho desciende uno como río ancho de piedra negra requemada de gran altura, el cual atraviesa el camino y todo el valle hasta llegar muy cerca del río Aguacatlán que corre por una barranca por el cabo del mismo valle.
Leyenda del volcán, castigo por sodomía
Se tiene por cosa muy cierta que en los siglos pasados reventó aquel volcán y echó de sí aquella piedra, la cual es tanta que pone admiración y espanto a los que la ven y entre los indios viejos que afirman esto hay tradición de sus antepasados que donde está ahora aquella piedra, habían antiguamente un pueblo de indios y que por ser muy dado a vicios, como los de Sodoma, permitió Dios que reventase aquel volcán y que ellos muriesen cubiertos de aquella piedra que de él salió y que de aquella piedra de la reventazón de aquel volcán es cosa verosímil así por otras revelaciones que ha habido en otros tiempos como fue la del volcán Bombacho junto a Nicaragua, como atrás se dijo y la del volcán de Guatemala y de otros, como porque desde abajo se ve el lugar desde donde comienza que el río de piedras el cual está como si en la ladera de una sierra se hiciese un pozo o cueva y puede ser desde la boca echando la tierra y piedras para abajo, que en lo alto queda hecho como un lomo o valladar y desde allí se va siguiendo lo que así va descubriendo hacia abajo; así está aquella piedra y como salió con ímpetu y en tanta cantidad, una fue empujando a la otra hasta que llegó lo que primero salió cerquita del río, yendo hasta ello lo demás como iba saliendo y cuando se consumió el fuego u otra cosa, que con violencia muy grande le echaba fuera, cesó de salir más piedra y así no pasó al río delante, como falto lo que la arrojaba y empujaba y como salió aquella piedra desde dentro del volcán rehundió la tierra y piedra que había encima para henchir aquel volcán, y así quedaron en lo alto hechos los tres hoyos que atrás quedan dichos. En toda aquella piedra negra requemada como escorias de hierro, en toda ella no hay un árbol ni hierba ninguna ni señal de haberla habido en algún tiempo y tiene una negregura tan extraña que desde un poco lejos parece sombra de algún monte y está de tal suerte que parece que la echaron a rodar desde arriba y la derramaron a carretadas con muy grandes carros.
Camino sobre piedras volcánicas terraplenado. Aguacatlán, recepción
Por encima de aquellas peñas pasa el camino que las atraviesa; teníanle aderezado los indios, quitadas muchas de ellas y echado en un lugar mucha tierra y así le pudo pasar al padre comisario al cual salieron a recibir media legua antes de llegar a Aguacatlán diez o doce españoles que residen en aquel pueblo y su comarca y con ellos más de cuarenta indios a caballo los cuales fueron corriendo a este lugar haciendo caracoles del padre Comisario, iban también treinta indios coanos a pie, con mucha plumería en las cabezas y adargas con sus arcos y flechas, de la manera que suelen ir a pelear y los unos y los otros iban dando gritos y alaridos a su modo; hubo también muchas danzas que regocijaron asimismo la fiesta y con todos estos y otra mucha gente sin número, pasados muchos arcos y ramadas en que había algunos altares y en ellos puestos algunos melones, llegó el padre comisario al dicho pueblo de Aguacatlán tan lleno de polvo él y los que con él iban, que españoles e indios todos parecían de un color.
