Grandezas de la Nueva Galicia / XXIV
Gabriel Michel Padilla
Viernes 6 de febrero de 1578
En la tarde, salió el padre Comisario de Etzatlán, y andadas dos leguas y media en que se pasa un arroyuelo, llegó temprano al pueblo de Ayahualulco, donde fue muy bien recibido y descansó aquella noche,
Cuervos y buharros que cazan lagartijas y sabandijuelas quemadas.
habían, aquella tarde pegado fuego a las sabanas y dehesas de aquel camino, lo cual hacen para que luego en lloviendo salga yerba nueva para el ganado, y así en todas aquella dos leguas y media llevó fuego y humo el padre Comisario de una parte y de otra del camino, con lo cual y con el calor del sol que era recísimo, llegó muy caluroso y cansado al pueblo: cuando así se queman las sabana y montes de aquella tierra, y en otras muchas de la Nueva España, andan volando muchos cuervos y otras aves que llaman buharros, en lo alto sobre el fuego, haciendo caracoles y dando vueltas, y en pasando el fuego se abaten y bajan a la tierra quemada y andan por ella a caza de lagartijas y otras sabandijuelas, que el fuego ahogó y dejó medio muertas lo cual causa admiración y convida a alabar a Dios que tal instinto dio a aquellas aves para procurar su sustento.
Sábado 7 de febrero de 1587.
Salió el padre Comisario de Ayahualulco tan de madrugada, que a las ocho de la mañana tenía andadas siete leguas y estaba en el pueblo y convento de Cocula, de donde había partido un lunes en la tarde (doce del pasado mes de enero) como atrás queda dicho, no pensaron los indios que llegara tan de mañana, y así estaban descuidados aunque ya comenzaban a barrer las calles, y tenían hechos algunos arcos para su recibimiento. Son todas aquellas iglesias siete leguas de camino llano y pásanse en ellas una malas ciénagas y dos riachuelos (lo cual pasó de noche el padre Comisario) y últimamente un arroyo cerca de Cocula, en el cual pueblo se detuvo todo aquel día y el siguiente.
Capítulo13 (86)
De cómo el padre Comisario general fue al convento de Autlán y de la provincia de Martín Monje y Villa de Purificación.
Lunes 9 de febrero de 1587
Prosiguiendo el padre Comisario su visita, salió del convento y pueblo de Cocula la vía de Autlán, lunes nueve de febrero no muy de madrugada; y tornando a pasar el arroyo sobredicho, y andadas seis leguas de muchas cuestas y caminos pedregosos, llegó ya muy alto el sol, a un pueblo de aquella guardianía, llamado Tecolutla, donde los indios y españoles que ahí residen, lo recibieron muy bien y le hicieron mucha caridad; está aquel pueblo en un valle en el cual se recoge mucho trigo de regadío que se riega con un arroyo que corre por el mismo valle de agua muy delicada y buena de beber, que desciende y se despeña por una sierra muy alta; hay ahí cerca, minas de plata que se beneficiaban entonces y acudía de ellas mucho metal. Aquel pueblo y otros quince comarcanos caen en una provincia llamada de Martín Monje, porque así se llamaba en primer encomendero que los tuvo en encomienda, y entonces los tenía un hijo suyo del mismo nombre.
La misteriosa columna de mil pies de altura
Cerca de uno de aquellos pueblos hay una columna antiquísima de piedra tendida en el suelo hechas muchas piezas y éstas muy esparcidas y sembradas por la tierra. Es aquella columna labrada en redondo y según parece por los pedazos que de ella se ven, fue altísima de más de mil pies; pedazos hay ahora que tienen ochenta, otros a veinte y otros a menos, y dicen los indios viejos que estaba antiguamente aquella columna levantada en pie sentada sobre un cerro, y que sobre toda ella, en lo alto, se ponía por arte e industria del demonio el sacerdote de los ídolos y desde allí predicaba a los indios y que cuando entraron los españoles en la Nueva España, huyó el demonio de la columna y la arrojó y la aventó el cerro abajo, con que se hizo pedazos, de los cuales contó el guardián de Cocula, al padre Comisario, que había visto algunos, y que lo demás había sabido de algunos indios viejos.
Llegada al pueblo de Xuchitlán
Aquella misma tarde salió el padre Comisario de Tecolutla, y andadas dos leguas largas de camino de muchas cuestas con un sol recísimo, llegó a un pueblo pequeño de la misma guardianía de Cocula llamado Xuchitlán, recibiéronlo muy bien los indios y ofreciéronle un gallo grande de la tierra; agradecióles su devoción y caridad y pasó adelante y andadas otras dos leguas de peor camino, en que había algunas malas cuestas y dos arroyuelos, llegó de noche a otro pueblo pequeño llamado Itztlauac, de la guardianía de Autlán, estaba junta toda la gente a la puerta del patio y recibiéronle muy bien, diéronle de cenar con mucho contento, y descansó ahí aquella noche.




