Grandezas de la Nueva Galicia / XXVI
Gabriel Michel Padilla
Capítulo 14(88)
De cómo el padre Comisario prosiguió su visita y llegó a Zapotitlán, y de algunas cosas notables.
La música de flautas, chirimías, y danzas al llegar a Zacapala.
Domingo primero de cuaresma, quince de febrero, salió el padre Comisario, después de comer, del convento y pueblo de Autlán acompañado del alcalde mayor y de otros españoles, los cuales fueron con él un gran techo, y vueltos para sus casas, prosiguió él su viaje; y andadas dos leguas de camino llano, con un bravísimo sol, llegó antes que se pudiese a un pueblecito llamado Zacapala, visita del Autlán y de aquella lengua, donde fue recibido con música de flautas y chirimías y con danzas, y se le hizo mucha caridad.
Gran inundación del río Ayuquila, naufragio de una familia
Por cerca de aquel pueblo corre el riachuelo que el padre Comisario pasó por cuatro brazos junto a Ayuquila el día que entró a Autlán el cuál según le certificaron frailes y seglares, había venido pocos días antes con tan grande y furiosa avenida y creciente, que no sólo destruyó a los pobres indios las milpas de maíz que tenían en sus riberas, pero no les dejó tierra en qué poder sembrar porque se la llevó con su creciente, y dejó en su lugar mucha piedra guijeña que trajo de otras partes. Derribó y anegó muchas casas de indios, pero saliéronse los moradores huyendo con tiempo; solas seis personas, o porque les cogió durmiendo o porque estaban descuidados, no pudieron huir porque cuando lo quisieron hacer se hallaron cercados de agua, hicieron un agujero en el techo de la casa que era de madera y paja, por el cual subieron a lo alto y se pusieron sobre el caballete, pensando librarse allí entendiendo que presto se amansaría aquel ímpetu; pero fue tanta el agua que cubrió las paredes de la casa y tan recia su furia que arrancó el techo todo entero, y se le llevó yendo sobre él las seis personas, que eran marido, mujer y cuatro hijos; quiso Dios que no se trastornase el techo, y que llevado así por el agua se detuviese atravesado en unos árboles, donde estuvieron los pobres cuatro días hasta que tanto que paso la avenida y los socorrieron y remediaron; hallándose muy fatigados y desmayados, porque no habían comido sino algunas cañas y mazorcas de maíz que pudieron coger de las que el río llevaba de las milpas y cañas que había destruido, solo un niño de teta murió con el frío y humedad del agua y tiempo y por no poderle la madre socorrer con leche; sucedió esto el día de la Natividad de Nuestra Señora, o en su infraoctava, y túvose por misericordia y beneficio de la Madre de Dios.
Lunes 16 de febrero de 1587. Hacia Tuxcacuesco
Salió muy de madrugada el padre Comisario de Zacapala, y pasado allí junto al río sobredicho, que ya entonces llevaba poco agua, y andadas dos leguas de buen camino, salió al amanecer del valle de Autlán por una cuesta de muchas piedras y subidas y bajadas y pasado otro arroyo que corre una legua más adelante, y andadas después otras dos, y pasado al cabo de ellas un río que llaman Tuxcacuesco, en que se pescan algunos bagres y algunas truchas, llegó al mismo pueblo de Tuxcacuesco, cinco leguas de Zacapala de la guardianía de Zapotitlán, donde fue muy bien recibido, salió el alcalde mayor y tres o cuatro españoles una legua del pueblo, después salieron los indios con mucha música y algunas danzas e invenciones. Díjoles luego misa el padre Comisario, y detúvose ahí todo aquel día en el cual le hicieron mucha fiesta y caridad.
Martes 17 de febrero de 1587. San Pedro Toxín
Salió el padre Comisario de aquel pueblo tan de madrugada, que pasado tres veces el río sobredicho de Tuxcacuesco, y andadas dos leguas y media, llegó aún muy noche a otro pueblecito de la misma guardianía llamado San Pedro. Es camino sin piedras, pero tiene algunas cuestas y barranquillas orilla el río, de pasos no muy gustosos, y para entrar en el pueblo se pasa otro río que lleva más agua y corre por entre piedras con más furia, llámase el río de San Pedro, y péscanse en él bagres y truchas como en el de Tuxcacuesco, con el cual se junta ahí cerca;
Recibimiento nocturno en el pueblo San Pedro
Hízosele en aquel lugar muy buen recibimiento, salieron al camino muchos indios en traje de chichimecas y fueron delante del padre Comisario bailando y danzando, dando gritos y alaridos por entre arcos y ramadas hasta que lo metieron en su pueblo, donde estaba toda la gente junta con muchas luminarias con música de trompetas y flautas y chirimías y con algunas otras danzas. Era tanta su devoción, que quisieron acompañarle hasta el otro pueblo pero no permitió el padre Comisario que pasasen de las últimas casas del suyo y habiéndoles dado allí las gracias, prosiguió su viaje y andada otra legua y media de camino razonable, llegó cuando amanecía a otro pueblo de la misma
Fiesta, danzas, música de tambores y chirimías al amanecer en Teuhtlán.
guardianía llamado Teuhtlán, donde fue recibido con mayor solemnidad que en el de San Pedro, porque en toda aquella legua y media fueron delante de él muchos indios unos tañendo trompetas otros cantando y bailando como chichimecas dando alaridos de fiesta y regocijo. Desde un pueblo a otro, estaba todo el camino lleno de arcos puestos a trechos, y junto a Teuhtlán había muchos más y muchas ramadas, y a la entrada del pueblo estaba toda la gente junta y puesta en procesión con música de flautas y chirimías y con candelas de cera encendidas en las manos, hincáronse todos de rodillas y pedida la bendición por los cantores, se la dio el padre Comisario y luego las mujeres cantaron el Te Deum Laudamus en lengua mexicana y lo fueron cantando hasta llegar al patio de la iglesia donde acudieron todos a besarle el hábito y la mano con tanta prisa, que unos a otros se impedían; y habiéndole ofrecido muchos melones, piñas y pan de Castilla, les dio las gracias y pasó adelante: bajó allí junto al pueblo una barranquilla, y pasó por ella dos ríos, el de Tuxcacuesco y el de San Pedro que ya van por ahí juntos en uno; vadeóle y luego subió una penosa cuesta, y andando un trecho de camino llano, llegó a una muy honda barranca, la cual se hizo menos dificultosa de pasar, porque tenían los indios enderezado el camino. A la entrada tenían hecha una ramada, y en lo bajo otra, y a la salida otra, allá en lo alto en la cual estaban los principales de un pueblo aguardando al padre Comisario con un buen recibimiento y ofrenda de plátanos y piñas, y una gallina de la tierra. Dándoles las gracias y pasó adelante, y por un camino llano, aunque de rodeo, por salvar unas malas barrancas,
