Por: Eduardo Esquivel Torres
Lunes 6 de abril.- Lo que antes se decidía en tierra, con brechas y “halcones”, hoy se disputa a kilómetros de altura. La batalla entre el Estado mexicano y los cárteles de la droga ha escalado al espacio y al espectro digital, donde el uso de satélites y drones de última generación se ha vuelto el arma definitiva para ambos bandos.
Las Fuerzas Armadas mexicanas (SEDENA y SEMAR) han perfeccionado la detección de cultivos ilícitos mediante el uso de imágenes satelitales de alta resolución y firmas espectrales. Gracias a la tecnología infrarroja, las autoridades pueden “ver” a través de la densa vegetación de la Sierra Madre.
Cada planta tiene una huella de luz única. La amapola y la marihuana reflejan la radiación solar de forma distinta al pino o al encino.
Esta información, procesada en estaciones de recepción satelital, permite que las tropas lleguen con coordenadas exactas a laboratorios clandestinos y plantíos, logrando una efectividad operativa superior al 90%. Aunque México cuenta con nanosatélites académicos como el GXIBA-1 (enfocado en el monitoreo del Popocatépetl), la inteligencia militar depende hoy de constelaciones internacionales para mantener la vigilancia fronteriza.
Por otro lado, los grupos criminales no se han quedado atrás. Aunque no poseen nanosatélites propios —debido a la complejidad de rastreo que esto implicaría—, han demostrado una capacidad asombrosa para aprovechar servicios comerciales.
El uso de internet satelital de alta velocidad, como la red Starlink, se ha vuelto vital para la “Mayiza” y los “Chapitos” en Sinaloa, permitiéndoles coordinar rutas de transporte en zonas donde no llega la señal celular.
Además, el narcotráfico ha “conquistado” el espacio aéreo de baja altura con el despliegue de drones de alta gama. Se estima que los cárteles cruzan mensualmente cerca de 1,000 drones hacia Estados Unidos, utilizándolos no solo para el trasiego de fentanilo en pequeñas dosis, sino como herramientas de vigilancia táctica y ataques con explosivos contra grupos rivales y autoridades.
También han desarrollado redes de comunicación propias al instalar antenas y repetidoras de radio y Wi-Fi en estados como Tamaulipas y Michoacán, llegando incluso a secuestrar ingenieros para el mantenimiento de estas infraestructuras clandestinas.
El halconeo digital también es utilizado, ya que operan centros de monitoreo con cámaras conectadas vía Wi-Fi y satélite para rastrear en tiempo real los movimientos de la Secretaría de la Defensa Nacional (SEDENA) y la Marina.
