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Hacerle caso a pendejos…

Hacerle caso a pendejos…

Filosofando

Criterios

 

El sentido de este refrán tan socorrido no tiene curvatura. Hacerle caso a pendejos, es engrandecerles. Justamente a eso invita la última chicanada que expectoró Mario Vargas Llosa de su ronco pecho. Lo invitan a dictar una conferencia al Museo Memoria y Tolerancia. Vino a México a echar pestes contra Morena y su gobierno. Es lo que sabe hacer. Es, junto con el Almagro de la OEA, el máximo representante del esquirolaje latinoamericano.

Se programó en la ciudad de México, al seno de la asociación civil con ese nombre, la charla El muro que tiraron las ideas a dictarse por Vargas Llosa. Conmemoraron el 30 aniversario de la caída del muro de Berlín. Estamos ante un cuadro de valores entendidos. Si se va a explotar dicho evento histórico con ventolera anticomunista, había que invitar a un merolico pagado que no defraudara. Vargas Llosa tiene ya en su historial una larga fila de clarinadas, bien cotizadas en el mercado, para regurgitar parrafadas célebres en contra de las luchas populares. Tiene callo. Es su oficio.

Cuando el PRI estaba iniciando su caída libre, tras el fraude escandaloso de la usurpación que hizo Salinas de Gortari del poder nacional, Octavio Paz organizó su famoso Coloquio de Invierno e invitó a destacadas personalidades a que vinieran a hablar mal de los países socialistas, de los regímenes tras la cortina de hierro, no del PRI nuestro tan infamante. Llegó Vargas y nos recetó una de sus catilinarias: El PRI es la dictadura perfecta. A los anfitriones los dejó de a seis, empezando por el propio Octavio Paz, que no halló respuesta atinada, si era veredicto inesperado de un invitado de lujo (sic). Se les salió de libreto y tuvieron que atragantarse con la píldora.

¿Quién, en su sano juicio, iba a esperar que Vargas viniera a México a echarle porras al gobierno de Obrador? Está claro que el triunfo de Morena en México tiene purgada a la estirpe de oligarcas latinoamericanos que pusieron todas las canicas en el modelo neoliberal. Lo que ocurrió aquí hace año y medio fue un dictamen, mediante sufragio universal, de que ya no queremos más la sopa amarga del neoliberalismo. En Argentina pasó exactamente lo mismo hace un mes. Pero en otros países hermanos, como Chile, Ecuador y Colombia, que no tienen a la mano la consulta electoral, las masas están enardecidas y llevaron ya su exigencia a las calles. No cesan sus manifestaciones.

De manera que viene Vargas Llosa, aprovechando que estamos llevando la fiesta en paz, y nos apostrofa en nuestra propia casa diciéndonos que ve mal a México, porque le preocupa que Obrador nos conlleve, con su ideología populista, a la dictadura perfecta. Antes de eso soltó, como frase de cortesía para los anfitriones, que quiere mucho a nuestro país y que por eso le preocupa lo que nos pueda venir en el futuro con este gobierno.

Para confirmar que se trata de una ocurrencia de pendejos con iniciativa, hay que incorporar a los dichos del peruano la parrafada que agregó Vicente Fox en un tuit. “Vaya que Mario es atinado y tiene amplia experiencia en política latinoamericana. Tomémosle en serio. México está en peligro con López”. Si ya resultaba una tesis hilarante la de Vargas Llosa, reforzada con los apoyos teóricos de Fox, nos daría para que nos desternilláramos de risa y a los dos los mandáramos al caño de una vez por todas. Mas es asunto serio.

A los dos personeros les sirven, y no de poco, las investiduras que han logrado enjaretarse. Al peruano le dieron hace una década el premio nobel de literatura. No deja de ser un atril de respeto, un púlpito para ser atendido. A Fox le llevó al mismo poder ejecutivo de nuestro país el voto popular. Pero ya de Fox no habría que decir nada, porque sus desvaríos permanentes lo han puesto en la picota. Fue presidente por el PAN y al rato anduvo echándole porras al PRI, a Peña Nieto, contra los que había despotricado y prometido echarlos a patadas del poder. Tanta volubilidad hasta enternece. La bronca presente tiene que ver con los dichos de Vargas Llosa, a quien las vestales de su premio máximo en el campo de la literatura le conservan el aval de la atención masiva. Pero si no las tuviera, los medios le regalan la difusión que busca. Los medios masivos, nuestras herramientas de comunicación.

A estos dichos entonces hay que desmantelarles sus falacias, sus embustes. Hay que desmentirles en serio. Estén compuestos o no de frases ingeniosas, hay que cogerlos como se toma al toro, por los cuernos, y desentrañar su contenido, para revelar el vacío y la falsedad que propalan. Ya caímos muchas veces en la equivocación de dejar pasar eslóganes o frases trilladas como inofensivas, que vinieron a hacer mella en nuestro actuar pragmático y nos dañaron en serio. Por ejemplo, en el pasado se nos hizo tragar la rueda de molino de que toda empresa que manejara el estado era deficitaria en automático; que había que privatizar todos los renglones de nuestra economía. Es un ejemplo entre muchos. Nos encontrábamos con tal reiteración hasta en la sopa. Al paso del golpeteo incesante, se nos vinieron privatizando todas las empresas estatales y paraestatales y al rato ya no hallábamos la puerta, hasta donde vamos.

El fondo del modelo neoliberal es la privatización extrema. Vargas Llosa es uno de sus incansables predicadores. Habrá pues que confrontarlo en serio y no andarle riendo, cual si fueran gracejadas, sus frases mercadotécnicas. Hay que poner a buen recaudo su postura y encuerarla. Pero esto implica análisis, estudio, información, disciplina… virtudes intelectuales que poco cultivamos. No tenemos otra opción sino empezar a hacerlo. Nunca es tarde.

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