La rodada reciente de motociclistas en el Periférico Metropolitano habría generado muy diversas opiniones, protestas e indignación y, entre otras frases, se describió el fenómeno como “una burla para las autoridades viales”.
Sí, todos los juicios podrían caber; pero la demostración no es solamente local, es mundial, y diversos analistas han investigado e interpretado lo que sucede.
Estos actos suelen ocurrir en el contexto de “rodadas” o recorridos nocturnos, los cuales, dicen, “funcionan como rituales que refuerzan la identidad grupal, la masculinidad y el sentido de comunidad”. En el argot se identifica como “hermandad motera”.
La violencia o la agresividad se utiliza para unir al grupo frente a los contrarios, es decir, automovilistas o autoridades.
Las autoridades viales deberían profundizar en el diálogo y la cultura para evitar riesgos, antes de sentirse burladas; y usted, mejor tome su distancia, porque los cambios en esas conductas están cada vez más lejos.
Pilón
Pues sí, ahora nos damos cuenta de que, desde hace unos quince años, cada sufrido usuario del transporte público podría haber monitoreado si su camión se aproximaba a la parada; pero la decisión de no compartir esa información la tomaron concesionarios y autoridades, en un profundo y arbitrario acto de acaparamiento digital.




