18 de febrero de 2022.- Paola Schietekat Sedas es su nombre. Ella, quien ahora aparece sonriente al lado del canciller de México, Marcelo Ebrard, esconde una historia increíble. Fue violanda en Qatar por alguien que consideraba su amigo, y al tener la valentía de denunciarlo, el agresor revirtió la historia al inventar que eran novios y ella había consentido la relación sexual.

Un falsa declaración de relación extramarital, que la llevó a ser acusada de adúltera y la puso a punto de recibir una sentencia de 7 años de cárcel y 100 latigazos.

Buscó todo tipo de apoyo, y no lo encontró, ni por parte de la embajada mexicana en Qatar. Con dificultades pudo huir de aquella pesadilla, gracias al Supreme Committee y llegar a México, su país natal, aunque no ha librado el proceso penal que sigue. En marzo tiene que regresar a una audiencia a Qatar, sólo que en esta ocasión, según Marcelo Ebrard, acompañada del mejor abogado de la Secretaría de Relaciones Exteriores.

“El Consultor Jurídico de la SRE, nuestro mejor abogado, se hará cargo de defenderla y de que sean respetados todos sus derechos como ciudadana mexicana. Le reconocí su valentía y resolución”.

Una historia de terror
Schietekat Sedas es mexicana y al trabajar en el Comité Organizador del Mundial de Futbol en Qatar, el 6 de junio de 2021, su supuesto amigo entró a su departamento a violarla.

“Mantuve la cabeza fría: le avisé a mi mamá, a un colega del trabajo y documenté todo con fotos, para que mi memoria, en un intento de autoprotección, no minimizara los eventos o borrara por completo parte de ellos. Y denuncié. Denuncié porque, en un acto de amor propio, me negué a dejar que alguien lastimara así mi cuerpo de nuevo, sin consecuencias”. La denuncia incluía un parte médico.

Decidió ir hasta las últimas consecuencias sin saber que eso le costaría que después ella sería la acusada de adulterio.

Después de que denunció la violación, le mandaron llamar a la estación de Policía. “Extrañada, pregunté si era necesario que una mujer que acababa de ser agredida fuera sola a la estación de policía a esa hora. Su respuesta fue que, si no iba, mi denuncia sería descartada. Tomé un taxi. Al llegar a la estación, los policías pusieron delante de mí a mi agresor”, para después pedirle una prueba de virginidad porque su agresor, había denunciado que tuvieron relaciones sexuales consensuadas.

“En Qatar, tener una relación extramarital se paga con hasta siete años de cárcel y en algunos casos la sentencia incluye cien latigazos. De un momento a otro, mi denuncia ya no importaba. La policía refirió el caso a la fiscalía pública, único lugar donde tuve un traductor. Todo se centró alrededor de la relación extramarital, mientras que, bajo mi abaya, la túnica que me recomendaron usar para parecer una ‘mujer de buena moral’, seguían las marcas, moradas, casi negras”.

Así ha relatado ella la historia de su caso en Qatar, de donde escapó antes de ser condenada a siete años de prisión y 100 latigazos.

“Sí, horrible la sentencia de los latigazos, pero más horrible saber que tu Embajada se sentaría a verlo sin hacer nada”, señaló al hablar de que sólo encontró el apoyo de reporteros y periodistas.

 

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