Humanidad vs artificialidad

Humanidad vs artificialidad

Alfonszo Rubio Delgado

Es notoria la forma en la que los grupos sociales del país del norte se aferran a sus privilegios. Esto, a pesar del daño causado a la humanidad. La forma de obtener los recursos, con su soberbia, la ven como legítima. Con el tiempo, se han acostumbrado a la abundancia, no importando la forma de obtenerla de sus surtidores, misma que descansa en el despojo, la criminalidad, la extorsión, la amenaza y el agiotismo.

Ésta última se realiza a través de sus grandes empresas globales como el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, instituciones que regulan la economía ciertamente, pero que, a su vez, abusan; cargando a los países deudores los excesos del país citado, al poner a nivel global a su moneda.

Mas esto no termina ahí. En tiempos recientes, ha salido la más miserable y vil de estas expresiones de altanería y desprecio: “Moral” marxista (la de Graucho), falta escandalosa de valores y depravación humana, pero practicada a grandes escalas. Dentro del país citado, se hacen encerronas en las que participan miembros de las rancias realezas europeas, a realizar actos de la más notoria bajeza y falta de valores. También son invitados potentados, banqueros, dueños de las grandes fortunas, políticos encumbrados, y toda una fauna de tipos cuya mente y costumbres se adaptan a ese tipo de monstruosidades.

El propio Donatien Alphonse de Sade les respetaría hoy en día, cosa que ya es mucho decir. Pues “la realidad supera a cualesquier ficción”. Y lo que se sabe sobre aquellas “majestades”, y gente pervertida, deja a nuestro grado de indignación saturado. Escandalizacion para la cual, la humanidad no fue preparada. Ha roto tódos los cánones establecidos y dejado a la mayoría sin palabras.

Por la magnitud del fenómeno, otros desnucados prefieren llamar “conspiranoicos” a quienes denunciamos este tipo de excesos. Ahora entendemos aquellas frases de los nuestros, cuando fuimos pequeños. “Te va a llevar el robachicos”. Esos agentes presentes en todos los países, mismos que hacían llegar mercancía humana, de este tipo, a los centros de consumo. Ahí, estarían esperando, ávidos y de acuerdo al requerimiento, individuos como Jefrey. El cual, según lo manifestó en sus archivos, uno de sus mejores manjares es la masa encefálica de bebé. Pero debía de ir en su casco. Y más cosas de ésas.

Esta película de terror nos ha mostrado que también en nuestro medio existen monstruos. Lejos de indignarse, ven a otro lado. Justifican la actitud de aquellos. Llaman con frases o palabras elaboradas ad hoc para quienes los ventilan. Creen que somos una suerte de disminuidos. Sus criterios los exacerban. Pretenden estar en la más alta magistratura humana, cual miembros de la realeza asistiendo a Luis XlV, con el más alto estándar de calidad y eficiencia mental, humano.

No se dan cuenta de que lo que les hizo falta a esos atrofiados es un ingrediente indispensable para cualesquier hijo de vecino. El cual se denomina “calle”. Es decir, horas calle. Experiencia vital. Esos tipos no han vivido un solo instante sin patrocinio. Y lo citado les parece demasiado fuerte para ser verdad.

Pues, amig@s, nos encontramos en etapas definitorias de nuestra historia. Aquellos grupúsculos humanoides pretenden darnos las gracias. Ello por los esfuerzos que como humanos hemos hecho: Quedarse con toda la ciencia y la tecnología desarrolladas. Con eso, ellos ya pueden sobrevivir sin petróleo. Sin grandes esfuerzos, ya pueden parasitar. Sólo planean tener a unos pocos humanos a su servicio. Y se observa qué tan bien pertrechados están, que han construido bunkers. Con tales raciones de suministros, que incluso les permitirían soportar un “invierno nuclear”.

De nosotros, los que no tenemos disfraz de humanos, dependerá si dejamos a esos innombrables pasar a la siguiente etapa. O si los dejamos jugar con nosotros, como lo han estado haciendo hasta ahora: desgastándonos, atacándonos con nuestras propias armas y dinero; riéndose de nuestras acciones de desgaste; o enterándonos del jueguito y actuando en consecuencia.

Es necesario y urgente proceder con las cautelas suficientes, detectar a los monstruos que manejan los hilos y actuar en consecuencia. Parafraseando a Marx, si a Kissel, diré: “Un fantasma recorre los techos del orbe, es el fantasma de la revolución planetaria”.

¡Saludos amig@s!