Hurgar con catalejos

Hurgar con catalejos

Amado Aurelio Pérez

1990aapc@gmail.com

(DE LA ÚLTIMA INOCENCIA) Cincuenta años en la noche del mundo.

La poesía de Alejandra Pizarnik es la secreta posesión de unos cuantos lectores que supieron ver en ella una de las voces más personales de la poesía escrita en lengua castellana. Octavio Paz dejó constancia de su interés por Alejandra Pizarnik al prologar el libro Árbol de Diana. Paz describe el árbol de Diana desde el punto de vista de la química, la botánica, la mitología, la heráldica y la física. Químicamente, la poesía de Pizarnik es una “cristalización verbal por amalgama de insomnio pasional y lucidez meridiana en una disolución de realidad sometida a las más altas temperaturas.

Miguel Ángel Flores, ganador del Premio Bellas Artes de Poesía Aguascalientes 1980 por su libro Contrasuberna, publicó, en el prólogo del opúsculo dedicado a Alejandra Pizarnik en la Colección Material de lectura, de la UNAM: “Su poesía es la búsqueda de una identidad, de una afirmación que le concediera sentido al caos existencial en que se debatía”.

Resulta paradójico, hoy que el libro está a punto de convertirse en una cosa del pasado, que una poeta que merece el interés, la reflexión vea opacada su obra por libros hagiográficos, que como casi todas las publicaciones universitarias, no alcanzan divulgación masiva.

A LA ESPERA DE LA OSCURIDAD

a Clara Silva

 

Ese instante que no se olvida

Tan vacío devuelto por las sombras

Tan vacío rechazado por los relojes

Ese pobre instante adoptado por mi ternura

Desnudo desnudo de sangre de alas

Sin ojos para recordar angustias de antaño

Sin labios para recoger el zumo de las violencias

Perdidas en el canto de los helados campanarios

 

Ampáralo niña ciega de alma

Ponle tus cabellos escarchados por el fuego

Abrázalo pequeña estatua de terror

Señálale el mundo convulsionado a tus pies

A tus pies donde mueren las golondrinas

Tiritantes de pavor frente al futuro

Dile que los suspiros del mar

Humedecen las únicas palabras

Por las que vale vivir

 

Pero ese instante sudoroso de nada

Acurrucado en la cueva del destino

Sin manos para decir nunca

Sin manos para regalar mariposas

A los niños muertos

 

Ana Figueroa, Doctorada en Rutgers University, EE.UU. se pregunta: ¿Podrá existir un tipo de escritura en donde el sujeto lingüístico pueda establecerse como un yo en la ambigüedad?

En espera, de saber ¿Qué diablos pasa, desde el punto de vista técnico? A cincuenta años de la publicación, dejo aquí otra muestra del talento poético, de Alejandra Pizarnik:

 

LA ENAMORADA

esta lúgubre manía de vivir

esta recóndita humorada de vivir

te arrastra alejandra no lo niegues

hoy te miraste en el espejo

y te fue triste estabas sola

la luz rugía el aire cantaba

pero tu amado no volvió

enviarás mensajes sonreirás

tremolarás tus manos así volverá

tu amado tan amado

oyes la demente sirena que lo robó

el barco con barbas de espuma

donde murieron las risas

recuerdas el último abrazo

oh nada de angustias

ríe en el pañuelo llora a carcajadas

pero cierra las puertas de tu rostro

para que no digan luego

que aquella mujer enamorada fuiste tú

te remuerden los días

te culpan las noches

te duele la vida tanto tanto

desesperada ¿adónde vas?

desesperada ¡nada más!

Por si lo encuentras, te recomiendo un ensayo sobre Alejandra Pizarnik del autor argentino Bernardo Ezequiel Koremblit, editado 1991 por Corregidor: TODAS LAS QUE ELLA ERA.

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