Hurgar con catalejos
Amado Aurelio Pérez

(DE LA ÚLTIMA INOCENCIA) Cincuenta años en la noche del mundo.
La poesía de Alejandra Pizarnik es la secreta posesión de unos cuantos lectores que supieron ver en ella una de las voces más personales de la poesía escrita en lengua castellana. Octavio Paz dejó constancia de su interés por Alejandra Pizarnik al prologar el libro Árbol de Diana. Paz describe el árbol de Diana desde el punto de vista de la química, la botánica, la mitología, la heráldica y la física. Químicamente, la poesía de Pizarnik es una “cristalización verbal por amalgama de insomnio pasional y lucidez meridiana en una disolución de realidad sometida a las más altas temperaturas.
Miguel Ángel Flores, ganador del Premio Bellas Artes de Poesía Aguascalientes 1980 por su libro Contrasuberna, publicó, en el prólogo del opúsculo dedicado a Alejandra Pizarnik en la Colección Material de lectura, de la UNAM: “Su poesía es la búsqueda de una identidad, de una afirmación que le concediera sentido al caos existencial en que se debatía”.
Resulta paradójico, hoy que el libro está a punto de convertirse en una cosa del pasado, que una poeta que merece el interés, la reflexión vea opacada su obra por libros hagiográficos, que como casi todas las publicaciones universitarias, no alcanzan divulgación masiva.
A LA ESPERA DE LA OSCURIDAD
a Clara Silva
Ese instante que no se olvida
Tan vacío devuelto por las sombras
Tan vacío rechazado por los relojes
Ese pobre instante adoptado por mi ternura
Desnudo desnudo de sangre de alas
Sin ojos para recordar angustias de antaño
Sin labios para recoger el zumo de las violencias
Perdidas en el canto de los helados campanarios
Ampáralo niña ciega de alma
Ponle tus cabellos escarchados por el fuego
Abrázalo pequeña estatua de terror
Señálale el mundo convulsionado a tus pies
A tus pies donde mueren las golondrinas
Tiritantes de pavor frente al futuro
Dile que los suspiros del mar
Humedecen las únicas palabras
Por las que vale vivir
Pero ese instante sudoroso de nada
Acurrucado en la cueva del destino
Sin manos para decir nunca
Sin manos para regalar mariposas
A los niños muertos
Ana Figueroa, Doctorada en Rutgers University, EE.UU. se pregunta: ¿Podrá existir un tipo de escritura en donde el sujeto lingüístico pueda establecerse como un yo en la ambigüedad?
En espera, de saber ¿Qué diablos pasa, desde el punto de vista técnico? A cincuenta años de la publicación, dejo aquí otra muestra del talento poético, de Alejandra Pizarnik:
LA ENAMORADA
esta lúgubre manía de vivir
esta recóndita humorada de vivir
te arrastra alejandra no lo niegues
hoy te miraste en el espejo
y te fue triste estabas sola
la luz rugía el aire cantaba
pero tu amado no volvió
enviarás mensajes sonreirás
tremolarás tus manos así volverá
tu amado tan amado
oyes la demente sirena que lo robó
el barco con barbas de espuma
donde murieron las risas
recuerdas el último abrazo
oh nada de angustias
ríe en el pañuelo llora a carcajadas
pero cierra las puertas de tu rostro
para que no digan luego
que aquella mujer enamorada fuiste tú
te remuerden los días
te culpan las noches
te duele la vida tanto tanto
desesperada ¿adónde vas?
desesperada ¡nada más!
Por si lo encuentras, te recomiendo un ensayo sobre Alejandra Pizarnik del autor argentino Bernardo Ezequiel Koremblit, editado 1991 por Corregidor: TODAS LAS QUE ELLA ERA.