Hurgar con catalejos

Hurgar con catalejos.

Amado Aurelio Pérez

1990aapc@gmail.com

TEQUILA Y LAS LEYENDAS

Estaba reunido con los compañeros de Generación 72 – 77 de economistas, cuando alguien recordó mi sobrenombre (apodo sonaría mejor) pero uno está en constante evolución (Tequila).

Tequila, Jalisco, es uno de los denominados pueblos mágicos que ha cambiado mucho en los últimos años. Ahí concluí los estudios de bachillerato, ahí también descubrí la leyenda de una joven y hermosa diosa que vivía en el cielo bajo la protección de Tzitzímitl, una de las temibles estrellas femeninas del mundo mesoamericano, Quetzalcóatl, el dios serpiente emplumada, la vio y quedó cautivado por su belleza. Decidió descender a la tierra y llevarla consigo, desatando así una serie de eventos que cambiarían el paisaje de la zona volcánica, del paisaje agavero de Jalisco.

Quetzalcóatl la trajo al mundo mortal, pero fueron perseguidos por la ira de Tzitzímitl y otras estrellas. En su desesperación, Quetzalcóatl y Mayahuel se escondieron y se transformaron en dos ramas de un árbol. Sin embargo, las estrellas los encontraron y, en su furia, desgarraron la rama que era Mayahuel en muchos pedazos. Quetzalcóatl, lleno de dolor, recogió los restos de su amada y los enterró. De su cuerpo, surgió el maguey, la planta sagrada que daría origen al pulque y más tarde al tequila.

Pero esa historia ya se la saben, y lo que este hurgador pretende ahora, es rendir un mea culpa a los atentos amigos de esta columna, particularmente a Francisco Pérez Carrillo, industrial de la industria del maíz, quien opina voy por la vía láctea, olvidando el mítico apodo: adquirido en los años setenta en la facultad de Economía, donde coincidimos en la Generación 1972 – 1977.

Trajo para mí, vía fotocopia, un artículo de Jordi Soler, publicado en Milenio Nacional, fechado en la Ciudad de México / 16.05.2022, en donde hablaba de un escritor originario del ahora pueblo mágico.

Miguel Othón Robledo (1889-1922)

Renato Leduc relató las aventuras, desventuras y travesuras del poeta jalisciense Miguel Othón Robledo. Narra el cronista que una vez, “ante un auditorio de burócratas misérrimos”, un poeta de nombre Juan Gualberto Herrera (en realidad, un “eximio vate”) declamó una “lucubración” en la que importaba enfatizar este verso: “Esclava, tráeme vino de Lesbos”. No parece que la esclava de Juan Gualberto anduviera por ahí, mas no por ello el amo se cansó de llamarla. Othón Robledo, personaje de “inextinguible dipsomanía” y también “atrozmente feo, atrozmente poeta y atrozmente desventurado”, interrumpió a Juan Gualberto para preguntarle: “Don Juan, ¿para qué quiere usted vino de Lesbos habiendo tan buen pulque en la Villa?”.

Luis Alberto Navarro, publicó Poesía reunida de Miguel Othón Robledo, en 1999, libro,  que junto con otros logro reunir la Maestra Sara Velazco en la perdida colección Acervo de Escritores Jaliscienses, que sufrió sustracciones imperdonables en la Biblioteca Pública: Ramón García Ruiz.

Cercano a Excélsior estuvo también “el último de los bohemios”, Miguel Othón Robledo, con su melena muerta y sus dientes negros, con esa risa burlona y temible. Quién sabe si se cruzó alguna vez con López Velarde. Me imagino que a éste último no le era interesante su silueta de cadáver andante y su fealdad ofensiva. No hay retratos de él, me gustaría mostrar uno, pero quizá entre tantos papeles exista alguno. Quién sabe si López Velarde lo haya conocido, decía. Se hubiera sorprendido (u ofendido) de que en el fondo eran tan parecidos. Los dos se enamoraron de mujeres diez años mayores, pero el vate Othón Robledo, cuando supo que su amada se iba a casar, la fue a buscar para pedirle que no lo hiciera. Pero como ella se casó, él decidió perderse en las cantinas del centro, hacerle honor a su tierra: se alimentaba de tequila y sólo comía de los pepinos que le ponían junto a su vasito. Aunque le encantaba su “leche de tigre”, un coctel que él inventó y que consiste en ajenjo rebajado con catalán. Una vez se subió a dormir a un árbol, pero un gendarme le gritó: “¡Hey,  qué hace usted ahí, bájese!” Pero el vate le contestó con voz cavernosa: “Yo… soy un enorme pájaro que vela cabizbajo, / si quiere, volaré a otro árbol pero no me bajo”. El policía huyó aterrado corriendo por la plaza de San Fernando.

Gran poeta funambulesco, que vivía aferrado a una milonga perpetua, se murió un sábado, que es el día de la semana más inapropiado para morir. Casi todos los amigos pasan sin advertir a los que mueren a fines de semana. Así cayó Miguel. Nadie se enteró de su muerte, y como vivía solo, en el corazón de una barriada, allá lo recogieron las ambulancias que no cobran y entre otros muchos cadáveres fue a parar a la fosa común. Enterado de su muerte, Samuel Ruiz Cabañas, su compañero de andanzas nocherniegas, averiguó el suceso y anduvo en comisarías y cruces hasta verificar en qué forma se había ido Miguel. Tragedia ocurrida en la ciudad de México D.F. 1922

 

Manuel Caballero (1849 – 1926)

 

Laura Edith Bonilla escribió sobre Manuel Caballero: fue un periodista moderno que vivió en el siglo XIX. Nació el primero de enero de 1849 en Tequila, Jalisco, y murió en la ciudad de México en 1926. Su labor revolucionó al gremio periodístico en el país durante la época del Porfiriato debido a sus críticas constantes contra el entonces presidente Porfirio Díaz.

En Guadalajara estudió la preparatoria y los primeros años de la carrera de abogado, misma que no concluyó. Su trabajo suscitó grandes polémicas en el mundo periodístico y cultural de México, no obstante, realizó transformaciones sustanciales en el quehacer informativo que nos han permitido llamarlo el primer reportero moderno. Su trabajo estuvo vinculado a la modernidad política y económica de su momento, y sin ellas no podríamos comprender por qué es moderno.

En política la modernidad estuvo relacionada con el pensamiento liberal que se fue desarrollando a lo largo del siglo XIX y que fueron expresados en los periódicos. En ellos se escribieron todos los temas que se generaron en la sociedad, y detrás de las palabras que conformaron la historia de un país, estuvieron los escritores y los periodistas que tomaron partido por la facción que más les convino. Desde el punto de vista histórico tenemos que buscar las causas de la modernidad años antes de la conformación del Porfiriato, para de esa manera poder explicarnos el desarrollo de una prensa atractiva en su forma y contenido, pero polémica y retadora.

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