Hurgar con catalejos

Hurgar con catalejos

Amado Aurelio Pérez

1990aapc@gmail.com

Los aforismos y microrrelatos son géneros breves que exigen una hermenéutica (interpretación) activa, basada en la síntesis, la elipsis y la participación del lector para completar el sentido. Mientras el aforismo comprime reflexiones filosóficas o sentencias directas, el microrrelato narra una historia mínima con inicio, nudo y desenlace. Nueva Lotería de milagros, libro de Raúl Aceves editado por Palabra ambulante, editora de la zona metropolitana, que asumió la responsabilidad de mostrar la obra literaria del profesor jubilado Raúl Aceves.

La forma aforística de sus escritos ofrece una cierta dificultad; pero procede de que hoy no se toma esta forma en serio. Un aforismo cuya forja y cuño son lo que deben ser no está aún descifrado porque se le haya leído; muy lejos de eso, pues la “interpretación” entonces es cuando comienza, y hay un arte de la interpretación… Es verdad que, para elevar así la lectura a la altura de un arte, es preciso poseer, ante todo, una facultad que es la que precisamente está hoy olvidada -por eso pasará aún mucho tiempo antes de que los escritos sean legibles-, es una facultad que exigiría casi la naturaleza de una vaca, y “no” en todos los casos, la de un “hombre moderno”: me refiero a la facultad de “rumiar”. Citando un pasaje de más allá del bien y del mal (FEDERICO NIETZSCHE).

Raúl Aceves es, como lo afirma Sebastián Ladeaki en el prólogo del libro Marginalia (2024) un escritor que permite el encuentro con el lector y aplica el espíritu ceremonioso a objetos minúsculos, para desacralizarlos, distorsionando el confinamiento en literatura, a la apetencia fáctica.

Quiero dejar en claro que Raúl, el poeta, hace una invitación al viaje de la realidad y el deseo, que han regido la aventura humana y para ello cito la carta número cuatro de está Lotería del milagro:

Por la calzada de los muertos desfilarán

los vivos dando gracias por su poster-

gada muerte, disfrazados de esqueletos

festivos que celebran la vida que todavía

tienen empeñada como deuda impagable.

Raúl sabe por donde va, le da al lenguaje una forma de experiencia, palabra que al añadir una verdad, tan cierta, como afirmar que la rima no existía ni en Roma, ni en Grecia, las convierte en coro, sus escritos se apoyan en recursos y registros; la imagen la metáfora, el ritmo, los acentos, que, al ser aplicados certeramente, dejan un portón abierto, a la imaginación, sin certezas para comulgar con sus lectores.

      La nostalgia, una crónica de los

regresos a las cosas o personas que ya no están; la bitácora de una memoria que va

de isla en isla sin hallar la definitiva.

La eficacia de esta denuncia radica en que su autor no la formulado expresamente como problema, sino como vivencia, la ha hecho padecer y padecerá hasta el acabamiento de la existencia.

Estas divagaciones, responden al capricho de quien acomoda los bártulos en la columna, pero admite la posibilidad de que haya otras lecturas. Esta propuesta desea subrayar la memoria acumulada de todos estos cincuenta años de trabajo de Raúl Aceves, desde la Revista Vértice, que dirigió al lado de Rubén Hernández, en busca de una nueva civilidad.

Cito la carta 369:

              Hay que habitar en la casa de cristal,

donde el alma se transparenta en la perfecta

desnudez del poema.

Raúl toma pedazos de realidad lingüística, y con técnica de collage, establece su confraternidad, parece implantar un injerto, en los árboles de un desierto.

Salir de la versión móvil