Hurgar con catalejos
Amado Aurelio Pérez

El género negro, espejo, de nuestra sociedad y psicologías colectivas, sin paliativos.
Todos los días y en todos los lugares de la metrópoli, es impresionante constatar la fortaleza emocional y física que muchas personas demuestran en lo cotidiano; pero eso pasa desapercibido.
Un agujero negro se traga nuestra irresponsabilidad; el poder hegemónico de turno de alguna manera interviene, ya sea tergiversando, restringiendo o imponiendo las versiones sobre los acontecimientos.
La tara de la violencia parece definirnos y permanentemente la legitimamos como una tradición.
En un ejercicio de franqueza y autocrítica donde, como consumidor-lector, trato de entender por qué, desde una posición privilegiada, durante medio siglo (1975-2025), no me di cuenta de lo que ocurría en el país, hasta llegada la jubilación.
Está la relación que existe entre literatura y violencia es para Bourdieu, la aceptación, la internalización por parte del dominado, de los esquemas de pensamiento y valoración de la dominante, haciendo precisamente invisible la relación de dominación. Claro está que todos estos elementos se podrían reducir, en última instancia, a consideraciones de fuerza, pero es innegable también que cada uno tiene sus especificidades, que es necesario tener en cuenta para un mejor análisis.
a.- Los estudios del discurso se consideran una nueva ciencia inter y transdisciplinar centrada en la teoría y el análisis de una multiplicidad de textos escritos, verbales y no verbales en la mayoría de las áreas de las humanidades y las ciencias sociales.
El universo de la literatura detectivesca está repleto de intrigas, crímenes espeluznantes y personajes misteriosos que despiertan nuestro interés y que hacen volar nuestra imaginación.
Dentro de este género tan amplio, existen dos subgéneros concretos que han conseguido atraer a millares de lectores hacia sus oscuras páginas: la novela negra y la novela policiaca. Exponer bien las diferencias entre los subgéneros.
La novela criminal es un género literario que gira alrededor de, bueno, es muy claro: un crimen. Pero no basta con que haya un delito, la trama tiene que centrarse en la investigación y resolución de este. Y aunque en literatura nunca hay nada exacto, está bastante aceptado reconocer a Edgar Alan Poe como uno de los principales predecesores del género, por su famoso relato Los crímenes de la calle Morgue. Dicho por Google, dixit.
El género negro aparece en Estados Unidos como lo hizo el género policiaco y lo hace tras una gran crisis económica, la Gran Depresión. Fue cuando las calles se llenaron de delincuentes; aparecieron los gánsteres y se hace patente la gran corrupción política y policial.
El género negro, antes de llegar a los libros y los grandes tirajes, apareció en revistas baratas o las llamadas pulp, porque eran hechas con papel de pulpa de mala calidad.
En estas historias ya no se ve al sistema político como un modelo que funciona sino todo lo contrario. El creador de este género fue Carol John Daily con su detective Race Williams; después llegarían Dashiell Hammet, Raymond Chandler y William Reyli Barnett.
También se le denomina hardboiled según el historiador y escritor Javier Coma, “la novela negra en su sentido más amplio, consiste en la contemplación testimonial o crítica de la sociedad capitalista desde la perspectiva del fenómeno del crimen por narradores habitualmente especializados”.
En el camino hacia la clarificación del concepto «novela negra», para Javier Coma, la novela criminal clásica vino centrada teóricamente en su asunción cualitativa del elemento «intriga» y se desarrolló históricamente en función de dicho elemento hasta el punto de recibir el nombre de «novela-enigma» o de «novela-problema».
Como punto de partida, el fenómeno histórico del nacimiento de la novela negra en los años 20 norteamericanos, o sea en la época de los gánsteres, de la Prohibición, de la pujanza industrial y consumística, de la lucha de clases -latente sólo en muchos aspectos- dentro de la sociedad capitalista más avanzada económicamente, y téngase en cuenta también las contradicciones de estos hechos con el crack de la Bolsa y la progresiva ruina del país, el fin de los llamados «happy twenties», «felices veinte» y la radicalización de la depresión, que sustituye parte del gansterismo -con clásicas ambiciones totalitarias en el marco ciudadano- por un nuevo núcleo de proscritos -con también clásicas ambiciones de supervivencia dentro de la crisis de las zonas rurales.




