Jehová vs Yahvé
Alfonszo Rubio Delgado
Apreciado desde el punto de vista filosófico, el asunto religioso suele ser controvertido. Los pueblos, ya lo manifestaba el filósofo Janófanes, suelen hacer a sus dioses, a su imágen y semejanza. Un dios antropomorfo suele aparecer en varios pasajes de la biblia. Así, Sara la esposa de Abraham, siendo estéril, un extraño le informa que concebirá un bebé. Ese extraño, supuestamente sería dios, Jehová. También, se presenta en otra escena. Cuando lucha con Jacob. Gen. 32 28. Ese mismo extraño. A la postre y después de una serie de piruetas conceptuales e históricas, se ajusta el relato religioso a la marcha de la historia occidental. De esa forma surge el cristianismo. El relato cristiano, sugiere la presencia de un ser divino. Mismo que supuestamente ha sido enviado por otro “ser”. Nos lo presentan como “el padre”. Aparece un tercero, el espíritu santo. Juntos se muestran como la santísima Trinidad. Esto es, Dios todo poderoso. Luego viene todo un relato, en relación a una supuesta salvación. Misma que se gana obedeciendo las leyes divinas. Lo que nos hará ganar el cielo. etc, etc. Lo atractivo de este asunto, es la división que se hace de esas dos religiones.
Desde la caída del imperio romano, una ala del judaísmo se separó en aquellas conflictivas tierras. Los que se quedaron fueron cambiados al islam por el imperio Turco Otomano. Aquella ala se propagó por Europa. A dónde quiera que llegaron ocasionaron problemas. Pues con su mito religioso y habiendo aprendido a sobrevivir en condiciones extremas, desbalanceaban las economías locales. Siempre bien recibidos, pero en el fondo con una forma perversa y poco confiable de existir. La “evolución” pretendida del cristianismo, de ampliar al judaísmo para adaptarlo al planeta entero, esos grupos la rechazaron.
Al contrario, blindaron de una forma egoísta y perversa sus manifestaciones ritualísticas. Mismas que, al ser internas y propias de su culto, no provocan conflicto. Este se manifiesta en el momento en que, las comunidades que les dieron cobijo, en cualesquier parte del mundo, empiezan a empobrecerse. Con esas prácticas de esos hombrecitos de mechones acaidelados, sombrero y ropas negras de grupos restringidos. Siempre en apoyo de los propios; nunca brindan la mano al “goyim”, (gentil). Y siempre con maletas hechas, pues saben que sus acciones empobrecedoras y hasta cierto punto parasitarias, les va a ocasionar un rechazo en cualesquier sociedad a la que se adhieran.
Cierto, la Toráh como su libro sagrado, les permite, al tenerlo como guía, parecerse a los mortales. Pero su segundo libro, el talmud, es el que les hace “inmortales” y les impulsa a exprimir a todo aquel que no pertenezca a su grupo religioso. Ello de la forma más despiadada y salvaje. Cosa que les debe de dar el mote de “talmudeanos”. Pues lo de judíos, es la justificación religiosa, que han tomado como serie de bandidos piratas o infrahumanos, para parasitar a la humanidad. Lejos de ser en apariencia humanos, por así decirlo su sagrado “talmud”. Manifiestan que su dios los hizo parecidos a los hombres para que, al contacto con aquellos, no sufrir una especie de patatús, supongo.
Así, de esa manera, el cristianismo y el “talmudismo”, llamémosle así, han coexistido. Uno entregado a su rutina. Formando naciones y estados de derecho. Formas que a través del ensayo-error, le han permitido subsistir. Todo con las formas tan legítimas como se lo permitan los tiempos. Los otros, como los clásicos parásitos. Los vampiros con forma humana. Los que se hacen del trabajo de los demás. Con algo de legitimidad en sus acciones. Pero, generalmente, actuando a la sombra. Siempre invisibles. Mismos que, como cualesquier grupo religioso, en algunos casos, terminan pervertidos en grado máximo. Adoptando prácticas indecibles y tomando como pretexto a un dios todopoderoso. Mismo que según, el librito famoso, les ha mandatado, ir por el mundo a hacer barbaridades y ser estrafalarios.
¡Saludos amig@s!




