La 4T, Gertz Manero y las embajadas

Carlos Delgadillo Macías
Dos casos con Calderón
El 1 de diciembre de 2006, el panista Jorge Zermeño Infante, que había sido nombrado presidente de la Cámara de Diputados, organizó la toma de protesta de Felipe Calderón, en un contexto sumamente polarizado y con protestas multitudinarias, incluso dentro del recinto legislativo. Apenas unos meses después, en julio de 2007, recibió el nombramiento como embajador en España.
Ricardo Monreal, que era senador por el PRD, cargó contra Zermeño. Denunció un “pago de facturas vergonzoso” y argumentó que el panista no tenía experiencia ni formación diplomáticas. Su único “mérito” habría sido “abrir la puerta trasera” para el “usurpador” Calderón. En el mismo sentido, Pablo Gómez señaló una violación a la división de poderes, pues un diputado como Zermeño estaría siendo premiado por un servicio al titular del Ejecutivo.
A finales de ese turbulento sexenio, el todavía presidente Calderón nombró a Francisco Ramírez Acuña como sucesor de Zermeño en Madrid. El exgobernador de Jalisco había sido secretario de Gobernación y ocupaba una curul en la Cámara de Diputados. La izquierda rechazó la decisión, recordando el papel de Ramírez Acuña en la represión durante la Cumbre de Norteamérica en Guadalajara (2004), cuando era el alcalde. Gerardo Fernández Noroña, en ese entonces diputado federal, habló de que se estaba enviando a un represor a disfrutar de un exilio en Europa: “Es la impunidad diplomática convertida en vacaciones pagadas”.
Peña Nieto y el cinismo
En 2015, el exgoberanor de Veracruz Fidel Herrera Beltrán fue nombrado cónsul de carrera en Barcelona por Enrique Peña Nieto. Fue una maniobra astuta: el cargo de cónsul no requirió ratificación en el Senado, donde se hubiera provocado un debate y la oposición hubiera recurrido al veto, con los efectos mediáticos consecuentes. Herrera había sido señalado por presuntos nexos con el crimen organizado, específicamente con “Los Zetas”.
En varias giras ya rumbo a las elecciones de 2018, Andrés Manuel López Obrador llegó a mencionar el caso. Acusó a Peña Nieto de premiar a Herrera enviándolo a Barcelona, lo que para el tabasqueño constituía una ofensa para los veracruzanos. Manuel Bartlett, entonces senador de la alianza PT-Morena, presentó mociones para remover al exgobernador. Cuitláhuac García, que era diputado, denunció que el consulado en Barcelona podría convertirse en un centro de operaciones para el lavado de dinero.
La lista de políticos convertidos en diplomáticos cuyos nombramientos fueron objeto de críticas es larga. Se puede mencionar sucintamente a Eduardo Medina Mora (extitular de la PGR y luego embajador en Estados Unidos y Reino Unido); Enrique Martínez y Martínez, exgobernador de Coahuila y luego embajador en La Habana, o Fernando Castro Trenti, excandidato a la gubernatura de Baja California y después embajador en Suiza.
El continuismo en la 4T
De todos los aspectos que se pueden discutir sobre la salida de Alejandro Gertz Manero de la Fiscalía General de la República (FGR), uno particularmente interesante es el de su próximo nombramiento como embajador, posiblemente en Alemania.
La presidenta Sheinbaum declaró que ella misma le habría ofrecido una embajada, como si ésa fuese la razón de su renuncia. Por supuesto, hay otros motivos de fondo, pero ése en particular se puede conectar con una práctica que ya desde el sexenio anterior se volvió habitual.
López Obrador utilizó el servicio exterior para seducir políticos de otros partidos, principalmente del PRI. Se normalizó que las embajadas y los consulados fueran utilizados como botín político, premios de consolación o monedas de cambio para la negociación.
– A Luis Quirino (PRI), exgobernador de Sinaloa, lo hizo embajador en España (2022).
– A Claudia Pavlovich (PRI), exgobernadora de Sonora, la hizo cónsul en Barcelona (2022).
– A Carlos Miguel Aysa (PRI), exgobernador de Campeche, lo nombró embajador en República Dominicana (2022).
– A Carlos Joaquín González (PAN / PRD), exgobernador de Quintana Roo, lo convirtió en embajador en Canadá (2023).
– A Omar Fayad (PRI), exgobernador de Hidalgo, lo hizo embajador en Noruega (2023).
Casi todos estos personajes fueron expulsados de sus partidos o tuvieron que renunciar a su militancia antes de los nombramientos. Es difícil no decir que López Obrador los “compró” con los puestos diplomáticos, una suerte de exilio dorado.
Como maniobra política podría aplaudirse la astucia del expresidente, pero, pensando en la administración pública o incluso en el combate a la corrupción, uno puede hacerse muchas preguntas sobre la pertinencia, conveniencia y moralidad de estos movimientos. Esos políticos fueron cuestionados durante sus administraciones y López Obrador les dio la oportunidad de salir bien librados al extranjero, sin mayores problemas.
Ya queda fuera de discusión la experiencia o preparación como diplomáticos que podrían tener estos nuevos embajadores. Resulta ya una ingenuidad preguntarse si su perfil es el idóneo para desempeñarse en el servicio exterior. Es claro que no se les nombró por méritos en ese ámbito, sino sólo por motivos estrictamente políticos y partidistas.
Es lo que pasará ahora con Gertz Manero. El veterano político ha estado en el centro de multitud de polémicas. Desde dentro del propio oficialismo ha sido objeto de señalamientos. Y ahora podrá gozar de un retiro muy tranquilo, quizá en Berlín, a cambio de dejar el puesto de fiscal dos años antes de que terminara su período.
No se trata de que en el pasado fuera diferente o más sutil. Se trata de que la 4T se presenta como distinta, pero muchas de sus prácticas siguen siendo las mismas.




