La batalla por El Mencho
Carlos Delgadillo Macías
Este domingo 22 de febrero de 2026 será recordado en la historia contemporánea de México como un punto de inflexión en el ámbito de la seguridad nacional, la estabilidad geopolítica y la lucha contra el crimen organizado trasnacional, por la muerte de Nemesio Oseguera Cervantes, presunto líder del Cartel de Jalisco Nueva Generación (CJNG) y el fugitivo más buscado por las autoridades de Estados Unidos y México durante más de una década.
Los orígenes
Nemesio Oseguera nació el 17 de julio de 1966 en la comunidad rural de Naranjo de Chila, en el municipio de Aguililla, Michoacán. Emigró a Estados Unidos en su juventud, donde comenzó su carrera como narcotraficante. En 1992, fue arrestado por intentar vender heroína a agentes encubiertos. Cumplió condena y fue deportado a México.
En 1997, se incorporó a la policía municipal de Tomatlán, Jalisco, como miembro también del Cártel del Milenio. Conoció la estructura policial y la vulnerabilidad de las instituciones gubernamentales. Con la fragmentación del Cártel del Milenio y la muerte de “Nacho” Coronel, el 29 de julio de 2010, Oseguera, en alianza con Érik Valencia Salazar, “El 85”, planteó la fundación del Cartel de Jalisco Nueva Generación (CJNG).
La nueva agrupación militar se expandió ferozmente, con una estructura paramilitar, el uso de armamento de alto poder, incluyendo fusiles calibre 50, lanzacohetes y vehículos con blindaje artesanal. Las actividades delictivas del CJNG se ampliaron del tráfico de cocaína a la producción de drogas sintéticas como las metanfetaminas y fentanilo a escala industrial, con la extorsión, el robo de hidrocarburos y el control de aduanas y puertos como actividades paralelas.
Ante la peligrosidad del CJNG, la Administración de Control de Drogas (DEA) y el Departamento de Estado de Estados Unidos llegaron a ofrecer una recompensa histórica de 15 millones de dólares por información que condujera a la captura de Oseguera. En México, su figura se convirtió no sólo en un símbolo del crimen organizado o de la penetración del Estado por parte de las organizaciones delictivas sino también en un auténtico desafío a la soberanía, el estado de derecho y el monopolio de la violencia legítima.
El operativo
Con el máximo sigilo, que tomó por sorpresa incluso a las autoridades de Jalisco, las fuerzas federales (Ejército, Marina, Fuerza Aérea y Guardia Nacional), con apoyo del Centro Nacional de Inteligencia (CNI) y la Fiscalía Especializada en Materia de Delincuencia Organizada (FEMDO) de la Fiscalía General de la República (FEMDO), realizaron una operación de alta precisión en la zona de Tapalpa, Jalisco. La coordinación estuvo en manos de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana (SSPC), que contó con información complementaria de varias agencias del gobierno de Estados Unidos.
La zona serrana había servido a Nemesio Oseguera como bastión, por la dificultad de los caminos y las comunicaciones. La ejecución táctica fue asignada a unidades de élite del Ejército Mexicano, que fueron apoyadas por un despliegue de aeronaves de la Fuerza Aérea Mexicana para la inserción y extracción verticales y el soporte de fuego. Participó también la Fuerza Especial de Reacción Inmediata (FERI) de la Guardia Nacional.
En principio, el objetivo era capturar a “El Mencho”, para llevarlo ante la justicia. Sin embargo, se desató un enfrentamiento en el que la guardia personal de Oseguera utilizó armamento de alto poder. Esto derivó en la muerte de varios civiles armados y un escenario de combate prolongado en la zona montañosa.
El saldo que se reportó oficialmente fue de cuatro presuntos integrantes del CJNG muertos en el lugar. Y otros tres heridos, entre ellos Oseguera, que fueron evacuados en aeronaves militares hacia la Ciudad de México. Sin embargo, murieron en el trayecto. En cuanto a los efectivos militares, se reportó que tres elementos de las Fuerzas Especiales resultaron heridos por arma de fuego. Se logró la incautación de un vasto arsenal, vehículos y armamento antiaéreo.
Las consecuencias inmediatas
La reacción del CJNG fue enorme y se extendió a por lo menos catorce entidades: Jalisco, Michoacán, Guanajuato, Nayarit, Aguascalientes, Oaxaca, Tamaulipas, Baja California, Colima, Guerrero, Hidalgo, Puebla, Veracruz y Quintana Roo.
Hubo incendios masivos en carreteras y avenidas principales de varias ciudades, pero también destrucción de infraestructura económica y comercial, con el objetivo de crear una psicosis colectiva que desquiciara la vida cotidiana de los habitantes. En medio de ese ambiente de ingobernabilidad relativa, también hubo ataques contra elementos de las fuerzas de seguridad.
Jalisco, al ser el lugar donde Oseguera fue ultimado y también el centro de operaciones del cartel, fue el estado que resintió la mayor onda expansiva de violencia. Los sicarios buscaron cortar las principales vías de comunicación en todo el estado para crear un caos absoluto. Pablo Lemus, el gobernador, decretó temprano el “Código Rojo”, que paralizó parcialmente la vida civil, con la recomendación a la población de no salir de sus casas y extremar precauciones, así como la suspensión de clases presenciales en toda la entidad el lunes 23 de febrero, la cancelación de todo evento masivo y la interrupción del servicio de transporte público.
La quema de vehículos particulares, de transporte de pasajeros y de carga asoló la zona metropolitana de Guadalajara, así como las regiones Sur y Costa. En Puerto Vallarta hubo un impactado devastador. Se reportaron rondines de motociclistas que realizaron disparos al aire para sembrar el pánico, múltiples vehículos incendiados y bloqueos múltiples. Incluso se reportó un ataque al centro penitenciario de Ixtapa, con información de custodios muertos y fuga de reos, que tendrá que ser confirmada.
En lo que puede interpretarse como una declaración de guerra, el CJNG se enfocó en incendiar sucursales del Banco de Bienestar. Aproximadamente 20 instalaciones fueron objeto de actos vandálicos en Jalisco. El modus operandi fue consistente: comandos armados arribaron a las sucursales, destruyeron las fachadas de cristal, vertieron combustible y utilizaron cocteles Molotov para iniciar los incendios.
Las balaceras y enfrentamientos entre civiles armados y agentes del orden dejaron saldo de varios muertos y heridos. Como ejemplo, en el cruce de la Calzada Independencia y Agricultura elementos policíacos repelieron una agresión. Uno perdió la vida y otro resultó herido en una pierna. En Ocotlán, una unidad de la Guardia Nacional fue emboscada por sicarios parapetados, con saldo de varios agentes federales muertos, por lo menos dos. Y algunas más heridos. Choques similares se reportaron en Nochistlán, donde pudo haber bajas de elementos castrenses aún no corroboradas. Un ataque contra la Guardia Nacional en Tonalá y otro en la zona de Las Cañadas, en Zapopan, también habrían tenido consecuencias fatales.
La dimensión geopolítica
La presión de Donald Trump en contra de México por el tema del narcotráfico ha provocado una serie de roces diplomáticos por los amagues de Washington de realizar algún tipo de intervención militar en México, para neutralizar supuestos delincuentes y destruir narcolaboratorios. Esa posibilidad se volvió un asunto de seguridad nacional en el contexto de la agresión estadounidense contra Venezuela y el ataque de las fuerzas armadas de ese país contra embarcaciones en El Caribe y el Pacífico.
Jalisco, que ya había sido tema a nivel internacional con el caso del Rancho Izaguirre hace casi un año, en marzo de 2025, y que había estado otra vez en el ojo del huracán con el caso del exalcalde de Tequila detenido hace un par de semanas, se había convertido en un dolor de cabeza para las autoridades federales. Base del CJNG, líder en desaparición de personas y con una violencia cotidiana fuera de control, el estado además recibirá partidos de la Copa del Mundo, en menos de cuatro meses.
El gobierno mexicano, que ha desplegado elementos en ambas fronteras, norte y sur, para apoyar en la disminución del flujo migratorio hacia Estados Unidos, también ha extraditado o entregado al gobierno norteamericano a una buena cantidad de narcotraficantes que cumplían condena en prisiones mexicanas. En el tema de Cuba, se habían suspendido los envíos de petróleo a la Isla, frente a las amenazas arancelarias de la Casa Blanca. Pero todo eso parecía no ser suficiente para lograr un nivel de confianza y entendimiento más o menos estable entre ambos países.
La muerte de Nemesio Oseguera puede verse, en este marco, como un logro dirigido a acercar las posiciones de México y Estados Unidos. El gobierno de Claudia Sheibaum estaría demostrando que puede y quiere combatir a los carteles, sin importar lo poderosos que sean.
El próximo martes 24 de febrero, en apenas un par de días, el presidente Trump ofrecerá su discurso del Estado de la Unión 2026 (State of the Union Adress), ante una sesión conjunta de la Cámara de Representantes y el Senado en el Capitolio. Será su primer mensaje de este tipo desde su toma de posesión, hace 13 meses. La muerte del narcotraficante más buscado del mundo por más de una década bien podría ayudarlo cuando tenga que mostrar los logros de su mandato.
La caída de “El Mencho” sin duda es algo que en Washington será aplaudido. Pero, dada la historia reciente de México, uno podría preguntarse si es algo que realmente abonará en la disminución de la violencia. La estrategia del gobierno federal parece haber dado un giro hacia un combate más decidido contra las cúpulas de los carteles, sin que sea hasta ahora claro que el desarrollo social y económico, como estrategia profunda contra la violencia, hayan dado resultados suficientes.
