¡La bendita perversión!

¡La bendita perversión!

Alfonszo Rubio Delgado

Han trascendido desde hace algunos lustros, los vicios y degradantes prácticas ejercidas por algunos grupos sociales. Desde los más simples, confusos y extraños testimonios, hasta los más sonados y escandalosos casos de corrupción, depredación y perversión humana. Aunque en la Edad Media, secretos a voces eran acallados por el poder aplastante de la iglesia, siempre se ha sabido de las prácticas sexuales y de exterminio, al interior de las instituciones religiosas. Éstas, terminan convertidas en horripilantes relatos de terror, mismos que cantantes de los tiempos dejan bien descritos en sus obras, haciéndonos testigos indirectos y escandalizados de tanta indolencia y degradación. Cosa que, dada nuestra ingenuidad, creímos asunto del pasado.

También, dadas sus formas tan bajas y depravadas de acuerdo con los relatos, pensamos que ya habían sido superadas. Que la humanidad, de acuerdo a su evolución, ya se había elevado a otros estadios, refiriéndome con esto a Donatien Alphonse de Sade. Sus relatos sobre las jornadas de las jerarquías eclesiales en torno a la sexualidad y sus distintos niveles de perversión, se antojan ficticios. Pues no es para menos. Su obra, está catalogada en el casillero de la literatura. Sus expresiones hoy en día, encuentran la normalidad sujeta a la clasificación determinada. De esa forma, quedan neutralizados los escándalos. Es importante señalar que, en su momento, no había otra forma de hacer denuncia sobre dichas prácticas, que la literatura, pues el poder absoluto aplastaba de forma absoluta.

Las prácticas denunciadas por el marqués nos dejan muy claro en qué utilizaban su tiempo los grupos religiosos. ¿Todos? Probablemente no. Pero como dice un dicho: “donde bailan y tocan, todos se embocan”. Es decir que, a juzgar por determinadas prácticas, todos los miembros de determinada agrupación son responsables de lo realizado por algunos de ellos. La feligresía es responsable de lo realizado por los jerarcas. Aún así, que cada quien responda por sus actos.

Ahora bien, habiendo leído algunas obras de aquel personaje, logré salir de mi ingenuidad. Escandalizado, pensé que no podría haber más perversión que la descrita. Pero ¡qué equivocado estaba! ¿Bacanales y orgías de la realeza? ¿El atarse una soga al cuello para alcanzar el máximo placer al borde de la muerte? ¿La graduación de Justina en aquel monasterio, misma que significaba matar a la graduada y meterla en una fosa? Estas prácticas, no han desaparecido. Y como referente sonado, se tiene el caso de Emmanuela Orlandi, chica desaparecida ya hace algunos lustros en el Vaticano, de la cual nunca se supo el paradero.

Ante tales acontecimientos, uno puede suponer que dichas perversiones fueron un pasado lamentable y superado por la humanidad. Pero se equivoca quien piensa así. La humanidad actual ha superado con creces aquel ya espeluznante acontecer histórico, denunciado en forma de novela por el Marqués de Sade. Ocurre que al disponer de tiempo y darse a la holgazanería y al despilfarro, los individuos pertenecientes a las clases altas, han venido buscando nuevos elementos de distracción, al grado de que lo mencionado por aquel histórico personaje ya no les resultó atractivo.

Las prácticas de depravación han evolucionado. A la postre, nos encontramos con que la pederastia, en todas sus fases posibles, ha permeado en las instituciones sociales del planeta. Independientemente de la orden, credo, valores, tendencias y demás. Se han unido y fraternizado, de forma exclusiva y estricta, en torno a prácticas degradantes. Forman clubes planetarios. Los ingenuos suponíamos que eran los valores universales quienes unían a los representantes de las instituciones del orbe. No es así.

Actualmente, todos esos representantes gubernamentales, religiosos y de instituciones académicas, industriales, comerciantes de renombre, etc., están unidos por antivalores. Les son atribuidas prácticas de canibalismo, sustracción de sangre a niños angustiados, misma que es la droga más solícita y preferida por altos jerarcas y potentados, cuya depravación ha alcanzado los límites de estos nuestros tiempos. De aquellos que, contrario a los que tienen que dedicar todo su tiempo al trabajo, se dedican a buscar formas más torcidas y originales para apagar la sensación corporal y entitativa, que exige al sujeto actividad productiva.

Ante el desequilibrio total que la humanidad experimenta, nos enfrentamos a una purga social. No hace mucho, esos “vampiros” depravados inventaron una enfermedad. Hicieron creer a la humanidad, a través de los medios masivos de comunicación, que se trataba de una pandemia. Mataron a mil millones de habitantes. Se les vio caer en las plazas públicas, los barrios humildes, las canchas deportivas y demás lugares. Curiosamente, ningún miembro de las familias señaladas pereció. Tampoco se vacunaron, como el señor Gates.

Es claro que, como en el cuento de Charles Dickens, esos individuos creen tener un derecho natural auto otorgado por alguna deidad de ésas de las que pretenden ser representantes. Las prácticas, mencionadas en sus libros sacros, han degenerado. No mucho. ¡Luego se han convertido en lo que representan hoy por hoy!

¡Saludos amig@s!