La Chilaca (cuento) / III

La Chilaca (cuento) / III

Mel Toro

Tercera parte:

Luego de que se calmó la tracatera, se abrieron los demás barrios. Los señores Rivera eran dueños de todos los terrenos del rumbo de Ayuquila y del norte del valle, que apuntan a Ejutla. Tenían muchos medieros y trabajadores de raya. Al principio se resistieron al reparto agrario. Incluso uno de ellos, Nicolás, se volvió un matón proverbial. Pero terminaron cediendo, porque la guerra la perdieron los hacendados. Nicolás huyó. Primero se fue a Estados Unidos. Luego volvió pero se refugió en Manzanillo. Aquí perdió las tierras, que pasaron a manos de sus viejos trabajadores. En el puerto, Nicolás perdió la vida. El gobierno organizó a estos nuevos propietarios en cuatro grupos, que son los ejidos: el de Ayuquila, el de Las Pilas, el de la Puerta del barro y el de El Grullo.

Antes de que se conformaran los ejidos, doña Gorgonia Rivera repartió en solares, entre sus trabajadores, mucho terreno anexo a la hacienda, a fin de que de todos modos les iban a quitar todo. El punto de referencia para ubicarlos bien es el arroyo que baja del cerrito, por el lado de la cruz. Ese torrente aniega el jardín en las aguas. Siguiendo su curso se trazó la calle que arranca de con Pedrito y sube hacia el centro naturista. Creo que se llama Lerdo de Tejada. El caserío que queda al sur de este arroyo conforma uno de estos barrios. Le llaman barrio de La Palmita. El otro es el del caserío que apunta al poniente. Es el que cruza uno cuando va al Colomo y al Tigre. Un tiempo lo mentaron con el nombre de Mandanagua, ya te imaginarás por qué. Ahora ya nadie le dice así, pero fue su primer nombre.

Más adelante los agraristas le arrebataron a la hacienda los terrenos que están por el lado que te estoy refiriendo y los repartieron en lotes para casas de sus parceleros. Las familias de los agraristas del ejido de El Grullo quedaron revueltas con las de los viejos trabajadores de la hacienda, a los que les había dado piso doña Goña. Es populosa esta zona. Son amplios los solares y macizas las fincas que se levantaron por ahí. Cuando se vino más presión de gente, muchas de estas casas se fueron dividiendo para albergar más habitantes. Aun así, sus corrales y sus patios siguen siendo cómodos. En algunas de ellas había pozos de soga, por ser agua dulce, a diferencia de la de los otros barrios, en los que el agua era más bien salitrosa y no servía para beber.

El ejido no le quitó a los Rivera todo el casco de la hacienda. Donde está ahora el templo del sagrado corazón lo donaron para tal fin. Atrás del templo, el clero levantó una edificación grande que un tiempo sirvió de seminario. Después ha servido de escuela. Casi toda la cuadra siguió siendo de los Rivera. Sus descendientes han ido vendiendo estas propiedades, hasta venir a quedarse sin nada. De lo expropiado por el ejido, aparte de los lotes para las casas de los agraristas, la comunidad utilizó los patios y los galerones de la hacienda para la casona del comité. Ahí tiene todavía el ejido sus oficinas y sus asoleaderos, que antes fueron corrales y bodegas.

Las líneas de la escuadra, que parte del convento de las madres adoratrices, abarcan los terrenos que eran de don Pancho Rosas. Este señor les regaló primero a las madres todo ese espacio contenido en esa escuadra. Desde la esquina del convento, al poniente, tirando hasta el río; y de este mismo vértice hasta la hacienda de Ixtlán. Era un buen chingadazo. Pensó don Pancho que con eso se iba a escapar de las expropiaciones ejidales. Pero alguien le explicó que las señoras del convento, por ser religiosas, no podían ser propietarias y entonces cambió de opinión y se puso a vender en pedazos todo ese triángulo. Él se murió pero su hija María de los Ángeles y luego su nieta Chayito siguieron despedazando el paño, hasta que se lo echaron a la bolsa. No ocupaban dinero, pero pensaron que era mejor venderlo a estar esperando a que se los quitaran. En esa parte hay muchos barrios nuevos. Ya te informarás de sus nombres y sus formas, porque son más recientes. Ahora quiero platicarte cómo apareció lo más viejo. No te me desesperes.

El ejido de Las Pilas quedó arrinconado. Está en la punta norte del valle. Sus tierras, arenosas y laborables, son muy buenas. Las moja la humedad que baja del cerro grande. En cambio acá en el centro del valle, cerca del pueblo, algunos terrenos son fangosos y pesados, de tierras negras. Hubo un arreglo entre esta comunidad y la de El Grullo. Quienes quisieran, sin cambiarse de censo, podrían permutar parcelas. Fue la razón por la que, de aquí, de la cabecera, algunos parceleros de El Grullo, se mudaron a aquel rancho.

Era lógico que del rancho se vinieran al pueblo los que habían permutado. Pero no. El ejido de Las Pilas repartió solares a todos los miembros de ese ejido. Destinó para este fin el paño que baja desde el cerrito, bordeando el barrio de la Cachetada y las propiedades del Caco, hasta llegar al viejo panteón.

[Continuará…]