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La distancia entre Merkel y Alfaro: dos whiskys y tres pedazos de pizza

La distancia entre Merkel y Alfaro: dos whiskys y tres pedazos de pizza

Hay una distancia enorme entre Ángela Merkel y Enrique Alfaro, no solo la distancia geográfica, idiomática y política, sino sobre todo, en relación a las medidas que se toman desde el ejercicio de gobierno para atender y contener una pandemia de la magnitud de la Covid-19.

Las autoridades de Alemania, profundamente preocupadas por las graves cifras del coronavirus que registra el país en esta segunda ola, decretaron el domingo 13 de diciembre el cierre casi total de la vida pública, con efecto para miércoles 16 y al menos hasta al menos el 10 de enero.

En dicho periodo deberán permanecer cerrados todos los establecimientos comerciales no esenciales; sólo estarán abiertos las tiendas de alimentación, los supermercados, bancos y farmacias. Cierran también las escuelas y guarderías.

En este sentido, la canciller Merkel señaló que señaló que “las medidas que empezaron el 2 de noviembre no han funcionado, las infecciones han crecido exponencialmente, hay muchas muertes, por lo que debemos adoptar nuevas reglas para garantizar que el sistema de salud no se vea sobrepasado”.

En rueda de prensa, celebrada en Berlín, tras la reunión con los presidentes de los 16 estados federados de Alemania, se acordaron las nuevas medidas restrictivas ante la “necesidad urgente de pasar a la acción”. 

Quedó prohibida la venta de petardos y fuegos artificiales, con el objetivo de evitar una costumbre muy típica de la Nochevieja alemana, esto es, los grupos de gente que se reúnen en la calle para lanzar cohetes de despedida al año viejo y de bienvenida al nuevo.

Se busca así también evitar afluencia de accidentados en las urgencias de los hospitales, que en este momento tienen la presión de más ingresos de enfermos de coronavirus.

Alemania atravesó con relativo éxito la primera ola del coronavirus en primavera y actualmente sigue registrando una tasa de mortalidad inferior a Reino Unido, Francia o España, pero está teniendo muchas dificultades con la segunda oleada de contagios.

En una comparecencia en el Bundestag (cámara baja del Parlamento) el pasado miércoles 9 de diciembre, la canciller Merkel había ya invocado la necesidad de medidas más restrictivas contra la Covid-19. Ese día, en un emotivo llamamiento a los ciudadanos a la responsabilidad para conseguir que desciendan los contagios, Merkel pidió a los alemanes una mayor reducción de contactos personales, “para que esta Navidad no sea la última con los abuelos”.

En contraparte está el caso de Jalisco, con una mortandad acumulada mayor (5, mil 224 al 14 de diciembre) que en la provincia de Wuhan (el lugar donde comenzó la pandemia), con una positividad de más del 40 %, con la tasa más alta de confirmados en un solo día (el 14 de diciembre se confirmaron 905 casos).

Enrique Alfaro ha tenido un comportamiento errático y alejado de la realidad.

La información real de contagios y de muertes por la Covid-19 tarda más de una semana en procesarse, la información de ocupación hospitalaria no refleja la realidad que se vive en los hospitales con personal médico agotado tras nueve meses de atención continua, muchos de ellos sin las prestaciones laborales adecuadas, sin estabilidad ni contratos permanentes, con bonos y atención diferenciados en el mismo sector salud y especialmente con la toma de decisiones políticas que en este momento de la pandemia tienen un impacto directo con el alza de positividad y de mortandad de jaliscienses.

El colmo de la irresponsabilidad ocurrió el pasado 8 de diciembre, cuando que se le sorprendió al gobernador Alfaro en un restaurante bar del municipio de Zapopan (que por cierto no fue clausurado por el presidente municipal Pablo Lemus, a pesar de no cumplir, evidentemente, con las medidas de cuidado. El salón Candela es un lugar cerrado y el gobernador estaba ahí con mucha gente y música en vivo.

La justificación de Alfaro es la distancia entre una estadista como Ángela Merkel que está cuidando a su población para que “lleguen los abuelos a navidad” y un político como Enrique Alfaro con un discurso delirante que llama a la población a no salir a la calle y él se mete a un bar repleto de gente, con música en vivo a quitarse el “agobio de los meses de encierro con dos whiskys y tres pedazos de pizza”.


medium.com/dra-lupitaramos

@dralupitaramosp

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Acerca del autor

Guadalupe Ramos Ponce

María Guadalupe Ramos Ponce es doctora en Cooperación y Bienestar Social por la Universidad de Oviedo, además de investigadora y académica de la Universidad de Guadalajara. Funge también como coordinadora del Comité de América Latina y El Caribe para la Defensa de los Derechos de la Mujer en México (CLADEM) en Jalisco.

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