Por José Díaz Betancourt
Pues sí: cuenta la historia que Francisco Villa, al impactar con un balazo certero el reloj de Palacio de Gobierno de Jalisco aquel 23 de diciembre de 1914 —cuando las fuerzas villistas entraron a la capital—, se bajó del caballo para cenar pollo con la señora Valentina, conoció a alguna chica tapatía y después se fue sin pagar ni el reloj ni el pollo.
El punto en común con los manifestantes del pasado 15 de noviembre, en el mismo escenario, es que también eran de fuera. Y es muy plausible que, finalmente, los del bloque negro evadan la justicia, principalmente porque el daño patrimonial infligido no se paga —ni caro ni barato—: es intangible e irreparable por su valor histórico.
La magnitud de la negligencia del sábado es mayúscula y contrasta con las frases donde se presume que este gobierno “te cuida”.
Además, el reloj impactado por los villistas sigue funcionando, mientras que las reparaciones que se hagan al inmueble histórico serán hechizas, y el bloque negro seguirá en el misterio de lo foráneo.
Pilón
No hay adjetivo para dimensionar el dato expuesto en la reciente glosa en el Congreso: hay aún 500 mil carpetas de investigación pendientes de procesar. Es decir, desde que la hoy Fiscalía se llamaba Procuraduría, y esas querellas no eran carpetas de investigación sino averiguaciones previas. El mundo inverosímil de la justicia en Jalisco.




