La mentira de Vasconcelos
Juan M. Negrete
En el artículo publicado aquí mismo en la semana pasada (¿Vuelve la Gran Colombia? / 25/X/2025), dimos paso a una extensa cita de un intelectual nuestro muy reconocido, José Vasconcelos. Como nos proponemos buscarle los tres pies al gato de la agresión que están sufriendo nuestros países con la andanada de incursiones histéricas y letales por parte del gobierno gringo actual, sentimos pertinente invocar y revisar pasajes históricos similares ya sufridos con antelación.
Es conveniente volver la mirada a nuestro pasado no con el fin de afirmar que se estén repitiendo historias. Es una pretensión, ésta, que muchos historiadores combaten, aunque para otros resulte hasta un recurso muy favorecido. Veamos pues si le hallamos parecido a lo que nos vino como primeras experiencias a partir de conseguir la independencia de la península ibérica, sino sobre todo por los expedientes a que se echó mano para desdoblar nuestra soberanía. Es lo pertinente. O mejor dicho, es nuestra pretensión. Que lo consigamos o no, viene a ser otro boleto.
Pues bien. Volvamos a la extensa cita que hicimos de Vasconcelos. Se trata de un pasaje contenido en un texto suyo muy conocido: Bolivarismo y Monroismo. Vimos que en él nos remite aun congreso latinoamericano celebrado en nuestro país, compuesto por los recién emancipados países del continente. Lo denomina Congreso de Tacubaya. Vendría a ser la continuación del que convocó y realizó Simón Bolívar en Panamá. Según sus coordenadas históricas, dicho congreso fue convocado por don Lucas Alamán, bajo el período de gobierno de don Carlos Bustamante.
Es sutil una de las afirmaciones particulares, supervinientes sobre dicho evento, que encontramos contenida en estos mismos renglones. Nos dice que tal evento y tales fechas no aparecen en los trabajos de la academia y escolares, por su valía intrínseca tal vez. Hemos de aceptarlo como un silencio vergonzante. Como que los responsables de la formación de los ciudadanos se opusieron, o se les impuso tal línea de información por la insania de nuestros propios gobernantes, a que se nos abrieran los ojos a los futuros ciudadanos mexicanos sobre materia tan importante.
Por la razón que hubiere sido, el hecho duro y maduro es que, como diría el monje loco, nadie sabe y nadie supo nunca nada del tal congreso de Tacubaya, a pesar de haberse celebrado aquí, en nuestras tierras, y más por la relevancia y la directriz que hubiere dado al futuro de nuestros valores soberanos y libertarios.
Son formas de coger el rábano por las hojas. Y vamos a mostrar esta falta de honestidad en este discurso concreto, emitido por la canilla consagrada del propio Vasconcelos. Antes habría que ampliar un poco más el contexto de este intelectual nuestro tan citado.
No hay que olvidar que fue el secretario de educación pública en el gobierno de Álvaro Obregón. También fue rector de la UNAM, a la que todavía no se le citaba con estas siglas. Y luego, tras el asesinato de Obregón como presidente electo, hubieron de repetirse las elecciones para suplir al sacrificado Manco de Celaya. Él fue uno de los candidatos. La conseja desparramada por él mismo y por sus jilgueros fue que habría salido triunfador en esta justa, pero le aplicaron un mayúsculo fraude electoral. El sistema naciente le obstruyó ocupar la silla presidencial, que el pueblo le habría otorgado.
Volvamos ahora sí a su mentira. La expone él mismo. Nunca se celebró ese susodicho congreso de Tacubaya. Nada de que nuestros formadores y nuestro gobierno nos lo hayan silenciado. Nunca ocurrió. Lo sostiene él mismo con todas sus letras, en un pasaje de su Breve Historia de México:
“Recién independizado México, era natural que buscara apoyo en los países de la misma sangre. La voz de unión había venido ya del sur. Bolívar citó al congreso de Panamá… Al disolverse el congreso de Panamá, quedó convenido que los delegados se reunirían nuevamente en Tacubaya, suburbio de la capital de México. El congreso de Tacubaya no llegó a reunirse, porque los hombres pequeños que se habían hecho del mando en las distintas naciones de América no veían más allá de sus narices, no se preocupaban sino de la intriga local y de la adulación de los poderes nuevos: Inglaterra y los Estados Unidos…”
Lo importante de retrotraer estos textos tiene que ver con la clarividencia en el proceso de la sustitución de lo español por lo sajón en nuestras tierras. Hurgando los documentos de Alamán, fuente de Vasconcelos, se certifica que aquel jamás habla de un tal congreso de Tacubaya, fulcro que sería de nuestro latinoamericanismo actual.
El dato es serio. Alamán es meticuloso y detallista en sus relaciones históricas. Señalado como paladín del hispanoamericanismo, no hubiera silenciado esfuerzo tan importante encabezado por él mismo, aunque hubiese sido derrotado en el intento. Sus referencias geoeconómicas hablan de escasas victorias y abundantes, éstas sí, derrotas de nuestras repúblicas. La creación de la liga aduanera, cual ‘santa alianza americana’, fue sólo el reconocimiento, en la persona de don Miguel Santa María, de la república de Colombia, de su independencia, y la proposición de ‘celebrar un tratado de alianza con aquella república’.
He aquí la precisión histórica asentada en el texto de Alamán. No había necesidad de recurrir a la ficción histórica para fundamentar un posible mundo latino ido o traicionado. No había mucho por rescatar de un modelo atrasado, menos desarrollado, de capitalismo, tal cual nos lo trajeron los españoles y que no daría más de sí, sino como dio en variantes de capitalismo dependiente y subdesarrollado. Como es tema tan sabroso, le seguiremos escarbando más cicuas. Gracias.
