La oscura fama

La oscura fama

Alfonszo Rubio Delgado

Para poder lograr fama o hacerse famoso, un individuo debe invertir tiempo y dinero. Mucha paciencia y eficiencia en sus  constructos. Ciertamente cuidar y mantener la postura que le permita conservarse en el gusto de la gente, tiene su costo. Mismo que puede ser económico, político o de cualquier otro tipo. Para aspirar a ser famoso, en cualesquier actividad, se requiere de una trayectoria y vocación, aunque a veces, en casos negativos, no sea necesaria. Y mostrar apertura hacia costumbres y manías de grupos, como ocurre con individuos tristemente célebres, cuyas fechorías les dieron una fama poco deseable, execrable.

Así ocurrió a individuos como José Stalin. Iosif Dzhugashvili o Hitler, de quien nos contaron una historia, pero al parecer fue otra. Así hay quienes se encargan de torcer la historia a favor de intereses oscuros. Nos muestran como santos a quienes, con su vida, dieron ejemplo.

Luego nos dimos cuenta de que anduvieron muy lejos de tal concepto, como Rodrigo Borja. Lo mismo pasa con asesinos seriales como “el mocha orejas”, o individuos que cargan con culpas, cuyos hechos no necesariamente les pertenecen, como Amanda Knox.

Si bien es cierto que conseguir la fama para obtener beneficios económicos, políticos, artísticos o de cualesquier otro tipo, es económicamente desgastante, también lo es mantenerse al margen de la misma. Así, mientras algunos individuos con algún talento mendigan un poco de fama queriendo lograr fortuna, hay otros que por razones poderosas huyen de aquella.

Hace mucho tiempo, la ingenuidad de la sociedad o sociedades hacía la tarea a nivel mundial. Nadie ajeno a determinados círculos se “enteraba” de ciertas actividades delincuenciales de altos perfiles. Y, si trascendía, pronto se desmentía a través de los medios masivos de comunicación. Esto, de forma amenazante, por lo que aquellas noticias o rumores quedaban neutralizados, debido al poder descomunal concentrado en pocas manos.

Esto sigue ocurriendo, aunque la ciencia y la tecnología han cambiado el panorama. Los grandes potentados se la piensan para aplastar a individuos o grupos de ellos. También se valen del engaño, la miseria moral y las posturas canallescas, para lograr objetivos que antes de forma artesanal realizaban. Huelga decir que utilizan los mismos medios para engañar a las poblaciones. Pero su costo es mucho más elevado.

Han logrado mangonear a organizaciones gubernamentales de todo el orbe, incluso para actuar a través de los mismos y utilizar el propio dinero para atacar a sus congéneres. Para ello utilizan perfiles demasiado ambiciosos, cuyos valores éticos son inexistentes. Contrario a aquello, esos sujetos padecen rasgos mentales que caracterizaron a los tipos más nefastos de la historia, como Calígula o Nerón.

El no ser famoso significa un gran desgaste. Impedir que empresas contra la humanidad sean publicadas, dadas a conocer o asimiladas por las grandes masas, significa un enorme esfuerzo. Deben silenciarse grandes medios masivos, redes sociales, periodistas, grupos guerrilleros etc. El despliegue de tales desperdicios de energía implica enormes gastos. Sin importar vidas humanas, animales o vegetales. Tampoco lo mineral.

Mantenerse a la sombra debe ser un logro igual o más destacado que ser famoso. Los casos de éxito oscuro en la sociedad mundial propician un desbalance del cual se benefician unos pocos, manteniendo un ecosistema perverso y dañino para la convivencia y el desarrollo humano. Exige la desaparición de periodistas, publicistas, comunicadores de todos tipos, medios de comunicación etc. Y “a río revuelto” echar la culpa a otros actores indeterminados.

El despliegue de este tipo de energía trae consigo fenómenos como la llamada conspiración, que es una teoría consistente en considerar  toda información referente a aquellos potentados como vacía de contenido. Sobre todo la que muestra las intenciones de aquéllos émulos de Cronos y del “mulo” de Asimov. De esta forma, la prensa negra impone su “verdad”; normaliza la miseria; manipula las verdades, vertiendo contenido tendencioso; obliga a los gobiernos a disminuir la presión que eso causa a través de dádivas y “regalos” masivos, pero con carga a su propio erario y a su deuda pública.

Sin embargo, el diagnóstico del estado enfermizo no se borrará con ese tipo de míseros remedios. El desequilibrio mundial sólo tiene una solución posible. Esperemos que la naturaleza, nuestra naturaleza, alcance el punto de madurez máximo; que una imprudencia de tipos arrebatados, engañosos, ambiciosos e inestables emocionales, como los que gobiernan o desgobiernan nuestro planeta, no nos pongan en el estado crítico que ponga en peligro la presencia humana en el planeta.

¡Saludos amig@s!