La peor de todas
Josefina Reyes Quintanar

“Teniendo por mejor en mis verdades consumir vanidades
de la vida que consumir la vida en vanidades”
Sor Juana Inés de la Cruz
El 12 de noviembre de 1979, por decreto presidencial, se conmemoró en México por primera vez el Día Nacional del Libro. No fue al azar que se eligió la fecha, se proclamó para honrar el natalicio de Sor Juana Inés de la Cruz, quien es la máxima exponente de la literatura de estos lares del mundo, así como del siglo de oro español. Muy reconocida tanto en la alta sociedad novohispana como en la España de ese siglo, destacó por su inigualable literatura de estilo barroco. Adelantada e incomprendida en su época, pionera del feminismo, virtuosa en muchas artes. Así pues, el pasado 12 de este mes se conmemoraron 374 años de su nacimiento (sin entrar en la discrepancia de si nació en el 1648 o en 1651).
Desde mi humilde comprensión, Las trampas de la fe, escrito en 1982 por Octavio Paz es la mejor lectura que podemos realizar si queremos conocer a fondo la vida de esta poetisa. En él nos cuenta cómo en los tiempos de la colonia, la corte y el locutorio del claustro eran los únicos espacios en que una mujer podía codearse intelectualmente con los hombres. Espacios que Sor Juana supo aprovechar al máximo evadiendo el matrimonio y así poder dedicarse a las letras; con una sincera y valiente actitud combativa frente a las limitaciones que su sociedad imponía a las mujeres.
El ansia de conocimiento por parte de Sor Juana era indescriptible. Algunos consideran como la primera obra de ciencia ficción en México, Primero sueño, un poema de 1692, titulado así en alusión a Góngora, por su texto Primera soledad. Este escrito es de carácter filosófico y metafísico, refleja el deseo de comprender el universo y la búsqueda del conocimiento absoluto. El poema es uno de los más extensos de su producción y se caracteriza por su lenguaje barroco y complejo; repleto de símbolos y referencias clásicas. En él se narra la travesía onírica de la mente humana en su intento por alcanzar la verdad suprema. A través de una noche oscura y un recorrido lleno de obstáculos donde habla sobre el esfuerzo de la razón por iluminar los misterios del cosmos y las limitaciones que enfrenta. Destaca por su profundidad y belleza literaria, y es dónde Sor Juana simboliza su anhelo por el conocimiento. En un contexto en el que las mujeres eran sistemáticamente excluidas de la educación formal. “Yo, desde niña, me sentí inclinada a la actividad intelectual. Quería vivir sola, sin ruido, sin obligaciones que estorbaran la libertad de mi estudio” escribió Sor Juana.
Definitivamente no la tuvo fácil Sor Juana Inés de la Cruz. Por una parte, teniendo que someterse al ingreso de una vida monástica como religiosa jerónima, monja enclaustrada y a su vez mujer intelectual en ejercicio y mujer de mundo (ya quisiéramos muchas mujeres de la actualidad poseer un poquito de todo el intelecto y habilidad literaria de ella), atrapada en esa ambivalencia de pensamiento y presa de una fragilidad ante sus contemporáneos. Obligada a abandonar las letras debido a las fuertes presiones de sus superiores eclesiásticos simplemente por el recelo con que se veía a una mujer dedicada a los estudios profanos. Ese obispo de Puebla, escondido bajo el seudónimo de Sor Filotea de la Cruz, y el posterior escrutinio de sus actividades, la despojaron incluso de su biblioteca personal, que era bastante extensa, le llevaron a un callejón sin salida.
Pasó sus últimos años dedicada a actividades religiosas, cuidando de las hermanas del convento de San Jerónimo debido a una epidemia de peste, que la llevó a su muerte el 17 de abril de 1695. Bastante extenso es el material que nos legó esta poetisa, con temas universales como la mujer, el desamor, la razón; dentro de su prosa, sonetos, teatro, poesía, podemos conocer la grandeza del intelecto que poseía la décima musa.