La procesión del silencio

La procesión del silencio

Josefina Reyes Quintanar

Son las 20 horas de un viernes santo, más de 2500 personas congregadas en las calles del Centro Histórico de la capital potosina.  Comienza a oler a incienso y a copal, la iluminación proviene de cirios por todos lados, se escucha el sonido de una corneta; es el preámbulo para que aparezca la guardia pretoriana, un contingente icónico de ciudadanos que representa a los soldados romanos de élite, el cual marcha desde el Teatro de la Paz hasta el templo del Carmen. Un centurión golpea tres veces las puertas del templo, las cuales se abren para dejar salir a un grupo de tambores que anuncian el inicio de la procesión.

La Procesión del Silencio de San Luis Potosí, la segunda más grande del mundo, es un acto representativo de la Pasión y Muerte de Cristo, una tradición que año con año atraviesa las calles más emblemáticas del centro, dando inicio en el Templo del Carmen y continuando su andar por la Iglesia de San Agustín, el templo de San Francisco, el Teatro de la Paz, la Plaza de los Fundadores, el Museo Nacional de la Máscara para completar un circuito y regresar finalmente a su inicio en el Templo del Carmen a la media noche. Participan alrededor de 30 Cofradías, cada una con un color y vestimenta característicos. Es una de las celebraciones de Semana Santa más importantes de México y fue declarada parte del patrimonio cultural del Estado en el 2013, convirtiéndola en un gran evento turístico.

Las cofradías son agrupaciones organizadas por fieles católicos que custodian imágenes religiosas, para desfilar en solemnidad durante la Semana Santa. Conmemoran en completo silencio representando penitencia y respeto al viacrucis de Jesús. Utilizan como vestimenta túnicas y capirotes de colores según la cofradía, por lo regular negro, morado, blanco o rojo, simbolizando duelo, anonimato y humildad. Los cófrades más notables son los nazarenos de la Cofradía Carmelitana. Algunos van descalzos para hacer más penosa la penitencia, con cadenas atadas a sus tobillos o portando cruces; incluyen adultos y niños, entre los que se pueden ver monaguillos, soldados romanos, mujeres con rebozo, entre otros.

Su origen proviene de Sevilla, España (donde se remonta al siglo XVI), llegando a San Luis Potosí a través de los padres carmelitas, quienes inculcaron a los toreros la devoción por la Virgen de la Soledad. Se estableció oficialmente en 1955 por Monseñor Joaquín Antonio Peñalosa Santillán, con apoyo de la comunidad de toreros, entre los que destaca el potosino Fermín Rivera Malabehar. El gremio de toreros comenzó con una pequeña procesión para promulgar el Viacrucis y el dolor de la Virgen de la Soledad, en la iglesia de El Carmen. Actualmente es una experiencia no sólo para católicos; es una combinación única de devoción, arte y tradición, toda una manifestación cultural.

Una marcha silenciosa donde participan cientos de personas en absoluto mutismo, donde las cofradías avanzan lentamente mientras cargan pesadas imágenes que representan la pasión de Cristo, sostenidas en parihuelas de madera sobre hombros. Cada imagen es una estación del viacrucis o un Misterio doloroso del Rosario. La luz de las velas ilumina el paso de la procesión. La gente observa con veneración mientras los tambores son los únicos que rompen el silencio. Actualmente se celebra también con gran solemnidad en ciudades como Aguascalientes, Querétaro y Toluca. Sin embargo, la potosina es la más destacada. Si tiene oportunidad, acuda a esta experiencia, considerada como una de las mejores del mundo.