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La profunda soledad de las personas desaparecidas

La profunda soledad de las personas desaparecidas

El Rincón de Clío

Criterios

 

A través de la historia en todas las culturas, los sistemas de pensamiento religioso han inventado y recreado los sitios donde irán a descansar sus muertos. Así como es importante velar por los vivos, se impone ofrecer tranquilidad a los muertos. Vivimos la muerte cada instante de la vida. Resulta difícil pensar la vida sin acariciar la muerte. Morir es el último acto en la obra de la vida. La muerte guarda para sí todo lo que quisimos y logramos; nuestros triunfos y fracasos; lo que dejamos en el camino por no quererlo levantar; almacena nuestros odios y rencores; nuestros ires y venires; nuestros amores y desamores; nuestros despechos y afectos; y aunque parezca extraño, nuestras ansias de vivir.

Sin importar la cultura de que se trate, la constante es tener en el imaginario colectivo la claridad del lugar donde moraremos para siempre. Son lugares a los que se accede según se muera o según se viva, depende de la sociedad que sea. A querer o no, las entelequias donde vivirán los muertos se materializan en los espacios creados para depositarlos. Los podemos cremar o enterrar. Sea como sea los tendremos ahí. Sea como sea no se irán. Sea como sea los seguiremos aprehendiendo. Sea como sea estarán cerca.

Diría Jaime Sabines: Te enterramos ayer./ Ayer te enterramos./ Te echamos tierra ayer./ Quedaste en la tierra ayer./ Estás rodeado de tierra desde ayer./ Arriba y abajo y a los lados por tus pies y por tu cabeza está la tierra desde ayer…/

Así, depositamos a nuestros muertos. De esa manera velamos de ellos. Es la forma de honrar su memoria.

Pero cuando no hay muertos, cuando solo tenemos desaparecidos, las moradas eternas pierden su esencia. En la muerte no estaremos solos. La muerte la viviremos acompañados, porque en la historia hay más muertos que vivos. Esta compañía no la gozarán las personas desaparecidas. Los desaparecidos viven en soledad. Se sujetan a ellos mismos. Gritan sin que nadie los escuche. Formulan preguntas que nadie contesta. Deambulan por veredas deshabitadas porque la sociedad salió de ellas para buscarlos, y no quieren regresar con las manos vacías. Los desaparecidos retienen su soledad porque es lo único que poseen. Los desparecidos son los únicos que saben que no han muerto, pero están ciertos que no pueden retornar.

A los muertos se les llora, a los desaparecidos se les busca, y se les debe de encontrar.

 

@contodoytriques/ Profesor de Relaciones Internacionales en el Tecnológico de Monterrey, Campus Guadalajara.

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Acerca del autor

Eduardo González Velázquez

Profesor de Relaciones Internacionales en el Tecnológico de Monterrey, Campus Guadalajara.

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