La realidad de Atwood / II
Josefina Reyes Quintanar

Segunda parte:
Margaret Atwood cuenta que inició a escribir este libro en 1984, cuando ella se encontraba viviendo en la Alemania Occidental, rodeada por el muro de Berlín. Se encontraba en una ciudad donde existía una atmósfera de espionaje, la desconfianza mutua entre sus ciudadanos y el miedo constante a la policía secreta. Estas experiencias fueron plasmadas en su novela. La tensión de estos ambientes en los paseos de las “criadas” son el reflejo de la influencia de la Guerra Fría que se libraba en esos años. La visión que Margaret Atwood tuvo sobre el totalitarismo y su inspiración en el Muro de Berlín fueron claves en la creación de El cuento de la criada.
En la Rumania comunista de 1966 se impuso el decreto 770 por el dictador Nicolae Ceausescu, en el que se prohibía el aborto y los anticonceptivos para forzar el crecimiento poblacional con el fin de impulsar la fuerza laboral y la economía nacional. Fue una maternidad forzada, cuyas medidas causaron miles de muertes maternas debido a los abortos clandestinos y una crisis de niños abandonados en orfanatos estatales. Sólo se tenía consideración en casos específicos de mujeres mayores de 45 años o madres con al menos cuatro hijos. Las mujeres eran sometidas a controles ginecológicos obligatorios en sus centros de trabajo para detectar embarazos tempranos. Había impuestos especiales para solteros, personas sin hijos o a estériles.
Otros acontecimientos en los que se basó la autora fueron las referencias militares. En la dictadura militar argentina (1976-1983) existió el robo de bebés, se mantenía con vida a mujeres embarazadas detenidas ilegalmente hasta que daban a luz, para luego asesinarlas y apropiarse de los bebés para ser entregados a familias de élite. No es argentino, pero basta conocer la historia del escritor Juan Gelman para darnos una idea. También en la dictadura franquista se tiene documentados el robo de bebés. Madres republicanas encarceladas bajo el pretexto de alejarlas de la izquierda, con ellas generaron un lucrativo negocio de adopciones ilegales cobrando considerables sumas de dinero por recién nacidos.
El 1 de abril de 1979 Irán se convirtió en una Constitución republicana y teocrática al mando del ayatolá Ruhollah Musaví Jomeini, o sea, un gobierno islámico. Es un tema complejo, pero centrémonos en la situación de las mujeres. En este proceso de insurrección popular se derrocó la monarquía del sha Mohammad Reza Pahlavé (quien era un títere para los intereses de los Estados Unidos). A partir de ese momento en el país, las mujeres perdieron sus derechos y se transformó de forma radical su vida; aunque muchas participaron en la caída del Sha buscando libertad, el nuevo régimen anuló derechos civiles, laborales y de familia, además de imponer el uso obligatorio del hiyab. Se redujo la edad legal de matrimonio para las niñas, se limitó el derecho al divorcio y se quitó a las madres la custodia total de los hijos; ya no era tan sencillo el viajar o el ocupar puestos como juezas o ministras y se redujo la oferta en las carreras universitarias para las mujeres.
Podríamos seguir haciendo referencia a más fenómenos sociales como la gestación subrogada, el programa Lebensorn de la Alemania nazi o los talibanes en Afganistán; el punto es que la novela de El cuento de la criada nos advierte el futuro (desde 1985). En ella quedó plasmada la advertencia de que las mujeres pueden perder sus derechos poniendo como justificación la religión, la moral, la política o la seguridad nacional. Como lo mencionó Atwood: “No es ciencia ficción, sino ficción especulativa. La ciencia ficción tiene naves espaciales y monstruos. La ficción especulativa realmente podría ocurrir. Incluso guardo revistas científicas que prueban lo que digo en mis novelas”.