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La visión de Juan Negrín sobre el arte wixárika

La visión de Juan Negrín sobre el arte wixárika

Guadalajara, Jalisco.-A propósito de la exposición Grandes maestros del arte wixárika que se exhibe en el ahora llamado Museo Cabañas, rescatamos parte de una entrevista realizada en 1985 a Juan Negrín, quien coleccionó las obras de varios artistas wixárikas, entre ellos José Benítez Sánchez, muchas de las cuales ahora se presentan. Cabe señalar que en ese tiempo se usaba indistintamente los términos wiráxika y huichol para referirse a esa etnia.

Negrín nació en México, pero de los cuatro a los catorce años vivió en Francia. Estudió el bachillerato en el Liceo Franco-Mexicano y tomó cursos de filosofía, donde tuvo como profesor a Ramón Xirau. Se dedicó a la pintura y al estudio de arte y religiones comparadas de manera autodidacta. Eso lo llevó a interesarse en el arte y la religión wixárika a principios de los años setenta, y formó parte de la Asociación para la Investigación, Capacitación y Asistencia Wixárika.

En su relación con los entonces considerados artesanos huicholes, Juan Negrín descubrió que algunos de ellos, a pesar de vivir fuera de sus comunidades, tenían un profundo conocimiento de su religión nativa, ya que mantenían fuertes vínculos con quienes vivían en la sierra, y a menudo volvían para participar en las ceremonias religiosas y en las peregrinaciones a Wirikuta, experiencias que reflejaban en sus trabajos con estambre.

Por medio de su convivencia con wixárikas que vivían los barrios bajos de Tepic y en algunas zonas de Zapopan, Negrín conoció a José Benítez, cuyo trabajo promovió y difundió.

En el contexto de las obras producidas por los artistas wixárikas, Negrín explicó su idea sobre la diferencia entre artesanía y arte:

“El arte viene de una inspiración sagrada y está hecho con fines devocionales. Podemos clasificar como artesanía aquello que no tiene una inspiración religiosa; tiene el fin de venderse en una tienda, donde el que compra la obra tampoco se interesa en el significado que puede tener ese simbolismo.

“En el año setenta se empieza a formar un movimiento de artesanos huicholes, ya que se fomenta esto en Zapopan y en una tienda de Tepic. Después, el INI (Instituto Nacional Indigenista) participa en el fomento de la creación de artesanía de los huicholes. Muchos de ellos adrede le quitan el simbolismo religioso. Es por eso que me interesó ver qué pasaba cuando un huichol representaba algo realmente sagrado, lo que ellos llaman ‘importante’. Ahí ya empezamos a salir de la artesanía y a volver al arte religioso; ya es un arte visionario, ya tiene que ver con la capacidad del que lo hizo de visualizar a los antepasados con los que quiere hacer contacto, para hacerlos realmente presentes.

“Algunos (artistas) no querían hacerme arte ‘importante’. Guadalupe González Ríos me decía: ‘Mi tío me dijo que me volvería ciego si yo hiciera un trabajo importante’. Para poderlo hacer me quiso llevar al lugar de sus peregrinaciones, de sus devociones, al ‘árbol del viento’, en un picacho, y después, considerando que el espíritu ese me conocía a mí también, se podía vengar conmigo si yo era el que prostituía la obra. Y al creerme que cuando le dije que esto no se iba a usar como decoración sino para inspirar en otras personas una concientización espiritual, estuvo de acuerdo en hacerme algo ‘importante’.

“Mi meta era que los huicholes que en mi opinión tenían dones de artistas, pudieran realmente dedicarse a una obra artística religiosa y así darnos una lectura visual del pensamiento filosófico-religioso de su tribu.

“Después de varios años de investigaciones, llegué a ver que solamente el huichol con conocimientos de participación religiosa tenía la capacidad de hacer una obra original.

“¿Cómo podemos decir que algo es arte? En parte porque es algo original, en parte porque es sincero, porque viene realmente del corazón del que lo hace, y porque es entonces una invención constantemente renovada.

“Otra fase de la definición de lo que es arte es que esa persona tiene intuición del equilibrio de las formas, de los valores de los colores, del ritmo que se crea con la yuxtaposición y oposición de colores y formas. En suma: intuición estética”.

Juan Negrín también habló acerca del rechazo que sufrían las obras wixárikas por parte de los espacios museísticos de entonces.

“Todo arte nuevo –y el arte huichol es nuevo por definición, porque no existía hasta el año 69 o 70– es muy difícil que se acepte, que se reconozca y valore. Esta es una razón fundamental por la que no se le da un lugar dentro de lo que es reconocido como arte en México. La otra razón es porque el huichol no tiene una formación académica occidental; no se forma como artista. Un José Benítez Sánchez no se formó haciendo dibujos y retratos en una escuela de bellas artes. No comprendemos que toda la cultura huichola puede llevar a ciertos huicholes a tener una formación no académica pero sí cultural, a muy largo plazo, de estudios del color, de la forma, del objetivo que pueda tener plasmar una cosa en una superficie.

“Cuando no conocemos la cultura huichola es difícil comprender que esa cultura es eminentemente visual. Desde chicos aprenden a hacer cosas que son objetos visuales. Se fija mucho en la visión, pero en una visión espiritual”.

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