Laberintos imborrables

Un hombre muy enfermo murió en Guadalajara, Jalisco, a la edad de 55 años, rodeado de algunos familiares y amigos. Según testimonios, fue sepultado en el Panteón de Belén, en la primera Rotonda de los Personajes Ilustres. Había atravesado momentos difíciles durante la Revolución Mexicana y sufrió el exilio antes y durante la Guerra Cristera, pasando un tiempo en Estados Unidos y otro en El Salvador, Centroamérica. Por su vida extraña, como él mismo lo expresó en uno de sus poemas, ejerció su ministerio sacerdotal en más de 20 destinos pastorales.

¿Ya sabes quién es? De hecho, una calle en el barrio de Santa Tere, en Guadalajara, lleva su nombre.

Me refiero al sacerdote y poeta Alfredo R. Placencia Jáuregui, de quien ayer, 15 de septiembre, celebramos 150 años de su natalicio. Originario de Jalostotitlán, Jalisco, ingresó al Seminario de Guadalajara y fue compañero de ordenación sacerdotal del mártir San Cristóbal Magallanes Jara.

Por azares del destino llegó a Temacapulín en 1910, y uno de sus encuentros místicos fue con el Señor de la Peñita, así llamado por los nativos del pueblo alteño, enclavado en las barrancas del Río Verde. Hace 175 años, el 13 de mayo de 1850, el señor cura Miguel González, estando destinado en Jalostotitlán, prohibió el culto al Cristo hallado en la peña por un aldeano. Sin embargo, al llegar el poeta rebelde descubrió el misterio encerrado en la rara perfección de la imagen pintada en una roca, al sur del pueblo, y lo bautizó como el Cristo de Temaca.

Asimismo, escribió El Salto de Temaca, La Cuesta de Temaca, El Cementerio de Temaca y Adiós Temaca. Es en el pequeño pueblo de Temacapulín, ahora famoso por su lucha trascendente en defensa del agua, donde se encuentran tres sitios con monumentos dedicados a él:

  1. En el atrio de la Basílica de N. S. de los Remedios, donde vivió.

  2. Al pie de la peña donde está el Cristo de Temaca.

  3. En el cementerio de La Gloria, donde soñó ser sepultado.

En este memorable 15 de septiembre, honramos al personaje jalisciense que ha sido poco valorado por muchos, pero exaltado y reconocido por otros como Agustín Yáñez, el padre J. Rosario Ramírez Mercado, su propio hijo Jaime Cortés y, últimamente, celebrado en su patria chica, Jalostotitlán.

Quiero destacar que otro personaje mexicano, el general oaxaqueño Porfirio Díaz, estaría cumpliendo 195 años de vida. Y ya entrados en los cumpleaños, el próximo sábado 20 de septiembre, el profesor Gustavo Iñiguez Iñiguez, originario de Temacapulín, estaría cumpliendo 105.

A estos natalicios quiero dedicar un reconocimiento público, en esta columna Laberintos imborrables en Partidero, a personajes que en vida realizan un trabajo artístico, social, político y literario, y que son paisanos del poeta y sacerdote Alfredo R. Placencia.

La mención es para la maestra María Dolores Pérez Padilla, quien prepara un trabajo de investigación sobre personajes que han destacado en la lucha contra la presa El Zapotillo y a favor de una gestión integral del agua; Javier Jiménez Pérez, escritor y creador de la cerveza artesanal Temaca; y Luis René Saldaña Ramírez, gran promotor cultural en la región de Los Altos.

Un reconocimiento también al Centro Universitario de los Altos (UdeG), que en su momento publicó una edición especial a cargo del maestro Cándido González, y a las preparatorias de la región Altos Sur, por la obra de teatro que presentaron hace un año.

Una invitación especial a los lectores de esta semana: valorar la figura del poeta místico y su gran obra. Qué importante será leer y analizar los poemas que expresan pasajes existenciales del autor, pero que también son un espejo de los nuestros. Qué necesario que nosotros mismos nos comprometamos a escribir parte de nuestras experiencias de vida e invitemos a las nuevas generaciones a adentrarse en el sorprendente mundo de las letras. Porque la transformación de un pueblo comienza con ideas que se van hilvanando, como las notas musicales de una melodía, como los colores en una pintura, como los pasos que llevan a un destino.

Los grandes proyectos de la vida no dependen del dinero o de grandes influencias —aunque sean útiles—, sino de la decisión, la perseverancia, la organización y la voluntad, que son las verdaderas herramientas de la trascendencia. Curiosamente, el primer libro del poeta fue editado en España en 1924 con modestos recursos.

Así que, si alguien lo desea, aquí en esta columna puede comenzar a compartir sus ideas, como lo hace hoy un servidor. Enhorabuena.

¡Viva Alfredo Ramón Placencia Jáuregui, viva Jalostotitlán, viva Jalisco, viva México!


Gabriel Espinoza Íñiguez

Vocero del Comité Salvemos Temaca, Acasico y Palmarejo.