Por Gabriel Espinoza
Es imposible enumerar las vivencias de este año 2025: ganancias y pérdidas en muchísimas áreas de la vida personal, familiar, social, política, religiosa, económica, profesional, etc. Millones de risas y lágrimas; sueños, retos, proyectos, propósitos, fracasos, rutinas, negocios, desilusiones, desacreditaciones, alabanzas, traiciones, milagros, triunfos, enfermedades, muertes, oportunidades y pendientes.
Miles de personas, en estos 365 días, se han ido sin ver el fin de año. Nosotros aquí estamos como sobrevivientes, buscando traspasar el tiempo para seguir en esta lucha por la vida con fe, esperanza y amor.
Y permítanme escribir como creyente. Dios nos ha bendecido con grandes dones, no solo este año que termina, sino desde siempre. Y por acá, en Temacapulín, celebramos el 266 aniversario de la construcción del Santuario a Nuestra Señora de los Remedios (elevado a Basílica Lateranense el 29 de diciembre de 1959). Según la tradición popular, habiéndose concluido la Basílica de Zapopan en 1734, los frailes franciscanos planearon edificar otros santuarios y uno de ellos fue el de Temacapulín, cuya primera etapa se concluyó en 1759. Un día como ayer.
Antier, la Arquidiócesis de Guadalajara clausuró el Año Jubilar “Somos Peregrinos de Esperanza” en la Catedral de Guadalajara, una iniciativa del Papa Francisco aperturada el 24 de diciembre de 2024 y que será clausurada en Roma por el Papa León XIV el próximo 6 de enero de 2026.
Mientras tanto, ayer también la Diócesis de San Juan de los Lagos hizo lo propio con gestos muy simbólicos: peregrinaciones, aclamaciones, Eucaristía solemne, el cofre para resguardar la historia jubilar y apoyo para obras sociales. Igualmente, en Mexticacán se inauguró una grandiosa escultura dedicada a la Virgen del Carmen, precisamente a un lado del Corazón de Jesús monumental hecho de mosaicos de colores.
En estos eventos religiosos, y otros muchos que vendrán para finalizar el año y comenzar el nuevo, se enaltece la virtud de la ESPERANZA. Así se dice: “La esperanza muere al último”, o “la esperanza nunca muere”, o “la esperanza no defrauda”. La esperanza de que las personas y las cosas mejoren, cambien; de que las cosas buenas lleguen y las cosas malas se vayan. Pero esta virtud teologal es activa.
A la esperanza se le encuentra con fe y amor. No es una espera pasiva, sino una esperanza activa y llena de buenos frutos. ¿Y algunos de estos frutos son la gratitud, la alegría, la paciencia, la templanza… y qué más debemos practicar? El respeto, la tolerancia, la solidaridad y la ecuanimidad.
Sin embargo, no podemos cerrar los ojos ante la desesperación que nos rodea. En este año 2025 han sucedido muchas desgracias a causa de la desesperanza: crisis, angustia, muerte, violencia y miedo.
Cada uno de los lectores podríamos analizar si somos personas llenas de esperanza o víctimas de la desesperación. Sin duda, podríamos tener una mezcla, porque aunque muchas veces logremos ser testigos de esperanza, otras veces podríamos caer en la trampa de la desesperación, que provoca injusticias y destrucción.
En este sentido, hay muchísimos temas en los que podríamos ocuparnos a nivel global, nacional o regional. Pero al final de esta reflexión pongo a su consideración una esperanza en Jalisco: mientras esperamos con optimismo el año 2026 y los acontecimientos que fortalecerán nuestra identidad, la mayoría de los que usamos el transporte público esperamos que se mejore el pésimo servicio en Guadalajara. Y lo hemos esperado por décadas.
Pero los desesperados y ambiciosos empresarios, aliados con los políticos en turno, en lugar de aumentar la calidad del transporte público con mejores sistemas, unidades, rutas, etc., se han enfocado en amenazar con un incremento desproporcionado.
De acuerdo con la calidad del servicio, más bien se debería bajar el precio. Si ya desde la administración pasada el incremento ha sido injusto, de 7 pesos a 9.50 pesos, lo que ahora se ha anunciado es el cálculo desesperado por llenarse los bolsillos de dinero a expensas del pueblo tapatío y de los usuarios que diariamente pasan por esta metrópoli.
Sinceramente creo que ya es el colmo. Pero no vamos a rechazar este aumento gritando desesperadamente. Más bien, con seriedad, debemos organizarnos y exigir lo que toda persona decente se merece: un servicio digno de transporte y un precio justo. Porque si no actuamos, esto que hacen con el transporte lo seguirán haciendo con el servicio de agua, los alimentos, la electricidad, la salud, la educación, los combustibles y otros.
Así que no basta con hacer JUBILEOS DE LA ESPERANZA; es necesario hacer que la ESPERANZA TENGA BUENA MOVILIDAD.
