El 11 de noviembre me llamó un amigo lamentando que llevaba dos horas atorado entre el aeropuerto y Guadalajara por la desordenada ampliación de la carretera: “Máquinas y materiales por todos lados; ausencia de agentes viales y ni un solo aviso. Antes, cerca de ahí, un par de jovencitas de Vialidad habían sido vilmente asesinadas en El Salto. ¿Qué hacían allá si acá faltaban? ¿Quién las envió, quizá contra su voluntad?”.
Anteriormente, otra persona de confianza me dijo: “Como no traía tarjeta de circulación ni pago del seguro ni efectivo, ‘el auto al corralón’, me amenazaron dos ‘toritas’. Me dieron un número de cuenta y me obligaron a hacer una transferencia bancaria de seis mil pesos”.
Nada justifica; explica.



