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Las muertes de Marisela Escobedo

Las muertes de Marisela Escobedo

Recién se estrena en Netflix el documental sobre Marisela Escobedo. Su historia refleja las muchas historias de las injusticias de este país. Mirar el documental me abrió las heridas y los recuerdos.

El 8 de diciembre de 2010 vi y escuché por última vez a Marisela: estábamos ante una misión internacional en la Ciudad de México, denunciando los feminicidios en el país.

Marisela es la madre de Rubí, una niña de 16 años quien fue asesinada por su pareja en agosto de 2008. Desde que desapareció y su pequeño cuerpo fue encontrado en un terreno junto a huesos de marranos, Marisela, enfermera jubilada, dedicó su vida a buscar justicia para su hija, convirtiéndose en una defensora de los derechos humanos.

Marisela fue asesinada frente a las puertas del Palacio de Gobierno de la Ciudad de Chihuahua, el 16 de diciembre de 2010, mientras realizaba una protesta pacífica e indefinida para exigir a las autoridades la detención del asesino de Rubí.

Esta es parte de la carta y discurso que Marisela nos compartió y nos leyó el 8 de diciembre de 2010, unos días antes de su asesinato y que hoy comparto con ustedes:

“Rubí, mi hija, no será un número, no será una de las 7,649 mujeres de ciudad Juárez que han sido violadas, mutiladas y asesinadas en los últimos diez años en Ciudad Juárez; no será una más entre las muertas de Juárez. Rubí, seguirá siendo Rubí, la joven de 16 años a quien una bestia se atrevió a arrebatarle lo más preciado que una persona tiene, la vida. Y no conforme con eso, tiró su cuerpo deshecho en un tiradero clandestino de desechos de puercos y de otros animales y le prendió fuego y después de esto, sus restos fueron alimento de perros y ratas. Pero y con todo esto, Rubí seguirá siendo Rubí y no una estadística más. Rubí quien tiene una familia que sufre su ausencia, Rubí quien tiene una madre que hará que ella sea recordada como Rubí, la primer víctima de feminicidio que envía a su asesino a la cárcel de por vida. Rubí será un parteaguas entre la impunidad y la justicia.

“Aunque cabe mencionar que muchas de nosotras nos quedamos estancadas en la segunda faceta que les voy a mostrar, y es comprensible, ya que se necesita de mucho valor, fuerzas y hasta un nivel económico que nos permita salir en busca primero de nuestras hijas y después, como en mi caso, salir en búsqueda de justicia. Les voy a mostrar la segunda parte, que es la más dura para mi, en la cual muchas veces me he tenido que deshacer de esta armadura en la que me he tenido que meter para poder desahogar por unos segundos todo lo que esto me ha llevado a padecer. Me disculpan si no puedo tolerar esto”.

Carta a mi hija Rubí:

Rubí, mi chiquita, ¿dónde estás?, no se cansa de gritar mi corazón y no tengo respuesta. Cómo quisiera que nada hubiera pasado y tú estuvieras aquí disfrutando de tu hija que está tan hermosa. Yo sé que estoy mal, pero me da coraje pensar que soy yo la que goza con sus gracias y sus triunfos y saber que todo esto te pertenecía a ti. No sé si son pretextos míos para sufrir más. En ocasiones pienso que te fallé, y eso duele como no te puedes imaginar. No sé si fui buena mamá, lo único que sé es que te amo tanto. 

Creo que no he tenido oportunidad de llorar y sufrir lo suficiente, hay ocasiones en que siento que el dolor me va a explotar en el pecho. Cada día que pasa pienso que esto es lo más que me puede doler, y al siguiente día es más grande mi dolor. Yo no sé cuándo voy a llegar al límite y si lo voy a poder soportar. Estoy rodeada de gente pero no hay nada más triste que la soledad en compañía. Los veo girar a mi alrededor tan ajenos a mi dolor. Yo no sé si sufran tu partida, pero yo los veo igual que siempre, haciendo sus vidas y aunque dicen estar conmigo los siento tan lejos.

¿Pienso y pienso y no logro identificar qué demonios se metió en mi vida y por qué me ataca de esta manera, ¿por qué?

Si existe Dios, ¿cómo es que permite que me dañen tanto?, ¿dónde están sus promesas?, ¿cómo permitió tanta saña?, sólo eras una niña.

No me dejaron ni el consuelo de encontrar todo tu cuerpo.

¿Por qué Dios permite tanto dolor y tanta injusticia?

Veo tu foto y te veo tan hermosa y tan perfecta, tenías tanta vida

por delante.

Sabes, mi niña, quisiera ir a dormir y mañana despertar y ver que todo es una pesadilla; pero sé perfectamente cuál es mi realidad. Tú ya no estás y en tu lugar hay sólo recuerdos a los cuales me aferro para que no escapen de mi mente.

No quiero que el tiempo me borre tu cara, tus gestos, tu sonrisa, tu alegría y tus ocurrencias.

Perdona el no poderme resignar a tu partida, pero entre más tiempo pasa más te extraño y en mis noches de insomnio volteo al cielo y busco tu carita entre las estrellas, pero no te encuentro, solo veo obscuridad y tristeza y crece aún más mi dolor.

Por favor, donde quiera que estés, si puedes, ayúdame a entender que fuiste un regalo de Dios, que te tengo que dejar ir. Ayúdame a encontrar paz, para poder amar a tu hija tanto como a ti te amo.

Por siempre Tu mamá.

Acá seguimos querida Marisela, exigiendo justicia para ti, para Rubí, para Imelda, para Gaby, para Perla, para todas.

 

 

medium.com/dra-lupitaramos

@dralupitaramosp

 

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Acerca del autor

Guadalupe Ramos Ponce

María Guadalupe Ramos Ponce es doctora en Cooperación y Bienestar Social por la Universidad de Oviedo, además de investigadora y académica de la Universidad de Guadalajara. Funge también como coordinadora del Comité de América Latina y El Caribe para la Defensa de los Derechos de la Mujer en México (CLADEM) en Jalisco.

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